¿Necesita Sánchez la memoria que Quintiliano dice precisar el mentiroso?

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Quintiliano, Ciceron, Puigdemont y Sánchez . /RR.SS./. FR.
Ya Cicerón nos previno de que seamos cautos, pues “Mendaci neque cum vera dicit creditur”, o sea, “al mentiroso ni cuando dice la verdad se le cree”.
¿Necesita Sánchez la memoria que Quintiliano dice precisar el mentiroso?

Dice Quintiliano “Mendacem memorem essse oportet”, o sea, “Al mentiroso le es forzoso tener buena memoria”. Es decir, debe acordarse de sus propias mentiras para no meter la pata y quedar en evidencia llegada la ocasión. Y en la antigua Roma se usaba popularmente la expresión “Megarensium lacrimae”, “lágrimas de megarense”, un refrán muy corriente para referirse a aquello falso, fingido y mentiroso porque los habitantes de Melgara tenían fama de decir una cosa y hacer la contraria. Claro que mentir no es no decir la verdad, no simplemente “cambiar de opinión”, como nos decía recientemente el doctor Pedro Sánchez para justificas sus decisiones y cambios, pese a que previamente dijera que sus actos estaban regidos por sus principios, lo que inevitablemente lleva a la pregunta dónde van a parar estos cuando se dice una cosa y se hace lo contrario. Claro que como todo tiene explicación, uno de sus más leales panegiristas lo resume como una cualidad: “Es que no se siente concernido por sus palabras, sino por sus objetivos”; ergo, da igual lo que diga, porque puede hacer lo contrario. Claro que ya Cicerón nos previno de que seamos cautos, pues nos dijo “Mendaci neque cum vera dicit creditur”, o sea, al mentiroso ni cuando dice la verdad se le cree”.

En los últimos tiempos, el doctor Pedro Sánchez ha sido, además, un gran creador del idioma, y lo ha enriquecido con notables aportes, como “fachosería”, término extensivo que quiere decir el espacio que engloba a todos aquellos que le son críticos, al margen de cualquier otro contenido o concepto, al tiempo que ha enriquecido el de “lodo”, que se une a aquel otro de “la caverna”, este referido a los medios críticos sin excepciones ni matices. Esta capacidad creativa del lenguaje merecería haber sido estudiada por el mismísimo Coseriu. Entraría en la capacidad de expresión del lenguaje polivalente; es decir, una misma palabra puede tener significado diferente, según la hora del día o la conveniencia o la ocasión. Y en sentido, la evolución ha sido prodigiosa. Aunque Sánchez firma los libros que no escribe, novedoso sentido del concepto de autor, sería interesante que encargara a su “negra”, ya adecuadamente retribuida, que se ocupase del asunto.

Cito a Coseriu, porque el lenguaje del doctor Sánchez acerca a la denominada teoría del cambio lingüístico o de la mutabilidad de las lenguas, al estudio de las relaciones de la lingüística y el conocimiento de las cosas., según los expertos. Sánchez puede estar afirmando una cosa y sintiendo la contraria, con una enorme naturalidad y capacidad para defender, llegado el caso, que quería decir todo lo contrario de lo que el común de sus oyentes interpretaba, y máxime si tiene que hacer “de la necesidad virtud”. Él nunca quiso decir que Podemos era el populismo que conducía a las cartillas de racionamiento como en Venezuela, y menos que no dormiría tranquilo teniendo a Podemos en el Gobierno; nunca dijo que “no es no y nunca es nuca”, en cuando a pactar con Bildu que era una línea roja infranqueable. Tampoco quería decir que si “para llegar a la Moncloa tuviera que elegir entre pactar con el independentismo o sus principios” elegiría sus principios”.  Lo interpretamos mal. Y la fachosería lo invoca inútilmente.

La mutabilidad de las lenguas.

El discurso de Sánchez encaja en la llamada “La teoría del hablar” o “la teoría del ser que se rige por sus propios contenidos de conciencia y que concibe sus elementos como elementos de un acto”. Y eso nos traslada al de la moral.  Es muy ilustrativa seguir lo que el señor presidente ha venido diciendo sobre asuntos diversos hasta desembocar en la alabanza de la “amnistía”, ayer inconcebible y que ahora saludaba con estas palabras: “En política, como en la vida, el perdón es más poderoso que el rencor. Hoy España es más próspera y está más unida que en 2017. La convivencia se abre camino”. Ayer decía que la amnistía no cabía en la Constitución, y con referencia a las consecuencias del “procès”, calificaba los actos de quienes primero indultaría y ahora dejaría impunes, no ya delito de secesión, que luego quitaría del Código Penal al dictado de sus socios, que de ello presumen, calificaba de “rebelión”, e insistía en que se cumpliera la ley, como ya apoyara la aplicación del 155.  Claro que luego, consideró a quienes lo hicieron de ser responsables de la “judicialización” del conflicto, que nunca debería haber llegado a los tribunales y lo iba a solucionar dejando sin efecto sus decisiones. Hay que hacer, pues, de la “necesidad virtud. Claro que ahora tiene que sufrir la ingratitud de sus beneficiarios que le exigen más. Vamos a ver con que palabras se justifica. @mundiario.

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