Europa ante el desafío Trump: una llamada a la acción colectiva

Teresa Ribera, vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico.​ / RR SS
Socialistas, populares y liberales europeos harían bien en aprovechar el desbloqueo de la formación de la Comisión Europea con Ribera como vicepresidenta para dejar de mirarse el ombligo y ponerse a trabajar en serio.

En medio de las tensiones políticas internas y externas, la Unión Europea enfrenta un escenario global que demanda acción inmediata y una visión estratégica a largo plazo. El desbloqueo en la formación de la Comisión Europea, que ha implicado concesiones y acuerdos entre socialdemócratas, conservadores y liberales, ilustra las dificultades de encontrar consensos en una Europa cada vez más polarizada. Sin embargo, mientras el Viejo Continente sigue enfrascado en peleas internas, el mundo no espera. En particular, la próxima administración de Donald Trump, con su regreso a la Casa Blanca, plantea un desafío monumental para la UE. Europa debe dejar de mirarse al ombligo y prepararse seriamente para lo que se avecina.  

La negociación para desbloquear la nueva Comisión Europea, encabezada por Ursula von der Leyen, refleja el nivel de fragmentación política de la UE. La confirmación de Teresa Ribera como vicepresidenta de Transición Justa y Competitiva, pese a los intentos del Partido Popular español de boicotear su nombramiento, llegó solo tras duras concesiones. Los socialdemócratas accedieron a aceptar al controvertido Raffaele Fitto, representante de la ultraderecha italiana, y al húngaro Olivér Várhelyi, aliado de Viktor Orbán.  

Este juego de equilibrios políticos, aunque necesario para avanzar, también pone de manifiesto las debilidades estructurales de la Unión. En un contexto en el que la geopolítica global se complica por la guerra en Ucrania, el auge de potencias autocráticas y los impactos del cambio climático, la UE parece más preocupada por sus conflictos internos que por definir su papel en el mundo.  

Socialistas, populares y liberales europeos harían bien en aprovechar el desbloqueo de la formación de la Comisión Europea con Ribera como vicepresidenta para dejar de mirarse el ombligo y ponerse a trabajar en serio.

El elefante en la habitación: Trump y su agenda proteccionista  

Con Donald Trump de regreso en la Casa Blanca, la UE debe prepararse para una política exterior estadounidense marcada por el proteccionismo económico, el desdén hacia las instituciones multilaterales y una creciente presión sobre sus aliados. El lema Make America Great Again es mucho más que una consigna política; es un programa que busca priorizar los intereses de Estados Unidos incluso a costa de dañar las relaciones transatlánticas.  

Europa ya ha experimentado las consecuencias de la primera administración Trump: amenazas de aranceles, cuestionamientos a la OTAN y una retirada de liderazgo en temas globales como el cambio climático. La diferencia ahora es que la UE está más dividida y menos preparada para responder a un Estados Unidos cada vez más unilateralista.  

La misión europea: refundarse o estancarse  

Frente a las crisis interconectadas –desde la guerra en Ucrania hasta la inflación, la crisis energética y los retos migratorios–, Europa necesita algo más que acuerdos de último minuto para desbloquear nombramientos. Necesita una misión clara. Países como Estados Unidos, China, Rusia e incluso India tienen narrativas estratégicas y objetivos a largo plazo. Europa, en cambio, carece de un marco robusto para abordar los elementos críticos: finanzas, defensa y bienestar social.  

Para lograrlo, la UE debe abandonar la inercia burocrática y adoptar una estrategia que priorice:  1) Flexibilidad y subsidiariedad, para adaptar sus políticas a las necesidades de los Estados miembros, sin perder de vista los objetivos comunes.  2) Cambio climático y digitalización a fin de liderar estas áreas globales no como un lujo, sino como una necesidad existencial.  3) Defensa y autonomía estratégica, con la reducción de su dependencia militar y económica de Estados Unidos, especialmente ante un líder como Trump que ve a la OTAN como una carga.  Y 4) Una narrativa compartida, definiendo una visión de futuro que movilice a los ciudadanos europeos en torno a un propósito común.  

Dejar las peleas internas: una cuestión de supervivencia  

La influyente economista Mariana Mazzucato lo explica con claridad: más que enfocarse en el dinero que se destina a los problemas, Europa debe repensar cómo se organiza y regula para resolverlos. Esto implica una transformación institucional que priorice la acción sobre el diagnóstico, y el liderazgo sobre el consenso vacío.  

La reciente dinámica en la Comisión Europea, aunque necesaria, muestra que Europa sigue atrapada en sus luchas intestinas. En vez de centrarse en debilitar al adversario político interno, los líderes europeos deben unirse para enfrentar los desafíos externos que definirán el lugar de Europa en el siglo XXI.  

Una llamada a la acción 

La perspectiva de un segundo mandato de Trump debería servir como una alarma para la UE. No basta con reaccionar cuando el golpe ya se ha dado; es imperativo anticiparse. La refundación de Europa no es solo deseable, es esencial para su supervivencia como actor relevante en el escenario global.  

De no hacerlo, el futuro europeo podría estar condenado a ser una historia de oportunidades perdidas y decadencia silenciosa. Ahora es el momento de actuar, de definir la misión europea y de garantizar que el próximo capítulo de su historia sea uno de liderazgo y resiliencia, no de división y declive. @mundiario