El Estado de Derecho

Democracia. / Estudios de Política Exterior
La regulación de la economía bajo patrones de buena técnica normativa preserva el Estado de Derecho.

Los principios del Estado de Derecho, anclados en la razón ética, son cada vez más importantes. El problema es que el primado de la eficacia, de lo conveniente, de lo políticamente correcto, de lo útil para la tecnoestructura, todo lo invade, todo lo arrasa. Por eso, el tiempo presente es un tiempo en que de nuevo la batalla entre los principios y el pragmatismo, entre la dignidad y la utilidad, vuelve al primer plano de la realidad. Una batalla cultural que a nuestro juicio reclama de inteligencia y de pensamiento complementario más que de pensamiento único y estático.

Una mejor regulación de la actividad económica y financiera, a nivel global y en el espacio local es, a día de hoy, una necesidad apremiante pues el dominio de lo funcional suele pasar por encima de la dimensión jurídica y de la referencia ética. La crisis en la que estamos instalados ha puesto de manifiesto que ni el mercado se autorregula satisfactoriamente ni la intervención pública es la solución a todos los problemas. La cuestión reside en regular lo que hay que regular y garantizar que las instituciones de control, verificación, supervisión y vigilancia estén integradas por profesionales de reconocido prestigio que puedan hacer con autonomía y objetividad su labor. No se trata de regular más sino de regular mejor. La sobrerregulación y la rerregulación, hoy tan de moda en tantas partes del mundo, no hacen más que entorpecer la vitalidad y la iniciativa latente en muchos emprendimientos básicos para el mismo interés general.

En efecto, las relaciones entre economía y derecho, o entre finanzas y derecho, deben ser estrechas y realizarse en el marco de la función propia que a cada ciencia social corresponde sin renunciar al primado de la razón y del Derecho. No es que la economía o las finanzas sean más importantes que el Derecho o la regulación. No es ese el tema. Más bien, se trata de que el Derecho y la regulación trabajen codo a codo con la economía y las finanzas, algo que a día de hoy dista de ser real porque mientras contemplamos la realidad de la globalización económica y financiera, la jurídica brilla, en términos generales, por su ausencia. Hoy, el Derecho y la regulación van por detrás de la economía y de las finanzas. Es decir, la eficiencia tiende a realizarse al margen de la justicia con las consecuencias que todos contemplamos a diario.

En este contexto, no es difícil tomar conciencia de lo que pasa.  Lisa y llanamente, la economía y las finanzas se han erigido en ciencias superiores al Derecho y a la regulación y han pretendido, en muchas ocasiones, utilizarlos a su servicio. Igual que en tantas oportunidades el poder político intenta domesticar al Derecho y a la regulación convirtiendo a ambos en un aliado a la causa partidista, así también el poder económico y financiero pretende que el Derecho y la regulación no sean más que los instrumentos adecuados para conseguir mayores beneficios en el más breve plazo de tiempo posible. Por eso, es menester que el Derecho y la regulación recuperen su función propia y se instalen efectivamente en la globalización, precisamente para garantizar unos intercambios de bienes y servicios más justos y más humanos.

El desprecio del derecho y de la regulación, o su conversión en instrumentos más de la racionalidad económica unilateral, es otra de las causas de una crisis que siendo moral porque afecta a valores, lo es también del derecho, de la regulación, de la economía y de las finanzas. Unas ciencias sociales que deben volver al pensamiento, abierto, plural, dinámico y complementario en un marco de constante humanización de la realidad. De lo contrario seguiremos en un ambiente en el que reina soberanamente el beneficio por el beneficio y el poder por el poder. @jrodriguezarana en @mundiario