CARTA DEL EDITOR

Europa necesita una defensa común, no ambigüedad

Ilustración de la UE, que tiene muchos frentes abiertos. / Mundiario

Las sucesivas amenazas de Trump –la última, hacerse con Groenlandia– reactivan viejas tensiones, ponen en aprietos la seguridad transatlántica y dejan a la UE con la urgente necesidad de una política exterior y de defensa coherente.

Las amenazas de Estados Unidos sobre Groenlandia han puesto de manifiesto la fragilidad de la arquitectura de seguridad europea y la urgente necesidad de una defensa verdaderamente común y operativa. Los últimos movimientos de la Administración estadounidense no solo han reavivado viejas tensiones geopolíticas, sino que han expuesto a la Unión Europea (UE) a una disyuntiva que va más allá del escrutinio legal: cómo defender sus principios y a sus aliados sin estar supeditada a la voluntad unilateral de Washington.

El reciente ataque estadounidense en Venezuela y la captura del autócrata Nicolás Maduro han generado preocupación en amplios sectores de la comunidad internacional por su ausencia de mandato multilateral y por el riesgo de normalizar el uso de la fuerza fuera del marco de la ONU. La respuesta de Bruselas, hasta ahora, ha sido contenida: llamadas al respeto del derecho internacional y a la contención de la violencia, pero pocos gestos firmes que se traduzcan en una estrategia común clara. En realidad, lo que importa no es Maduro, sino que le pueda pasar lo mismo a otros que no son Maduro.

El foco se ha desplazado rápidamente hacia el Ártico, donde el presidente estadounidense Donald Trump ha vuelto a amenazar con obtener el control de Groenlandia –un territorio autónomo bajo soberanía danesa– argumentando motivos de seguridad nacional. Sus amenazas han ido acompañadas de la posibilidad de imponer aranceles a países europeos que se oponen, una jugada que ya ha sido condenada por líderes de la UE como una “espiral peligrosa” que socava las relaciones transatlánticas.

La UE ha respondido con cautela ante Venezuela y Groenlandia, temiendo una espiral transatlántica de tensiones. Mientras Trump presiona por Groenlandia, líderes europeos piden instrumentos efectivos contra la coerción

La reacción europea ha sido unánime en cuanto a solidaridad con Dinamarca y la soberanía groenlandesa, y se ha convocado una reunión de emergencia de embajadores para articular una respuesta conjunta. Francia ha llegado a instar al uso del instrumento anticoerción de la UE frente a lo que percibe como presión económica y política estadounidense. Sin embargo, estas respuestas, aunque firmes en el discurso, carecen de la fuerza estratégica que exigiría un escenario en el que la seguridad europea se ve cuestionada por su aliado tradicional.

Este contexto pone de manifiesto, de forma descarnada, una realidad incómoda: la UE sigue siendo una potencia normativa, comprometida con el multilateralismo y el derecho internacional, pero con muy limitado poder duro. Europa se define por consenso, valores y reglas; pero cuando estas se ven amenazadas por decisiones unilaterales de un socio como Estados Unidos, la falta de mecanismos efectivos de defensa propia se vuelve evidente.

La solución no pasa únicamente por criticar a Washington –aunque haya motivos para ello–, sino por reconocer que la UE necesita urgentemente una política de defensa común que no dependa exclusivamente de coberturas externas. La idea de un Consejo de Seguridad Europeo o estructuras de defensa cooperativa lleva años sobre la mesa en Bruselas. Ahora, ante estas amenazas, ya no se trata de propuestas a diez años vista, sino de prioridades a corto plazo si se quiere mantener credibilidad estratégica.

No es solo una cuestión de recursos o de capacidades militares, sino de voluntad política. La UE debe definir qué quiere ser en el mundo: ¿una potencia normativa que pueda proteger sus valores e intereses sin pedir permiso? ¿O un conjunto de Estados que, por dependencia o inercia, sigue aceptando que sus principales desafíos de seguridad se resuelven fuera de su control?

Criticar las acciones de Estados Unidos es legítimo cuando ponen en riesgo la soberanía de terceros, socavan el derecho internacional o tensan alianzas históricas. Pero también es necesario mirar hacia adentro. Europa tiene herramientas para actuar con mayor autonomía, pero hasta ahora ha preferido la ambigüedad y el retraso. El desafío de Groenlandia debería servir como llamada de atención: la defensa común no puede seguir siendo un proyecto de futuro. Es una necesidad inmediata si Europa quiere mantenerse como actor geopolítico relevante y protector de sus valores fundamentales. Nada de eso es incompatible con la cooperación con EE UU.  @J_L_Gomez en @mundiario