Tres faros de la UE: Timothy Garton Ash, Antón Costas y Jürgen Habermas

Timothy Garton Ash, Antón Costas y Jürgen Habermas. /  Mundiario
Timothy Garton Ash, Antón Costas y Jürgen Habermas. / Mundiario
En tiempos de grandes crisis, disrupciones e inseguridades sobre el futuro, que destacados intelectuales europeos se involucren en la discusión pública con sus análisis y opiniones, es más importante que nunca.
Tres faros de la UE: Timothy Garton Ash, Antón Costas y Jürgen Habermas

Muchos amigos, a sabiendas que soy un defensor empedernido de la Unión Europea, me comentan su desilusión con el papel que está jugando Europa en estos momentos tan difíciles. Sin posicionarse claramente en las dos guerras brutales cuyo final es siempre más incierto, Ucrania y Oriente Próximo; sin soluciones plausibles en el problema de una alta inflación y un enfriamiento del desarrollo economía mundial, en las desigualdades siempre más pronunciadas y en los avances tecnológicos como la Inteligencia Artificial que inquietan a muchos expertos por sus  posibles consecuencias negativas para el empleo, la seguridad, etc. … podría seguir enumerando críticas a Bruselas que nos sirven los medios de comunicación y las redes sociales un día sí y otro también.

Algunas veces tiro por la contestación fácil. Argumentando que gobernar hoy en día es más complicado que nunca. También en España. Lo que llevó a Arturo Pérez Reverte a escribir en una de sus columnas publicadas en XL Semanal: “Cuando miro atrás sobre cómo hemos llegado a que una democracia ejemplar de cuarenta años en uno de los países con más larga historia en Europa se vea contra las cuerdas acorralada por antipatriotas, me llevan los diablos por la podredumbre moral de una clase política capaz de manipular y sobornar con tal de mantenerse en el poder, aunque sea con respiración asistida. De esa panda de charlatanes, fanáticos, catetos y a veces ladrones – con o sin corbata –, dueña de una España estupefacta, acomplejada o cómplice. De una feria de mangantes que las nuevas formaciones políticas no regeneran, sino alientan.” 

Aunque no comparto esta visión catastrofista de Pérez Reverte sobre la situación política española, sé que muchos amigos míos lo hacen. También critican que a los 27 miembros de la Unión Europea les cuesta ponerse de acuerdo en temas tan acuciantes como la migración, una política de política exterior y de seguridad común, las reformas necesarias para controlar el déficit público, las inversiones imprescindibles en la digitalización y las infraestructuras, la gobernanza del euro, la ampliación de la UE, etc. Llegan incluso a asegurar que en Europa estamos ante un caos similar al que existe en muchos países miembros. 

Pienso que, aunque muchas cosas se podrían hacer mejor, la Comisión, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo pueden presumir de un balance de su política más positivo. No solo comparado con España. Como argumenta el brillante historiador y analista político británico Timothy Garton Ash en su nuevo libro “Europa. Una historia personal”: “Pese a todos sus defectos, límites y e hipocresías, pese a todos los contratiempos de los últimos años, la Europa de hoy sigue siendo mucho mejor que la que me dispuse a explorar a principios de los setenta…Es asimismo mejor que las de los siglos anteriores, incluida la Europa de antes de 1914, idealizada por Stefan Zweig. De hecho, adaptando las famosas palabras de Churchill respecto a la democracia, podríamos decir que esta es la peor Europa posible, a excepción de todas las otra Europas que se han ensayado de vez en cuando. Tiene sentido defender, mejorar y ampliar una Europa libre. Es una causa en la que merece la pena depositar la esperanza”. 

Antón Costas, catedrático de Economía y presidente del Consejo Económico y Social de España, analiza en un artículo de El País Negocios las crisis europeas de 2008 y de 2020 para llegar a la conclusión de que Bruselas debería haber aprendido de sus errores y por lo tanto está mejor preparada para la gobernanza económica europea de hoy: “La gestión europea de la crisis financiera y de la deuda de 2008 fue un despropósito. Recuerden que a partir de 2009 solo la economía del euro permaneció en recesión … ¿Por qué las cosas han sido diferentes en la crisis pandémica? La respuesta es sencilla. La UE supo desprenderse del corsé de las rígidas normas fiscales de austeridad y dejó que los gobiernos nacionales tuvieran margen de maniobra para ayudar a las familias y a las empresas a permanecer a flote. Las medidas fueron rápidas, eficaces y, en algunos casos muy innovadoras, como los ERTE de España. También las autoridades europeas actuaron de forma rápida e innovadora, con medidas como el programa SURE de sostenimiento del empleo o los fondos NGEU de recuperación y reestructuración, financiados por primera vez con la emisión de deuda comunitaria … (Hoy) necesitamos una nueva gobernanza colaborativa y reiterada en el tiempo en la que diálogo social entre todos los actores que participan en los ámbitos público y empresarial es el elemento clave para lograr el consentimiento y la legalidad para las políticas y reformas que necesita el progreso económico y social europeo”.

Jürgen Habermas, probablemente el filósofo alemán contemporáneo más relevante, destacó en un discurso pronunciado en 2018 en la Universidad Goethe de Fráncfort: “Lo verdaderamente importante, en mi opinión, no es una vaga postura 'a favor' o 'en contra' de Europa. Por detrás de esta burda polarización sin matices, a los supuestos amigos de Europa hay que seguir planteándoles un interrogatorio tácito del que nadie se ha ocupado hasta ahora, pese a que es la verdadera línea divisoria: si, con una unión monetaria que funciona en condiciones mejorables, debemos limitarnos a ´blindarla´ contra el peligro de más especulación o si debemos aferrarnos a la promesa incumplida de desarrollar la convergencia económica en a eurozona y, por tanto, convertir la unión monetaria en una unión política europea proactiva y eficaz”.

El politólogo Fernando Vallespín publicó hace poco en El País Ideas una excelente semblanza de Habermas, al que alaba por comprometerse con los temas de actualidad y por impulsar la teoría de la democracia deliberativa, “ese constante ejercicio de ilustración entre ciudadanos libres e iguales que disuelven sus diferencias con argumentos en un proceso de deliberación constante. Lo fundamental es que esta discusión esté orientada al entendimiento mutuo y tenga lugar bajo condiciones que aseguren una perfecta inclusión y simetría entre quienes deliberan. Al final, este es el presupuesto, se acabaría imponiendo el mejor argumento. La comunicación política en nuestro espacio público está, salta a la vista, bien lejos de este ideal, algo que nuestro autor siempre venía denunciando. En estos momentos de posverdad, con la proliferación de ´fake news´, epistemología tribal, emocionalización rampante y mil estrategias para condicionar la opinión, se habría producido ya un alejamiento total de dichos presupuestos normativos … La razón pública, ese gran logro de la Ilustración, se ha disuelto detrás del ruido de las redes sociales y la manipulación”.

He aquí el problema de nuestros tiempos. He aquí el reto de la Unión Europea, no solo de cada uno de sus 27 estados miembros. Como explica Vallespín, “en unos momentos en los que la vis expansiva de la ciencia y la especialización continua amenaza con desviarnos de lo que debería ser su objetivo fundamental, (la tarea de la filosofía es más que nunca) orientarnos sobre el mundo en que vivimos, ilustrarnos sobre cómo enfrentar los desafíos del mundo contemporáneo y ayudarnos a 'hacer un uso autónomo de la razón' para poder decir quiénes somos y cómo deseamos ser. Estas han sido siempre las preguntas que han marcado la extraordinaria vida intelectual de Habermas”. @mundiario

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