Plato del día

Los idus de marzo aguardan a los rebeldes socialdemócratas en el Congreso

Idus de marzo a la española.

A Pedro Sánchez, como a Julio César in illo tempore, ¡vosotros también, hijos míos!, solo pueden quitárselo de encima Brutos y Casios con pedigrí socialdemócrata y con escaño. Olvídense de sus garrapatas surgidas del parto, el pacto y el reparto de investidura.

Sin la mínima esperanza de que, Pedro Sánchez, ni por amor al PSOE, ni por amor a España, ni en un alarde de honor a lo Samurai decida hacerse el harakiri, el camino más corto para dar paso a un periodo de Pax romana podría ser un intento a la desesperada de emular a unos Idus de marzo en pleno hemiciclo de El Congreso de los Diputados. Ya sé, ya sé que cualquier intento de despegar de su escaño el trasero de sus señorías de cualquiera de las tendencias ideológicas de la cámara, es incluso más dicil que convencer a Óscar Puente para que deje de meter el dedo en sus expedientes X e inicie una etapa de metérselo por donde la espalda pierde su noble nombre. Pero, chico, a grandes males, la humanidad, con más o menos dificultades, ha ido aplicando la fórmula de grandes remedios.

Su señorías de El Congreso saben perfectamente que, la opinión pública está convencida de que todo lo que hacen y todo lo que no hacen, todo lo que votan y todo lo que no votan, obedece, en un porcentaje muy elevado, a un principio básico de su vocación como representantes del pueblo: ¡todo por la pasta!, ¡todo por las extras en mesas de portavoces, en comisiones, en dietas, en aforamientos, en ese status quo que les permite mantenerse en la punta visible del iceberg de 48 millones de anónimas ciudadanas y ciudadanos! Esa actitud tiene un pase, oye, cuando no rugen las marabuntas, no se incendian las primeras páginas de los periódicos, no hay colas de imputados en los tribunales o no tiene que salir el César, tras haber provocado en España una réplica del incendio de Roma, a pedir perdón, perdón, perdón, como un disco rayado, sin convocarnos a las urnas, aunque solo sea por la curiosidad de saber cuantas y cuantos españoles le hemos perdonado.

Pero bueno, a lo que íbamos. Partiendo de la base que la zona de confort de las Yolandas, los bilduetarras, las Esquerras, los Junts per Puigdemont, los mercaderes del PNV y apéndices, es precisamente ésta, en la que pueden subir el alquiler de La Moncloa a su actual inquilino hasta límites insospechados, solo quedan dos posibilidades para afrontar los grandes males que nos aguardan: la resignación o el milagroso gran remedio de unos Idus de Marzo, con Brutos, Casios y señorías socialdemócratas decididas y decididos a eliminar a otro proyecto de Julio César, en plano siglo XXI, con indicios de inclinarse por la tiranía. Por lo menos, si Pedro Sánchez padeciese el síndrome de Nerón tras dejar a España en llamas, cabría la posibilidad de un liberador suicidio político. Pero va a ser que no, oye, nos ha salido rana y está decidido a mantéese en el charco, entre el fango y cruzando este Rubicón de aguas turbias judiciales al viejo grito de Alea jacta est.

¿Es que no hay entre los 121 diputados socialistas (menos Ábalos, claro, tal vez incluso Cerdán) una docena de mujeres y hombres con piedad que se jueguen su escaño, que se arriesguen a que el Sanchisno no pague a traidores, que apoyen (con mucho dolor de su corazón, claro) una moción de censura para salvar a la socialdemocracia de entre estas arenas movedizas? Entre los diputados aragoneses de Lambán y los manchegos de García-Page, ¡qué casualidad!, sumarían 12, como los apóstoles. No son lo mismo rebeldes sin causa, como el de Robert Lindner, que rebeldes con ella, como algunos socialdemócratas con el corazón partió en el Congreso de los imputados, perdón, quería decir diputados. @mundiario