El fútbol, obligado a plantar cara al racismo
Durante el pasado fin de semana, tres actos deplorables volvieron a sacudir los cimientos de los estadios españoles de fútbol y pusieron de manifiesto la persistencia del racismo en este ámbito deportivo y social tan importante en España. A pesar de contar con la Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, la situación sigue repitiéndose con una frecuencia alarmante, sin que se vislumbre una mejora significativa ante una creencia que sostiene la superioridad de un grupo étnico sobre los demás, lo que conduce a la discriminación y a la persecución social.
El protocolo contra el racismo en el fútbol es insuficiente y no brinda la protección adecuada a los jugadores negros. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha mantenido el mismo enfoque durante casi dos décadas, dejando la responsabilidad de actuar ante incidentes racistas en manos de los árbitros, lo cual ha sido criticado por su falta de efectividad. Los grupos de activistas han denunciado que en el fútbol se perpetúa el aprendizaje del racismo.
Los datos están ya a la vista de todos. En el campo Las Llanas de Sestao, el portero senegalés del Rayo Majadahonda, Cheikh Sarr, que juega en Primera RFEF, se vio envuelto en una confrontación con los aficionados que lo sometieron a abusos racistas. En un incidente paralelo, en el estadio Coliseum de Getafe, el jugador argentino del Sevilla Marcos Acuña fue objeto de insultos racistas, mientras que su entrenador, Quique Sánchez Flores, fue vilipendiado con términos discriminatorios. Son solo los últimos ejemplos de una larga lista de episodios similares que se suceden desde hace años.
Estas y otros comportamientos no pueden justificarse como acciones aisladas o minoritarias, por lo que llegó la hora de reconocer que el racismo en los estadios es un problema sistémico y arraigado que requiere una acción decidida por parte de todos los actores involucrados. De entrada, los clubes de fútbol deben asumir la responsabilidad de lo que ocurre en sus instalaciones y tomar medidas preventivas efectivas para erradicar este tipo de conductas.
Si bien es cierto que existen marcos legales para abordar el racismo en los estadios y campos de fútbol, está claro que no son suficientes. Los ejemplos de éxito en la prevención de otros tipos de violencia en la grada, como el lanzamiento de objetos y la presencia de grupos ultras violentos, demuestran que los clubes pueden hacer mucho más para combatir el racismo.
En este sentido, el endurecimiento de las sanciones a los equipos cuyos estadios sean escenario de actos racistas parece ser una medida efectiva y necesaria. Siguiendo el ejemplo de cómo se han abordado otros problemas en el pasado, es hora de que los clubes de fútbol adopten una postura firme contra el racismo y asuman su responsabilidad en la creación de un entorno deportivo inclusivo y respetuoso para todos.
El racismo no debe tener cabida en una sociedad democrática ni en el mundo del deporte, por lo que solo cabe actuar con determinación para erradicarlo de una vez por todas de los estadios de fútbol. @mundiario