Formación profesional, tema de gran relevancia
De aquellos polvos estos lodos. ¿Qué ocurre con nuestras enseñanzas profesionales y por qué tantos aspirantes se quedan sin plaza en la FP Pública? En Madrid, el 52% de los solicitantes, aproximadamente 50.000, no consiguen plaza este año. Paradójicamente, quedan 6.000 vacantes libres, según la administración madrileña.
Todo tiene una explicación, aunque requiere mirar atrás medio siglo. Hace ya 54 años que se intenta establecer esta formación con cada ley promulgada, pero aún no se ha logrado.
La Formación Profesional, específica y cualificada, demanda competencias académicas y profesionales; su nombre es acertado y no ha necesitado cambio alguno. Es lo único en lo que han acertado, pero de ahí también surgen los problemas.
La sociedad experimenta cambios constantes y el mercado laboral debe adaptarse necesariamente a ellos. Esto solo se puede lograr si existe una conexión entre lo académico y lo profesional. Así se alcanzaría el reconocimiento social de este tipo de enseñanzas, lo cual sería muy beneficioso.
La Ley General de Educación de 1970 se propuso acertadamente crear una Formación Profesional moderna, transformando la idea de 'oficio' en 'profesión'. Para ello, concibió tres grados con dos años de duración cada uno, siendo el segundo año dedicado a prácticas formativas en empresas. A pesar de las limitaciones económicas, nos movíamos en la dirección correcta. Un gran defecto fue considerar estas enseñanzas de segunda categoría, aunque expresaban menores índices de desempleo. No fue posible integrar todos los aspectos.
La LOGSE de 1990 integró la Formación Profesional en los institutos de enseñanza secundaria (IES) para darle mayor prestigio. Se necesitaba un tronco común de formación y se creía que con la integración se lograría. El debate sobre esta decisión continúa, consecuencia del error que cometemos en cada ley. Se tiende a derogarlas sin evaluarlas, es decir, sin considerar sus fortalezas y carencias.
La Ley de Calidad de Educación de 2002 abrió la posibilidad de más flexibilidad en el acceso a los ciclos y buscaba una nueva concepción de la Formación Profesional en cuanto a su calidad, permitiéndole competir en el ámbito social y económico. Actualmente, seguimos sin resolver la tensión entre lo académico y lo profesional, ni su desvalorización social.
Basten estos rasgos para plantear el tema sin extenderse más. Hoy en día continúan evolucionando los acontecimientos. Valoramos más la Formación Profesional y con el aumento de la demanda se han quedado alumnos sin plaza.
¿Qué deberíamos ofrecer generosamente ahora? Apreciar mucho su interés en ella. ¿Por qué siempre nadamos contra corriente? Deberíamos ofrecérsela a manos llenas, si la desean. No podemos ofrecerla y les producimos la mayor frustración académica.
Existen muchos centros que imparten dichas enseñanzas, pero ¿qué pasa con los solicitantes? Que la tienen que pagar, porque son privados. Por supuesto, existe una solución para esto. Al final, debemos recurrir al sistema de becas.
Se han establecido universidades privadas en casi todas las provincias. Hasta ahora, su funcionamiento no se cuestionaba, pero ahora parece que se empieza a evaluar. Hay unas pocas que son excelentes y muchas que son mediocres. Estas últimas podrían empezar a perder alumnos porque son costosas y no accesibles para todos.
Algunas han encontrado una alternativa en la Formación Profesional. Se trata de ofrecer FP en una Universidad. El nombre ya es llamativo. Puede contar con buen profesorado e instalaciones modernas y las matrículas no son tan elevadas. Por eso comienzan a especializarse en FP. La FP pública no puede competir con ellas.
A medida que la gente se da cuenta de que hay que ser mejor que bueno para ser contratado en un centro laboral, desean prepararse bien y en las mejores instituciones en todos los aspectos. Por eso, la enseñanza pública ha sido menospreciada, dejando plazas sin cubrir. Desde luego, si seguimos así, estos centros nunca se prestigiarán. Por ello, la administración pública debería cuidarlos en todo: instalaciones, profesorado y cuantos recursos sean necesarios.
Sin embargo, no lo hacen, ni lo harán. Les resulta más económico que los estudiantes acudan a centros privados, liberando así a la administración de significativos gastos de mantenimiento. Pues bien, es necesario invertir con decisión y rapidez en la modernización de las estructuras educativas y en el prestigio de sus titulaciones, a lo que parece que no están dispuestos.
En 2024, Madrid asigna 33 millones de euros en becas de FP, lo cual, en términos de inversión educativa, es insuficiente, especialmente considerando que es una de las comunidades con mayor PIB. Dedica solo 4727 euros por alumno, cifra que en 2021 estaba por debajo de la media nacional y muy lejos de los 11766 euros de la media de la OCDE. Esto refleja el interés de la administración madrileña en la educación de ese año.
En cambio deberían estar entre los primeros en educación y sanidad No es solo una cuestión de dinero; se pueden lograr resultados eficientes con menos recursos, pero la realidad es evidente en el estado de los centros: anticuados y con recursos limitados. No se aborda la falta de calefacción en invierno ni de refrigeración en verano, lo que afecta a los estudiantes.
La ausencia de ascensores para aquellos que sufren una lesión o para mujeres embarazadas es otro ejemplo de las deficiencias, y todo esto sucede en el siglo XXI. @mundiario