Hace quince días los políticos chilenos dieron una lección democrática al mundo

Gabriel Boric, presidente de Chile en funciones y José Antonio Kast, presidente electo. / @gabrielboricfont
José Antonio Kast, ganador de las elecciones presidenciales, su rival, Jeannette Jara, y el presidente Boric aceptaron los resultados, se reconocen, se respetan y colaboran pensando en el bien común del país. Así funcionan las democracias maduras.

Hace quince días que José Antonio Kast, candidato de la derecha, ganó las elecciones presidenciales en Chile con un resultado claro y tras la victoria mostró desde el primer momento un talante integrador y responsable afirmando con claridad: “Desde mañana seré el presidente de todos los chilenos… Gobernaré con respeto a la diversidad de ideas y con un único objetivo: el bienestar y el futuro de Chile”. Palabras conciliadoras y profundamente democráticas.

A la vez, en la misma noche electoral su rival, Jeannette Jara candidata de la izquierda comunista, reconoció el resultado y felicitó al vencedor con palabras que expresan su civismo democrático e institucional: “El pueblo habló fuerte y claro. Los chilenos han tomado una decisión soberana y corresponde respetarla. A partir de hoy, el presidente electo contará con nuestra disposición a colaborar en todo lo que sea bueno para el país”. Saber perder también es una forma de servir a la democracia.

Al día siguiente de los comicios, el presidente en ejercicio, Gabriel Boric, recibió en el Palacio de La Moneda al presidente electo, a su esposa y a su equipo de campaña en un clima de cordialidad y respeto. Este encuentro garantiza una transición ordenada y transparente que Boric expresó sin ambigüedades: “Las diferencias ideológicas no pueden estar por encima del interés superior de Chile. La democracia se fortalece cuando las instituciones funcionan y cuando quienes las representan actúan con responsabilidad”.

Son las actitudes de los políticos chilenos que en conjunto dieron una verdadera lección democrática al mundo. Ganadores y perdedores se reconocen, se respetan y colaboran pensando en el bien común del país. Así funcionan las democracias maduras.

Se dice que las comparaciones son odiosas, pero a veces son necesarias. En este sentido, el contraste con España resulta inevitable y, a la vez, preocupante. El presidente del Gobierno y el jefe de la oposición no se reúnen para tratar asuntos de Estado, ni siquiera se hablan, se ignoran de forma deliberada y sustituyen el diálogo por el enfrentamiento permanente. Recuerdan la reunión de Unamuno y Ortega -es una leyenda urbana- que el rector de Salamanca resumió con la frase “Nos miramos, nos odiamos y nos despreciamos”.

El mismo presidente del Gobierno se marcó como objetivo político impedir que gobierne la derecha, incluso llegó incluso a proclamar su voluntad de “construir un muro” para aislarla y excluirla del poder, una actitud autocrática que niega la alternancia en el gobierno que es consustancial en democracia.

Por el contrario, Chile ha demostrado que la democracia no es solo votar, sino también respetar el resultado, saber perder y anteponer los intereses del país a la ideología de partido. Una lección democrática que en España deberían aprender los políticos del Gobierno y la oposición. @mundiario