La guerra sin balas: el poder invisible de la desinformación
En los campos digitales del sur de Asia se libra una guerra silenciosa, sin explosiones ni uniformes, pero con un potencial devastador. Una red de bots (cuentas automatizadas), hackers (piratas informáticos), soldados digitales e influencers (personas influyentes en redes sociales) alimenta la maquinaria de desinformación más sofisticada de la región. Esta nueva forma de conflicto, conocida como guerra cognitiva (cognitive warfare), tiene como objetivo principal manipular percepciones, controlar narrativas y desestabilizar al adversario desde dentro, sin disparar un solo tiro.
MEMES, DEEPFAKES Y RUMORES: EL NUEVO ARSENAL DE GUERRA
Los conflictos del siglo XXI no siempre se libran con cañones. Hoy, un smartphone puede convertirse en un arma tan poderosa como un misil. Con simples herramientas digitales, es posible alterar imágenes, editar videos y falsificar declaraciones para generar confusión, miedo o indignación. Las guerras modernas se combaten en los hilos de Twitter, los grupos de WhatsApp y los feeds de Facebook e Instagram.
Esto no es ciencia ficción. Es una realidad tangible, como lo demuestra el resurgimiento de tensiones entre India y Pakistán en 2025. A raíz de enfrentamientos fronterizos en Cachemira, comenzaron a circular imágenes supuestamente captadas por drones indios bombardeando asentamientos civiles en Azad Cachemira. La verdad: eran explosiones en el puerto de Beirut en 2020. Mientras tanto, videos de insurgentes “rindiéndose” ante fuerzas indias resultaron ser montajes generados por inteligencia artificial (deepfakes).
EL LABORATORIO PAKISTANÍ: PROPAGANDA DISFRAZADA DE ANÁLISIS
Pakistán ha invertido considerablemente en el desarrollo de capacidades de guerra psicológica. En el centro de su aparato de propaganda digital se encuentra el ISPR (Inter-Services Public Relations), una unidad del ejército dedicada a controlar la narrativa oficial y lanzar campañas de desinformación. Su influencia no se limita a medios tradicionales. El ISPR también maneja redes de influencers patrióticos, trolls y cuentas anónimas que simulan ser ciudadanos preocupados.
Uno de los tentáculos más activos es Command Eleven, un think tank que se presenta como independiente, pero que opera como brazo mediático del aparato militar. Desde ahí se diseñan campañas con apariencia de análisis geopolítico, pero con fines de desinformación. A esto se suman figuras como Faran Jeffery (@Natsecjeff), quien se autodefine como experto en seguridad y contraterrorismo, pero cuya actividad en redes sociales ha sido vinculada con narrativas afines al Estado pakistaní, incluyendo cifras manipuladas, versiones distorsionadas de enfrentamientos y afirmaciones sin verificar.
INDIA TAMBIÉN DESINFORMA: EL ECOSISTEMA PRO DELHI
Pero India no es solo víctima. También ha construido su propio aparato de desinformación para contrarrestar —y a veces superar— los esfuerzos pakistaníes. Investigaciones independientes han revelado que Nueva Delhi impulsa redes de sitios falsos, cuentas automatizadas y medios fantasma diseñados para erosionar la imagen internacional de Pakistán.
Un informe clave de EU DisinfoLab (2020) destapó la operación "Indian Chronicles", una red que operó durante 15 años con más de 750 sitios web en 119 países. Estos portales replicaban contenido pro India, fingiendo ser medios europeos o agencias de derechos humanos, todo con el objetivo de desacreditar a Pakistán en foros internacionales como la ONU. Muchos de estos sitios utilizaban nombres de ONG inactivas o incluso de antiguos diplomáticos muertos, generando un aura de legitimidad para sus mensajes.
En las redes sociales, se han detectado cuentas supuestamente "ciudadanas" que, en momentos clave de tensiones bilaterales, difunden narrativas extremas, noticias falsas sobre atentados frustrados, o incluso testimonios falsos de disidentes pakistaníes. Durante el más reciente conflicto fronterizo, algunos medios indios difundieron la falsa noticia de que un general pakistaní había sido ejecutado en un ataque aéreo indio. El militar estaba vivo y apareció en televisión al día siguiente.
Además, medios pro-gobierno en India han sido señalados por amplificar sin verificar videos manipulados que muestran supuestas protestas masivas contra el ejército pakistaní, que en realidad pertenecen a otras regiones o fueron grabadas años atrás. En más de una ocasión, estas noticias falsas han sido replicadas por funcionarios de alto nivel o por medios internacionales sin la debida verificación.
MENTIRAS VIRALES QUE CAUSAN DAÑO REAL
La desinformación no solo manipula hechos: también moldea emociones. Un ejemplo claro fue el caso del soldado indio que, en un video viral, se quejaba de la comida del ejército. Lo que parecía una denuncia interna se transformó en una crisis de imagen amplificada por medios extranjeros y trolls digitales, erosionando la confianza pública en las instituciones castrenses.
Durante el conflicto de Balakot en 2019, las redes estallaron con supuestas “represalias” pakistaníes que, en realidad, eran videos reciclados de años anteriores. Cuando el piloto indio Abhinandan Varthaman fue capturado, las autoridades pakistaníes difundieron montajes de su “confesión” bajo coacción. En respuesta, canales indios compartieron imágenes falsificadas de su supuesto rescate violento, cuando en realidad fue liberado pacíficamente por vía diplomática.
RADICALIZACIÓN DIGITAL: LA GUERRA POR LAS MENTES JÓVENES
Más allá de los impactos diplomáticos y militares, la desinformación tiene otro blanco: la juventud. Grupos extremistas han convertido las redes sociales en espacios de reclutamiento emocional. El caso de Burhan Wani, un joven militante de Hizbul Mujahideen convertido en ídolo juvenil gracias a sus selfies con fusil, es el ejemplo más crudo del poder simbólico que puede adquirir una figura cuando se le construye desde la narrativa digital.
A través de canales de Telegram, TikTok e incluso videojuegos, grupos islamistas operan como startups del extremismo, con discursos cuidadosamente diseñados para conectar con emociones adolescentes: frustración, identidad, justicia.
UCRANIA, GAZA, ETIOPÍA: LA GUERRA COGNITIVA ES GLOBAL
India y Pakistán no están solos en esta dinámica. En Ucrania, el conflicto con Rusia se ha convertido en un campo de pruebas de la guerra cognitiva a gran escala. Moscú difundió un deepfake del presidente Zelenski supuestamente rindiéndose; Kiev respondió con mensajes personalizados a soldados rusos para quebrar su moral. El frente bélico es físico, pero también mental.
En Gaza, tanto Israel como Hamás han utilizado videos manipulados, cifras infladas y testimonios dudosos para influir en la percepción global. En Etiopía, el conflicto en Tigray estuvo rodeado de una nube de propaganda tribal y étnica viralizada por cuentas falsas. En cada caso, la desinformación sirvió para justificar acciones militares, obtener apoyo internacional o distraer de crímenes de guerra.
¿CÓMO DEFENDERSE? LA ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA COMO ESCUDO
En este nuevo campo de batalla, la defensa no pasa solo por invertir en satélites o drones, sino en fortalecer la alfabetización digital (media literacy). Se trata de enseñar a las personas a detectar fake news, verificar fuentes, reconocer emociones manipuladas y no convertirse en replicadores involuntarios de propaganda.
India ha comenzado a introducir programas de ciberhigiene (cyber hygiene) en escuelas y universidades. Varias organizaciones civiles desarrollan fact-checkers y extensiones para navegadores que alertan sobre posibles noticias falsas. Pero el desafío es enorme: los algoritmos de las redes sociales están diseñados para priorizar lo viral por encima de lo verdadero.
UNA GUERRA QUE NOS TOCA A TODOS
La desinformación no respeta fronteras. Nos alcanza en nuestros teléfonos, en las sobremesas familiares, en las decisiones políticas. Y su mayor poder radica en que no siempre la reconocemos como tal. Un clic inocente puede amplificar una mentira. Un reenvío puede desestabilizar gobiernos. Un tuit, encender una revuelta.
La guerra sin balas ya está aquí. No necesita permiso ni declaración formal. Y todos, queramos o no, estamos en su línea de fuego.
Por eso, antes de compartir, pensemos. Antes de reaccionar, verifiquemos. En esta batalla, la verdad es el arma más frágil y la más necesaria. @mundiario