Más salidas que el metro

Luis Enrique, extécnico de España. / @fifaworldcup_es

La ingeniosa ocurrencia del ex entrenador nacional Luis Enrique tras su cese no tiene reflejo en la vida cotidiana de los mortales, que por envidia veremos en qué parada se baja y a qué se dedica más allá de aspirar a ser “influencer”.

 

“Tengo más salidas que el metro”. Ingeniosa ocurrencia de Luis Enrique tras el estrepitoso fracaso, una edición más, de La Roja en los Mundiales. Ya quisiéramos los demás mortales tener más salidas que el metro y poder escoger caprichosamente nuestro futuro profesional.

Hay quienes se aferran a lo único que tienen. Otros, por razones de edad, hace tiempo que ni siquiera dan con la salida del metro. Unos pocos llevan atrapados en los vagones del metro sin decidirse en qué estación bajarse.

Durante las guerras (civil y mundial) era frecuente que la población civil se refugiara en el metro de los bombardeos. Hoy en día nos refugiamos en el metro para huir de la congestión del tráfico aunque nos bombardeen con el aire viciado del subsuelo. En pocos países he visto que el metro sea el medio de transporte favorito para altos funcionarios, diplomáticos y diputados. Por supuesto que no en el nuestro. Rebajarse a tantos pisos de la superficie, impensable para tanta vanidad. Para eso están el coche oficial y el chófer aunque tengan que doblar la esquina.

No sabemos cuántas salidas tiene el metro. Sabemos las entradas con sus bocas escalonadas y escaleras mecánicas. Es muy sostenible, pero eso no interesa al españolito de la calle y menos a los cargos políticos, que andan por ahí teniendo que enseñar los galones y esperando sobretierra la pleitesía de los viajeros en vagón. Pero nadie gana al metro en sostenibilidad. Poco metro, salvo los métricos decimales, me parece que hay en España. Hay líneas que circulan por el exterior pero nos obcecamos con perforar preferentemente los bajos del suelo y viajar con las luces prendidas respirando el vaho de los túneles.

Cuántas poblaciones cercanas a las grandes urbes españolas viven ajenas a las interconexiones y dependen del coche o de un bus que pasa cuando se le antoja. Y no digamos nada si has de acudir  a un polígono industrial. Parecen oasis de chatarra aparcada y sin ninguna salida del metro. Aunque allí trabajen cientos o miles de curritos, nunca son suficientes para una boca del metro. Al no ser residentes el voto se esfuma para una modesta parada del suburbano.

Así nos va. Las Zonas Bajas de Emisiones (ZBE) se imponen para restringir el coche, mientras ahogan con la soga puesta al metro y nunca invierten suficientemente en otras salidas del transporte público. No nos gusta ir apelmazado y maldecir que una conexión no cumpla su rigurosidad horaria, tanto por delante como por detrás. 

Pero a Luis Enrique , esto poco le preocupa porque está obsesionado en su “modelo de juego”  con tantas  salidas y pocas entradas del metro. Menos mal que es así. De lo contrario, imaginen que el metro tuviera que tirar penaltis. Mejor lo dejamos estar que para eso están los políticos y responsables del transporte. Que sin idea de juego improvisan trazados en función de la concentración de votos. ¿No me digan que no es una buena salida? Abandonemos el coche, subamos al metro pero perdidos en la indecidida salida por una guerra cultural. 

Por supuesto que hay vida tras la vida. Que se lo digan a Lopetegui, Hierro, Clemente y otros muchos que no me se de memoria. Ni un colín, pero eso importa poco mientras sigan viajando en coche haciendo tiki-taka. Lo de marcar, para otra ocasión. Lo malo es que tenemos muchos Luis Enrique en la vida política.  Muchos pases y mini-pases pero sin adentrarse en el marco del guardameta legislativo. Deben formar parte de la salida natural al desierto de la eficacia, modestia y honestidad.

También hemos sufrido  golpes de Estado y sin embargo le buscamos salidas a los golpistas a diferencia de Perú o Alemania.  Primero los indultamos sin arrepentimiento y cumplimiento de  penas, les condonamos sus fianzas, luego le rebajamos las condenas por sedición, le exoneramos de malversación y hasta flirteamos con una amnistía y  autorizar un referéndum que creíamos ilegal. Así contento yo hasta a Putin. Pero el zar ruso sí que tiene más salidas que el metro de Luis Enrique mientras Occidente da vueltas de rosca a las sanciones sin efecto y los obuses rusos siguen haciendo más bocas del metro en Ucrania. No importa si no hay pasajeros, pero los agujeros ya quedan hechos. Como nuestros legisladores, que están haciendo un boquete descomunal en el subsuelo de la convivencia social para fines ilegítimos de la concordia democrática.

El modelo de juego del ex-seleccionador nacional contenta tan poco como  antaño el del gallego puro o a nuestros actuales legisladores tintoreros asiduos del lavado en seco. Las salidas, sin ver aún, las palparemos en el terreno personal, laboral y de salud mental. Mientras tanto, la democracia esperando en la parada final y, la corrupción paseando por los vagones en busca de bolsillos ajenos. En adelante, ya no seremos corruptos cuando malversemos si es para terceros. Bonita salida, Luis Enrique. Pero tú a lo tuyo que prometes ser un gran “influencer'', aunque así tampoco ganemos ni en los entrenamientos virtuales en streaming. @mundiario