Madariaga, inspirador del Congreso de La Haya
Mi buen amigo Carsten Moser ha recordado oportunamente el Amemos Europa final del bello discurso de Salvador de Madariaga como presidente de la Comisión de Cultura del Congreso del Movimiento Europeo de La Haya de 1948. Apenas habían pasados tres años desde que los pueblos europeos, enemistados y en guerra secularmente, estaban bajo el yugo del Eje o como los británicos, resistían luchando por su libertad.
Madariaga cuenta en sus Memorias como fue un activo inspirador de este evento fundador europeo, organizado por el Comité internacional de Coordinación de los Movimientos por la Unidad Europea: Como representantes de la España de la libertad "Recomendé y se adoptó mi opinión, que vinieran Gil Robles y Prieto, y el Dr. Josep Trueta” ( catalanista y prestigioso traumatólogo de heridos de guerra). Tenían en común haber sido diputados constituyentes en la Segunda República y luchado por la democracia en la guerra civil y la segunda guerra mundial. También se incorporaron Xirau, Aguirre y Landaburu. Gil Robles no pudo ir, exiliado en Portugal, recibió un recado de Franco vía Salazar de que no habría viaje de vuelta. Fue Indalecio Prieto, socialista a fuer de liberal, el que defendió en su intervención la política de transición democrática y reconciliación compartida.
Entre los autoconvocantes había nombres de un enorme prestigio en la lucha por la libertad en Europa. En primer lugar, el Presidente de Honor del Congreso, sir Winston Churchill, el premier británico que, tras vencer en la guerra, se había embarcado en una activa campaña pro Unidad Europea con sus discursos de Zúrich y Estrasburgo. Junto a él presidieron las Comisiones del Congreso los ex primeros ministros de Francia, Paul Ramadier (la Comisión Política), el de Bélgica, Paul van Zeeland (la Comisión Económica y Social), y el ex embajador de España ante la Sociedad de Naciones, Salvador de Madariaga (la Comisión Cultural). Fue la primera vez que una delegación alemana, en la que figuraban Adenauer, Hallstein y Heinemann pudo participar con los vencedores.
A estos primeros Estados Generales de Europa acudieron, a título individual, 750 personalidades procedentes de los horizontes más diversos. Estadistas famosos, ministros en ejercicio y ex ministros, parlamentarios de varias tendencias (con predominio de democratacristianos, socialistas y liberales); personalidades religiosas, juristas, catedráticos, sindicalistas y empresarios, dirigentes de movimientos sociales, feministas y juveniles; sabios, intelectuales, escritores y artistas. No se trataba de un reducido complot de exaltados europeístas. Cubrieron el acontecimiento 200 periodistas. Durante cuatro días debatieron sobre el futuro de Europa, haciendo la síntesis entre las más ardientes tesis federalistas y las más tibiamente unionistas.
Winston Churchill definió el Congreso en términos de palpitante actualidad:
“El movimiento por la Unidad de Europa debe ser una fuerza positiva que saque su fortaleza de nuestro sentido de comunidad de valores espirituales. Es una expresión dinámica de fe democrática basada en concepciones morales e inspiradas por un sentido de misión. En el centro de nuestro movimiento está una Carta de Derechos Humanos, guardada por la libertad y sostenida por la ley. Es imposible separar la economía y la defensa de la estructura político general, La ayuda mutua en el campo económico y la defensa militar conjunta deben ir acompañadas, paso a paso, por una política paralela de mayor unidad política. Se dice con verdad que esto implica algunos sacrificios o una fusión de soberanía nacional. Prefiero mirarlo como la asunción gradual por todas las naciones afectadas de esa soberanía más amplia, que es la única que puede proteger sus costumbres y características distintivas y diversas”.
Madariaga y sus compañeros del Congreso de la Haya predicaron con el ejemplo, creando el año siguiente el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (CFEME) en la sede del Gobierno vasco en el exilio en París. Desde entonces, es el foro de encuentro y debate de los demócratas españoles europeístas españoles. Bajo su presidencia se celebró el Congreso del Movimiento Europeo de 1962, primera reunión de las oposiciones interior y del exilio. La respuesta fue una feroz campaña represiva del franquismo contra el “contubernio de Munich”. Fernando Álvarez de Miranda, Presidente del Congreso de los Diputados Constituyentes en 1977, fue deportado con otros participantes a Fuerteventura.
Fue justamente esta histérica reacción del Régimen la que atrajo mi interés por el Movimiento Europeo. Joven universitario inquieto, me procuré las resoluciones del Congreso de 1948 y el Llamamiento a los Europeos.
Sus frutos fueron inmediatos: En cabeza, el hijo intelectual más querido de Madariaga: el Colegio de Europa de Brujas, un vivero de cuadros europeístas. Además, se creaba la Europa de la libertad, instituciones que comparten casa y espíritu, como el Consejo de Europa y el Parlamento Europeo, el Tribunal de Derechos Humanos y el de Justicia de la Comunidad. También la Europa de la voluntad, con el comienzo de la Comunidad Europea con la Ceca, el Euratom y el Tratado de Roma. Se definieron personajes, discursos y argumentos que siguen aún vigentes en la actualidad: desde el aliancista cauteloso al federalista revolucionario, pasando por toda la gama de gradualistas o funcionalistas.
En menos de una década el balance fue histórico. Ello muestra –entonces y ahora – el acuerdo fundamental de los europeos de construir su futuro con los valores de la democracia liberal y el respeto de los derechos humanos.
Sin duda, son éstas las razones que hicieron que el Movimiento Europeo fuera una “fuerza subversiva” en la España de los años 60 al constituir la plataforma donde los demócratas españoles pudieron encontrarse y dialogar. El oscuro piso interior de Gran Vía 43 en Madrid fue un centro de conspiración concurrido y vigilado.
La reciente publicación de las Actas del Congreso de 1948, que redescubrí en la Biblioteca del Congreso de Europa, vertidas al español por Eugenio Nasarre (+) y Francisco Aldecoa y editadas por Catarata en 2023, tiene no sólo valor histórico. Es un valioso documento de trabajo en un momento en el que el futuro de la Unión Europea está en cuestión desde fuera y también desde dentro. La declaración de amor a Europa de Salvador de Madariaga no es platónica, se alimentaba de la pasión y la razón que han producido la mejor etapa de paz y prosperidad de una Unión Europea que debe luchar por su supervivencia. @mundiario