El Gobierno sigue adelante, incluso en tiempos de tragedia
La reciente catástrofe en el sureste español nos recuerda la fragilidad de nuestras vidas frente a la fuerza de la naturaleza. Los daños en comunidades como La Mancha, Levante y Andalucía han dejado una profunda cicatriz en el país, y las imágenes de la tragedia seguirán en la memoria colectiva durante mucho tiempo. Sin embargo, ante momentos de dolor, es crucial recordar que el Estado y sus instituciones deben seguir funcionando. Es precisamente en tiempos de crisis cuando la estabilidad y el liderazgo son más necesarios, y la respuesta del Gobierno demuestra que, aunque hay mucho que sanar, España no puede permitirse detener su funcionamiento.
El miércoles pasado, el Congreso enfrentó una difícil decisión: celebrar una sesión en la que se debatiría un real decreto para la renovación del consejo de administración de RTVE. Algunos interpretaron esta decisión como una falta de sensibilidad en medio del luto, pero es importante reconocer que mantener el curso del Estado no implica ignorar el dolor. La suspensión de la sesión de control fue un acto de respeto y consideración, pero la aprobación del decreto en un pleno urgente refleja la necesidad de que las instituciones sigan operativas. En tiempos de crisis, es precisamente cuando el buen funcionamiento de los medios de comunicación públicos es más importante que nunca, ya que desempeñan un papel esencial en la información veraz y en la cohesión social.
El Gobierno no puede permitirse el lujo de postergar decisiones fundamentales para el país. RTVE es un pilar de la democracia y, en un contexto en el que las fake news y la polarización están en aumento, contar con una radiotelevisión pública que sea confiable y renovada es crucial. Esta no es una "urgencia fabricada", como algunos la han llamado, sino una necesidad para garantizar que la ciudadanía pueda tener acceso a una información veraz y neutral, especialmente en tiempos difíciles.
Las críticas a esta decisión parecen ignorar que, en tiempos de crisis, detener la maquinaria del Estado puede ser más perjudicial que beneficioso. España necesita estabilidad, y es precisamente esa estabilidad la que se asegura cuando el Gobierno sigue adelante con sus labores, aunque algunos no lo entiendan o lo interpreten como una falta de empatía. A la administración de un país le compete mucho más que la respuesta inmediata a una tragedia: debe gestionar una infinidad de asuntos que afectan a la vida de todos sus ciudadanos y que, si se paralizan, pueden generar aún más incertidumbre.
La recuperación del sentido común
El liderazgo en tiempos de crisis no siempre es cómodo ni fácil, y tomar decisiones que no todos comprenderán es parte de la responsabilidad de gobernar. Es comprensible que la oposición y algunos ciudadanos se sientan molestos, pero esa molestia no debería convertirse en una excusa para detener al país. Al contrario, es precisamente en estos momentos cuando se necesita de un liderazgo firme, que sea capaz de tomar decisiones que aseguren la continuidad del país, aunque estas no sean populares o fáciles de explicar en el calor de la tragedia.
La recuperación del sentido común, a la que algunos se refieren con nostalgia, debe traducirse en reconocer que gobernar un país implica mucho más que responder a la tragedia en tiempo real; implica también sentar las bases para un futuro más sólido. El enfoque del Gobierno no es mantenerse un día más al frente de la nave, sino construir una España que pueda enfrentar crisis y seguir adelante. Las medidas y decisiones que se toman hoy, por incomprendidas que sean, pueden significar una mayor solidez y preparación para los desafíos futuros.
España no puede vivir detenida en un ciclo de confrontación. Aunque la tragedia duele, no debe paralizarnos. Los ciudadanos merecen un país que avance y que no se vea limitado por los vaivenes de la política de turno. La estabilidad institucional y el funcionamiento ininterrumpido del Gobierno son fundamentales para lograr esa visión, incluso en los momentos más difíciles. @mundiario