¿La influencia de Zapatero en la "deconstrución" del Estado marca a Sánchez?

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El viejo socialismo queda lejos de Zapatero y Sánchez./RR.SS./F.R.
La idea de la España asimétrica que Maragall dictó a Zapatero que consideró discutible el concepto de nación española, pero no la catalana, al aceptar sin conocerlo el Estatut de 2006.
¿La influencia de Zapatero en la "deconstrución" del Estado marca a Sánchez?

Es de imaginar que, cuando los historiadores del futuro analicen las causas de las agitadas controversias de la España de nuestros días, si todavía existe como Estado, habrán de anotar que el responsable del inicio de la “desconstrucción” de aquella nación “discutida y discutible” es José Luis Rodríguez Zapatero. Caso que, sin embargo, exigía aplicar reglas asimétricas con respecto a otros territorios del Estado, porque Cataluña sí que es una nación indiscutible. El actual presidente Sánchez es un alumno aventajado de Zapatero, pero en muchos casos lo suepera.  La ¡deconstrucción “es el desmontaje de los elementos fundamentales de una estructura, en este caso, el Estado con un fin determinado. Estos días aparece mucho en escena el protocónsul del chavismo, a quien el secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, dijera aquello de “No sea usted imbécil”. Fue Zapatero temprano contestador de la Constitución de 1978, sus efectos, la concordia de la Transición y la plena reconciliación y olvido que conviene recordar en las palabras de Marcelino Camacho, cuando la defendió en el Congreso la amnistía del 77. ¿Es que Sánchez, licenciado en Derecho, puede ser considerado un notable constitucionalista por su obra y pensamiento?

En su currículo de dice, sin el adecuado matiz, que fue “profesor” de Derecho en la Universidad de León por brevísimo tiempo. Fue profesor asociado de derecho político sólo el primer trimestre de un curso,transcurrido el cual dimitió a instancias del Decano, porque,textualmente,era el hazmerreir de los alumnos, según otros profesores. Cursar la carrera le llevó diez años. Dicen que su vocación política le surgió en 1976, en un mitin del todavía ilegal PSOE en Gijón, donde nació su admiración por Felipe González. Llegó al Congreso en 1986 como diputado. Desde el primer momento pretendió una revisión histórica de la Transición y fue más allá, como si quisiera revirar la propia historia de la II República y hacerla sobre el papel ganadora de la guerra civil. Volvió a abrir asuntos que la amnistía del 77 y la transición dejaron cerrados. Tuvo ocurrencias diversas dentro y fuera de su partido, pero con la misma obsesión, con colaboradores tan curiosos como el gallego Pepiño Blanco, quien pese a no haber trabajado en la vida o poseer oficio o carrera, llegaría a nombrar ministro de Fomento, cosa insólita y expresiva. En el julio de 2000, en el XXXV congreso, se instaló en la secretaría general del partido, frente a Bono o Rosa Díez. Los efectos adversos del clima creado por los errores de Aznar y la mala gestión de la crisis de los atentados del 11- M beneficiaron su candidatura en 2004, por lo que llegó al Gobierno. Y ahí empieza una etapa que llega a nuestros días.

En plena crisis económica, que colocó a España al borde del rescate, llegó a decir que el país estaba en la “Champions league” de la economía, para seguidamente tener que tomar drásticas medidas, como rebajar el 5 por ciento de su sueldo a todos los funcionarios del país. Y eso, pese a que Jordi Sevilla le enseñó de economía en dos tardes. El discurso donde lo anuncia desde la tribuna del Congreso fue memorable. Desde el primer momento tuvo como objetivo lo que se calificó de medida de aproximación a ETA, a favor de la paz. Pero cuando la organización terrorista volvió a asesinar (atentados de Barajas), siguieron las negociaciones, pese a decir lo contrario, aparte de los incidentes del “Bar Faisán”, el soplo a la red de recaudación del impuesto revolucionaria de la acción policial.

Aquellas palabras en el Senado de Zapatero

Otro momento estelar, punto de partida de lo que sobrevendría hasta nuestros días, se produjo el 17 de noviembre de 2004, entonces presidente del Gobierno, afirmó en el Senado que la nación –en referencia a España– era un concepto “discutido y discutible”. En aquellos días, Zapatero bailaba la sardana de Maragall, y el PSOE asumió el término nación para Cataluña en el preámbulo del Estatut, aunque después el Tribunal Constitucional, en una sentencia aprobada por la mayoría progresista, desmontó su alcance jurídico. Y ahora hasta el propio Sánchez dice que con sus cesiones al independentismo tiene que arreglar lo que el PP y el Constitucional desarreglaron y que desembocó en el “procès” como reacción del ataque contra las libertades y voluntad de pueblo de Cataluña. Conviene recordar que, ante Zapatero, el independentismo dijo: “Som una nació i tenim el dret de decidir”, lema de una de las primeras grandes marchas de entonces, la de febrero de 2006. “Som una nació. Nosaltres decidim”, se exigía la movilización de junio de 2010 contra la sentencia del Estatuto. Una de ellas, encabezada por president Montilla y de la que tuvo que salir escoltado por policías de paisano porque le querían agredirle los antepasados de los CDR y el “Tsunamic”. Y no olvidemos que Zapatero sacó del Código Penal que fuera delito convocar referendos ilegalmente, que tantos efectos hubiera tenido de haberse conservado donde estaba en posteriores episodios.

Con el mismo tono de aquellos años pasados, lo que dice ahora Zapatero recuerda su momento sublime en 2006, cuando, atendiendo a su amigo Maragall, anuncia, sin más que aceptaría el Estatuto que le mandara el Parlament de Cataluña y se lo mandaron. Y aceptaba que, para marcas la distancia de Cataluña con el resto de las comunidades se aplicara el principio de la “asimetría, concepto ahora superado por Sánchez a la orden de Puigdemont y de Junqueras.  Recuérdese que tanto Sánchez como Bolaños culpan al Tribunal Constitucional de ser los causantes de la reacción del “procès”. Como se recordará las reformas afectaron a 14 artículos, perfilando el concepto de Cataluña como nación, la creación de un poder judicial propio, la usurpación de competencias no cedidas por el Gobierno en cuestiones esenciales o recortando las competencias del defensor del pueblo en Cataluña, entre otras. Zapatero creó el marco dentro del que se instalaron cómodamente los partidarios de la voladura del Estado, para ir más allá de aquella “asimetría” que Maragall le propuso y el aceptó. La sombra de Zapatero se sigue proyectándose en el presente más que nunca. Aunque a veces por el estilo sermonario con se expresa como en un púlpito, dice cosas peregrinas como que la amnistía estaba predestinada y era segura su llegada de cualquier modo. Sánchez oferrtó  al juez Vidal, redactor del proyecto de Constitución de la República Catalana, en el sentido de que repondría el Estatut limado por el Constitucional mediante leyes orgánicas. Pero ha ido mucho más allá. Y las cesiones al independentismo son algo más que asimetría. Los de Bildu se han puesto a la cola para sacar a los de ETA de la cárcel. Al tiempo. @mundiario.

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