Europa y la platonicidad

Bandera de la Unión Europea. / Mundiario
Bandera de la Unión Europea. / Mundiario
Europa no puede seguir ignorando la necesidad de diversificar sus fuentes de energía y desarrollar una infraestructura que minimice la dependencia de actores externos potencialmente hostiles.

¡Ey Tecnófilos!

La "Platonicidad", un término acuñado por Nassim Nicholas Taleb, describe la tendencia humana a simplificar el mundo mediante modelos y categorías cómodas, ignorando la complejidad y la posibilidad de eventos inesperados. Este concepto ha cobrado una relevancia inusitada en el contexto de las políticas europeas, especialmente a raíz de la guerra en Ucrania. La situación actual ha revelado de manera dolorosa los errores de cálculo en la política energética y de defensa de Europa, exponiendo las graves consecuencias de confiar en modelos simplificados y en la previsibilidad de las relaciones internacionales.

Durante décadas, Europa ha dependido de Rusia como principal proveedor de energía, tanto de petróleo como de gas. Esta dependencia se basaba en la creencia de que las relaciones comerciales y diplomáticas serían suficientes para garantizar un suministro estable y seguro. Sin embargo, esta visión simplificada ha sido devastadoramente desmentida por la invasión rusa a Ucrania. La guerra ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de Europa ante los caprichos geopolíticos de un solo proveedor, y la "Platonicidad" en este contexto se traduce en la ceguera ante la complejidad y los riesgos inherentes a una excesiva dependencia energética.

La lección que nos deja esta crisis es clara: Europa no puede seguir ignorando la necesidad de diversificar sus fuentes de energía y desarrollar una infraestructura que minimice la dependencia de actores externos potencialmente hostiles. Esta diversificación implica invertir en energías renovables, fortalecer las redes de distribución internas y fomentar acuerdos con una gama más amplia de proveedores. Solo así podremos construir una resiliencia energética que no esté a merced de las fluctuaciones políticas y conflictos internacionales.

Paralelamente, la guerra en Ucrania también ha subrayado la importancia crítica de la autodefensa europea. Durante mucho tiempo, Europa ha confiado en Estados Unidos para su protección, una dependencia que ha sido cómoda pero que, nuevamente, refleja una "Platonicidad" peligrosa. La confianza en una única fuente de seguridad ignora la complejidad del panorama geopolítico y la necesidad de una defensa autónoma robusta. La realidad actual nos exige repensar esta postura y considerar seriamente las inversiones en nuestras propias capacidades de defensa.

Fortalecer la autodefensa europea no significa rechazar las alianzas estratégicas con Estados Unidos, sino reconocer que la seguridad europea debe tener bases sólidas dentro de nuestro propio continente. Esto requiere una reevaluación de los presupuestos de defensa, una coordinación más estrecha entre los estados miembros de la UE y el desarrollo de una industria de defensa europea que pueda responder de manera efectiva a amenazas externas.

La "Platonicidad" en las políticas europeas ha sido una lección costosa. La dependencia energética de Rusia y la confianza excesiva en la protección estadounidense nos han dejado vulnerables ante crisis que eran, en muchos sentidos, previsibles. Ahora, con la guerra en Ucrania como telón de fondo, es imperativo que Europa abandone estos modelos simplificados y adopte una visión más realista y compleja del mundo. La diversificación energética y la inversión en autodefensa son pasos cruciales para construir una Europa más segura y resiliente.

El camino por delante no será fácil, pero es una oportunidad para aprender de los errores del pasado y construir un futuro más robusto. Europa debe tomar conciencia de sus vulnerabilidades y trabajar de manera concertada para superarlas. Solo así podremos garantizar la seguridad y el bienestar de nuestros ciudadanos en un mundo cada vez más incierto. @mundiario

¡Se me tecnologizan!

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