El Gobierno puede enmendar el error de la Xunta con Altri

Manifestación contra Altri en A Pobra. / Xurxo Lobato
Ni la instalación de Altri en Galicia es inevitable, ni las ayudas públicas con las que cuenta para financiarse están garantizadas. Muy al contrario: tanto el Gobierno de España como la Comisión Europea tienen aún en su mano frenar esta operación.

La posible instalación de una planta de celulosa de Altri en Palas de Rei (Lugo) divide Galicia, de ahí la necesidad de una reflexión colectiva más allá de un simple debate técnico –en este caso parcial–, ya que se trata de un momento definitorio para Galicia, un punto de inflexión en el que se enfrentan dos modelos de país: uno basado en la sostenibilidad, la diversidad económica y la defensa del territorio, y otro anclado en un desarrollismo de manual, contaminante y ajeno a las verdaderas necesidades de Galicia.

En el controvertido debate sobre esta macrocelulosa en Palas de Rei hay un mantra que se repite con insistencia: “el proyecto ya tiene luz verde”. Desde la Xunta de Galicia se vende la idea de que la declaración de impacto ambiental (DIA) favorable es el punto de no retorno, como si todo estuviera decidido, como si a la ciudadanía no le quedara más que resignarse. Pero no es así. Ni la instalación de Altri en Galicia es inevitable, ni las ayudas públicas con las que cuenta para financiarse están garantizadas. Muy al contrario: tanto el Gobierno de España como la Comisión Europea tienen aún en su mano frenar esta operación. 

A primera vista, la propuesta de Altri podría parecer tentadora. Se habla de empleo, de inversión, de oportunidad para el rural. Pero bajo ese envoltorio de palabras bienintencionadas, se esconde una realidad muy distinta: la reactivación de un modelo industrial depredador, caduco y profundamente insostenible. Un modelo que Galicia ya ha sufrido –y sigue sufriendo– en lugares como la ría de Pontevedra con Ence, y cuyos efectos han dejado una huella difícil de borrar.

El proyecto de Altri nació camuflado como una planta de fibras textiles, alineada con los nuevos discursos de sostenibilidad y economía circular. Pero pronto se destapó la verdad: apenas habrá textil y no hay fábrica de papel. Lo que se propone en Palas de Rei es, lisa y llanamente, una planta de celulosa convencional, desvinculada de cualquier cadena de valor integrada en Galicia, sin arraigo real ni compromiso estratégico con el territorio. Es decir, se repite la historia de Ence, pero esta vez en pleno corazón del país, en la cabecera del Ulla, una zona de enorme valor ecológico, agrícola y cultural.

Un impacto ambiental brutal

Los datos del propio proyecto son alarmantes: emisiones superiores a las de Ence, con dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas PM10 que la convertirían en una de las industrias más contaminantes de Galicia. El vertido diario de aguas residuales equivaldría al generado por una ciudad de 300.000 habitantes, con impactos directos sobre los ecosistemas fluviales del Ulla y, aguas abajo, sobre la ría de Arousa, uno de los pulmones económicos del país.

Organizaciones pesqueras como Amegrove o Opmega han advertido del riesgo real que esta planta representa para la calidad del agua y la biodiversidad marina. El sector del mejillón, que da empleo a miles de personas, se vería directamente amenazado. ¿Qué sentido tiene, entonces, abrir las puertas a una industria que puede poner en peligro otra mucho más consolidada, sostenible y estratégica?

Agricultura, pesca y turismo, en peligro

La amenaza no se detiene ahí. La Denominación de Origen Queixo Arzúa-Ulloa, que agrupa a más de 1.400 explotaciones lácteas, ha alertado sobre la forestación masiva de tierras agrícolas para alimentar a Altri. Más eucaliptos significan menos superficie agraria útil, pérdida de biodiversidad, empobrecimiento de los suelos y transformación irreversible del paisaje rural.

Tampoco el turismo sale indemne. La comarca de A Ulloa, conocida por su belleza natural y por ser parte del Camino de Santiago, podría ver erosionado su potencial si se instala una macroindustria que cambia por completo la fisonomía y la percepción del entorno. ¿Quién querrá caminar entre chimeneas humeantes y olor a sulfuro?

Una política forestal miope

La defensa del proyecto por parte de la Xunta de Galicia, en manos de la conselleira María Jesús Lorenzana, revela una visión anacrónica del desarrollo. Apostar por más eucalipto, más monocultivo y más industria extractiva es dar la espalda a los principios más básicos de la sostenibilidad. Es ignorar las lecciones del pasado y repetir errores que ya han tenido un coste social, ambiental y económico inasumible.

Lorenzana, lejos de abrir un debate informado y participativo, ha optado por el camino más fácil: desacreditar la protesta social, reduciendo una movilización transversal a una supuesta maniobra ideológica del BNG. Lo llamó “comunismo del siglo XXI”. Una etiqueta grotesca y profundamente desconectada de la realidad. Porque quienes se manifestaron en Palas de Rei, en Santiago y en A Pobra do Caramiñal son agricultores, mariscadores, hosteleros, ecologistas, empresarios, vecinos sin carné político. Ciudadanos que defienden su tierra, su agua, su modo de vida.

Una sociedad que ya no traga

La movilización de A Pobra, con más de 600 embarcaciones y decenas de miles de personas, bajo la lluvia, fue mucho más que un “no” a Altri. Fue un grito coral por otro modelo de futuro. Uno en el que Galicia no sea el vertedero industrial de Europa, ni el patio trasero donde se colocan los proyectos que otros territorios ya no quieren. Uno en el que las inversiones se midan no solo en euros, sino en empleo de calidad, en impacto ambiental, en respeto por el territorio, en generación de valor añadido.

Es legítimo preguntarse: si tanto le preocupa a la Xunta la pérdida de oportunidades, ¿por qué no se exige una planta de papel integrada? ¿Por qué no se exploran proyectos verdaderamente innovadores, verdes, arraigados en el tejido gallego? ¿Por qué no se pone sobre la mesa una estrategia forestal que diversifique, que valore la madera autóctona, que respete la multifuncionalidad del monte?

Rectificar es de responsables

En los años 70 y 80, Galicia dijo “non” a otras celulosas. Narón, As Pontes, Brión, Negreira. Fueron luchas duras, pero necesarias. Hoy, medio siglo después, volvemos a estar en la misma encrucijada. Y la respuesta debe ser la misma, aunque más contundente si cabe.

Porque Galicia no está condenada a elegir entre contaminación o paro. Esa falsa dicotomía solo beneficia a quienes quieren imponer un modelo vertical, de arriba abajo, sin escuchar al país real. El verdadero progreso pasa por proteger lo que nos hace únicos: el paisaje, el mar, el campo, la cultura. Pasa por invertir en inteligencia territorial, en producción local, en sostenibilidad.

Galicia merece más. Merece proyectos que sumen, no que dividan. Merece industrias que cuiden, no que arrasen. Merece gobernantes que escuchen, no que caricaturicen. Y si una parte de esta Xunta que parece partner de Altri no lo entiende, el pueblo gallego ya ha demostrado que está dispuesto a recordárselo. Altri no es el futuro, es solo un error. @mundiario