Las guerras de Netanyahu contra los menores palestinos

Desde 1967 el ejército de Israel ha apresado a 50.000 niños palestinos. :PL
Desde 1967 el ejército de Israel ha apresado a 50.000 niños palestinos. :PL
Los niños y adolescentes palestinos de entre 12 y 16 años detenidos por Israel suponen una media continuada de 137 al mes: más de 1.500 menores al año.
Las guerras de Netanyahu contra los menores palestinos

A una actuación, supuestamente antiterrorista, que en unas semanas ha dejado 6.000 niños palestinos muertos, aparte de otros 8.200 civiles mayores de edad, no se le puede dar otro nombre que el de guerra, y por los métodos empleados se puede concretar en que es una guerra sucia. Porque además la iniciativa en ella la está teniendo el ejército israelí. Pero cuando el número de niños que han perdido la vida en esa guerra es tan elevado como 6.000, nos da derecho a decir que está siendo una guerra de Netanyahu, primer ministro israelí, contra los niños palestinos.

Y no. No es una acción antiterrorista, porque en ninguno de los países que han tenido que luchar contra el terrorismo (y en eso España tiene una clara y rotunda experiencia), se ha hecho con bombardeos indiscriminados por parte del ejército, incluyendo en esos bombardeos escuelas y hospitales. Lo de Netanyahu no es ni más ni menos que una guerra del sionismo supremacista, o imperialista, o con cualquier otro calificativo (del que no podríamos excluir el de sangriento y hasta el de criminal), porque ni siquiera pueden poner la excusa de “efectos colaterales indeseados”. Porque es una guerra cargada de planificación y de mucho ahínco.

Pero nos ha llamado la atención que en las informaciones sobre los presos palestinos que Israel -según los acuerdos de la tregua- tiene que poner en libertad, es que entre ellos hay prisioneros que fueron detenidos y juzgados siendo niños. Y al saltar la alarma no hemos podido dejar de bucear en la realidad. Y de esa realidad, en el momento en el que empiezan a aparecer datos, lo primero que emerge es que el Israel sionista, votado mayoritariamente por sus ciudadanos, lleva años manteniendo una guerra continuada contra niños.

Un primer dato significativo: los niños y adolescentes palestinos de entre 12 y 16 años detenidos por Israel suponen una media continuada de 137 al mes: más de 1.500 menores al año. Son informaciones aparecidas en diversos estudios que periódicamente va realizando sobre el tema una organización tan solvente como Save the Children. Eso son datos escuetos y aparentemente fríos, que vienen acompañados de una serie de descripciones muy precisas que resultan espeluznantes.

¿Quién detiene a estos niños y adolescentes?: soldados del ejército israelí, que llaman a la puerta de sus casas por la noche y los sacan de allí con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. A sus familias no les dicen adónde los llevan, y como mucho les dan la vaga promesa de que “volverán pronto”. Muchos de ellos se han pasado más de año y medio en la cárcel antes de regresar.

¿Ante quién son llevados esos niños? No se asombren ustedes: ¡ante un tribunal militar! Israel es -que sepamos- el único país del mundo en el que a los niños (palestinos, naturalmente) se les aplica la justicia militar. En una gran parte de los casos, el cargo es el de tirar piedras. Un cargo al que la norma sionista que impera en Israel puede aplicar penas de ¡hasta 20 años de cárcel!

No es nada extraño que Netanyahu entre en cólera cuando un presidente de Gobierno de un país europeo le explique con unas palabras que en absoluto quebrantan la urbanidad del lenguaje diplomático, que el terrorismo no se combate con bombardeos y ataques indiscriminados, que las sangrientas escenas que recorren el mundo, con más de 14.200 civiles masacrados, entre ellos 6.000 niños, son insoportables, y que en toda guerra se aplica el derecho internacional humanitario. Porque Netanyahu sabe que lo que escucha es cierto, porque se da cuenta de que se lo está diciendo el presidente de turno de la Unión Europea -un aliado donde los haya-, y que lo que este presidente está poniendo sobre la mesa es un escándalo humanitario de primer orden, que no puede pasar desapercibido.

De ahí su histérica respuesta, y la ira (para él divina) con la que reacciona, porque tiene que dramatizar el sentirse ofendido para forzar a los restantes países europeos, y a los Estados Unidos, a que se alarmen por su fingida ofensa, porque Netanyahu y sus embajadores van por el mundo abusando de hacerse pasar por descendientes de las víctimas del holocausto.

Pero frente a esa falsificación histórica del sionismo, en lugar de enzarzarnos con Netanyahu, lo mejor que podemos hacer es seguir facilitando datos.

Según los estudios de Save de Children, 8 de cada 10 niñas y niños palestinos detenidos por el ejército israelí sufrieron palizas, agresiones verbales y fueron cacheados desnudos. El 42% recibieron heridas de bala y fracturas óseas. Y 4 de cada cinco niños (el 80%) sufrieron abusos físicos. Y algunos denuncian abusos sexuales, golpes o tocamientos en los órganos genitales.

9 de cada 10 niños no recibieron atención médica, ni siquiera cuando la solicitaron: ¿entienden ahora la afirmación del ministro sionista de defensa diciendo que “los palestinos son animales”? Los interrogatorios a los menores se realizan sin la presencia de su familia; y al 47% de ellos se les niega la asistencia de un abogado. A más de la mitad -según alguno de los estudios de Save de Children- se les amenazó con agredir a sus familiares. Y el 60% de ellos sufrieron aislamiento de entre 1 y 48 días. Y al 58% se les han negado visitas o contactos de sus familiares. Ojo: que estamos hablando de niños.

Si no lo digo, reviento: a mí esta acumulación de datos escalofriantes me hace pensar que todo el terrible universo que hay detrás de la magnífica novela El niño con el pijama de rayas me parezca una visión edulcorada de la realidad.

Siempre nos ha quedado la duda de si el pueblo alemán era sabedor o no de la existencia del horror de Auschwitz, y del resto de los campos de concentración. Pero todos estos datos que he tratado de recopilar en este articulo proceden de informes solventes publicados, y los mandatarios europeos y estadounidenses es imposible que no los conozcan. Y es aterrador que -conociéndolos- no sólo callen, sino que continúen considerando a Israel un aliado prioritario, y que le sigan suministrando armamento y ayuda militar. Con esa ceguera, o esa cobardía, ahora no me extraña que la extrema derecha esté llevándose por delante a tantos ciudadanos desorientados y sin conciencia. Porque estamos a merced de unos dirigentes políticos que van como pollos sin cabeza.

¡Qué falta de sensibilidad y de humanidad la que demuestra el Partido Popular de Aznar-Feijóo cuando critica las medidas, precisas y auténticas palabras de Pedro Sánchez! Y qué falta de documentación y preparación la de Feijóo cuando el domingo ha hecho unas declaraciones, afirmando que lo que ha dicho Sánchez es una decisión personal, que ha tomado sin contar con nadie. Ignorando que en noviembre de 2014 hubo una decisión unánime en el Congreso de los Diputados (por tanto, con el voto del PP) a favor de una proposición no de ley que pedía al Gobierno que reconociera oficialmente al Estado Palestino. Decisión no anulada en ningún sitio.

Qué cobardía también, igual que la cobardía que en los próximos días pueden exhibir dirigentes europeos, si no son capaces de poner a funcionar una urgente comisión de investigación sobre este tema, y si -de una vez por todas- no ponen manos a la obra para organizar una eficiente conferencia de paz, cuyo primer cometido sea excarcelar a todos los niños, y a los jóvenes que el sionismo israelí hizo prisioneros siendo niños, y su segundo cometido sea el de ponerse a construir la decisión de que Palestina sea un Estado con todas las prerrogativas, la independencia y la dignidad que se merece, y ocupando los territorios que ya en 1948 le asignaron las Naciones Unidas.

Todo lo que no pase fehacientemente por esas premisas, no va a dejar de ser más que paños calientes, y una cobarde toma de posición ética y humana, que dará al traste con los principios que fundamentan la existencia de la Europa de la Unión. Que, por cierto, a lo peor es lo que pretenden algunos aliados de la Unión Europea. @mundiario

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