La leyenda negra, animada por ingleses y holandeses, regresa cada 12 de octubre

Un libro que reinvida la Hispaniad

El argentimo Marcelo Gullo dice que la leyenda negra fue la obra más genial del marketing político británico y no entienden que los españoles la hayan creído

 

 

Como todos los años, cuando se celebra el 12 de octubre, redes y medios se llenan de artículos, comentarios, unos a favor y otros críticos con el significado de esa fecha y sus efectos sobre la historia del mundo. En ese contexto, es especialmente destacado el éxito de un libro, con el expresivo título de “Madre Patria”. “Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán” del profesor argentino Marcelo Gullo Omodeo. Su perfil profesional y académico anota la solvencia de este libro, centrado en demostrar que la leyenda negra fue la obra más genial del marketing político británico. No concibe este intelectual que los españoles se hayan creido la historia de España e Hispanoamérica que escribieron sus enemigos tradicionales, y se avergüenzan de un pasado del que deberían sentirse orgullosos. En ese sentido, el profesor Nigel Towson atribuye a que ni Holanda ni Inglaterra, ya que capaces de vencer militarmente a España, recurrieron a desprestigiarla del modo conocido.

Gullo es doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador (Buenos Aires), magíster en Relaciones Internacionales -especialización en Historia y Política Internacional- por el Instituto Universitaire de Hautes Études Internationales de la Universidad de Ginebra, graduado en Estudio Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid, profesor de la Escuela Superior de Guerra de la Universidad Nacional de Lanús (Buenos Aires) e investigador asociado del Instituto de Estudios Estratégicos (INEST) de la Universidad Federal Fluminense (Río de Janeiro). Es autor de varios libros y ha impartido numerosas conferencias en Argentina. Bolivia Perú, Uruguay, Brasil, Venezuela, España, Italia y Rusia. Es por tanto un autor solvente que hace afirmaciones categóricas para poner en su lugar ese pasado que algunos critican con mucho menos bagaje ni conocimiento contrastado.

Cónsules de los países hispanoamericanos en Baiona

Y en ese sentido dice que Hernán Cortés no fue el conquistador de México, sino el libertador de cientos de pueblos indígenas que estaban sometidos al imperialismo más feroz que ha conocido la historia de la Humanidad: el de los aztecas, ahora tan reivindicada por el propio presidente López Amador, descendiente de emigrantes santanderinos que reclama que España pida perdón por la conquista. En la misma obra, Gullo sostiene que no fueron Pizarro y el puñado de españoles que lo acompañaban los que pusieron fin al imperialismo totalitario de los incas, sino los indios huancas, los chachapoyas y los huaylas. También afirma que as masas indígenas Colombia, Ecuador y Perú se mantuvieron fieles a la Corona española hasta el final.

Denuncia de la falsificación de la historia

Entre las revelaciones de este libro que más sorprende que es que nada separa a España' de América, ni a América de España, salvo la mentira y la falsificación de la historia, y que el futuro de ambas depende de que sean capaces de desterrar para siempre el mito de la leyenda negra de la conquista española de América. Y entre otras revelaciones afirma que la responsabilidad de la disolución del Imperio español la tuvo Fernando VII, que prefirió estar preso en Europa y no libre en América. Gulllo sale al paso al creciente “antiespañolismo” en México, Argentina, Venezuela, Perú y otros países de la comunidad hispana, que tiene amplio reflejo en determinados ámbitos de la izquierda española, abanderada en ese terreno por Podemos y sus contratas. Hasta el propio Biden ha criticado a España, asunto insólito en el país donde se exterminó literalmente a las poblaciones nativas. A comienzos del siglo XVII habitaban lo que luego serían los Estados Unidos del orden de diez millones de nativos. Un cuarto de siglo después, esa cifra se había reducido a menos de un millón, y a partir de 1780, trece estados originarios quedaron libres de indios. Los originarios quedaron, empero, en donde estuvo España.

Conviene que los detractores le echaran un vistazo, sin ir más lejos, al conjunto de las llamadas “Leyes de Indias”, promulgadas por los reyes españoles para regular la vida social, política y económica de los territorios de América, para otorgar derechos a los indígenas y poner fin a los abusos que llegaron a cometerse. El libro de Gullo coincide con los juicios del profesor Carlos Paris quien señalaba que: “La empresa (colonizadora de España en América) nos parece como algo completamente distinto del mero asentamiento explotador, desatendido de los problemas culturales, que será típico de las colonizaciones ulteriores. Así se produce un magno fenómeno de transculturización. La colonización española traslada a América las instituciones, formas y potencialidades de la primera Europa moderna. A tal hecho responden la pronta creación de universidades, las realizaciones arquitectónicas y urbanísticas enormemente avanzadas, y en que a veces se apuntan motivos de síntesis cultural entre lo europeo y lo indígena”.

Universidades fundadas por España en América que nunca dejaron de funcionar

He ahí la gran diferencia, curiosamente, por los dos sectores más críticos y creadores de la leyenda negra, cual es el caso de los colonizadores ingleses y holandeses, quienes nos dice Paris que “repudiaron el mestizaje, mientras que los españoles carecían de prejuicios raciales y por ello se formaron matrimonios mixtos con mujeres indígenas. Gracias al mestizaje, la población de los países hispanoamericanos comparte antepasados indígenas, europeos y africanos, en diversos grados”.

El concepto de Hispanidad

Hay algunos testimonios significativos en defensa del concepto de “Hispanidad”, entre los que destaca el del uruguayo José Enrique Rodó escribió en su Ariel: “no necesitamos los sudamericanos cuando se trata de abonar esta unidad de raza, hablar de una América Latina; no necesitamos llamarnos latinoamericanos para levantarnos a un nombre general que nos comprenda a todos, porque podemos llamarnos iberoamericanos, nietos de la heroica y civilizadora raza que sólo políticamente se ha fragmentado en dos naciones europeas; y aún podíamos ir más allá y decir que el mismo nombre de hispanoamericanos conviene a los nativos del Brasil… El norteamericano J.C. Cebrián, al rechazar la denominación de América Latina, alega que los países hispanoamericanos son hijos legítimos de España, sin intervención de Francia ni de Italia ni de ningún otro país.: “España sola alumbró esas nacionalidades, descubrió aquellas tierras, las colonizó, perdió en ello a sus hijos, gastó sus caudales, empleó su inteligencia y sus métodos propios, censurables o no, como tantas veces lo han considerado otros países. España sola dotó a aquellos pueblos de una lengua común”.

¿Hay algo, pues, que celebrar el 12 de octubre?