¿Intercambio de cromos entre Sánchez y Puigdemont?
Tras haberse movido un horror de veces, mediante el socorrido enunciado de un cambio de opinión, el PSOE nos dejó ayer sorprendidos, expectantes, ante el anuncio de que no va a dar ni un paso atrás en la sesión del Congreso de hoy en la que, Waterloo, exige que sea admitida a trámite una cuestión de confianza del gobierno Sánchez. Incluso la ministra portavoz de la cosa, Pilar Alegría, lanzaba ayer al aire una pregunta a los chicos y chicas de la prensa que acuden a sus comparecencias: ¿Porqué…?, como obviando cualquier tentación de esas de última hora, de último segundo, a las que nos tiene acostumbrado el enjambre de la llamada mayoría aritmética.
Ese porqué de la señora ministra de propaganda, especializada en revertir mentiras en verdades al puro estilo goebeliano, dicho sea sin ánimo de establecer odiosas comparaciones, hacía referencia a la contrastada pero incontrastable confianza que proporciona un Presidente de un gobierno que lidera el crecimiento económico, la creación de empleo, el avance social, el progreso, en el ámbito de una Europa que, cuando nosotros, los españoles, vamos, ellos, la mayoría de los otros europeos, ya están de vuelta. Ese porqué, al que ninguna y ninguno de los intrépidos periodistas acreditados se atrevió a responderle: ¿y, porqué no?, parece una cortina de humo mas entre las muchas que permiten que, ojos que no ven, que no quieren ver, corazones que no sienten.
Es que, verás, por pura lógica, con un presidente cuyo gobierno, cuya militancia, cuya algo más de la mitad de la España mediática, coincide con que lo está haciendo de p. madre y le da gracias a la vida por haberle permitido descender a La Moncloa como mesías prometido, no tiene sentido que sea incapaz de someterse a una cuestión de confianza. Con todos los milagros que le ha atribuido Lady Alegría, sus discípulos ministeriales, sus tifosi mediáticos, no es que no corra el mínimo riesgo de no obtener la confianza de la cámara, es que debería salir talmente por la puerta grande, tras haberle cortado las dos orejas y el rabo o a haber devuelto a corrales al toro afeitado de la exigua oposición.
Ha sido contemplar a Pilar Alegría versionando a Joan Baez: no nos moverán, y ha irrumpido en mi cabeza la teoría del constante intercambio de cromos entre La Moncloa y Waterloo y viceversa, entre el Sanchismo y Junts, entre el posible e inminente cambio de opinión de Puigdemont para no dejar solo ante el peligro a Pedro Sánchez en Madrid, a cambio de una reducción en los plazos establecido para ofrecerle a España, al mundo, la foto en Waterloo entre un Presidente de gobiernoy un expresident de Generalitat. @mundiario