Las dosis y los venenos

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. / Cadena Ser
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. / Cadena Ser
Paracelso en el siglo XVI llegó a la conclusión de que: “nada es veneno, todo es veneno, dependiendo de la dosis”.

La dosis de verdad que podemos soportar está fuertemente condicionada hoy en día por narraciones políticas, religiosas y culturales.

La enorme cantidad de dosis de “verdades” que aceptamos sin analizar como correctas, después de leerlas, o de oírlas en los medios de comunicación en relación con acontecimientos tan dispares como: las guerras de Ucrania, o de Israel, las elecciones recientes, la marcha de nuestra economía, la corrupción, o las relacionadas con las intenciones del gobierno de España y de su presidente Pedro Sánchez lo impregnan todo.

Dando por descontado, en la práctica, que los hechos concretos y las soluciones a los problemas reales, no parecen interesar a una buena parte del electorado, los que sí tenemos todavía una mínima capacidad de crítica debiéramos ser más cautos a la hora de analizar cualquier información.

Lo cierto, es que se vive entre la nostalgia de aquello que nos relatan sobre nuestra historia pasada, conozcámosla o no, y las propuestas que nos hacen sobre lo que podría ser, aunque eso sea irrealizable, pero nos gusta creer como cierto.

Los bulos  que se impulsan desde la ultra derecha y la derecha en el mundo actual y concretamente en España, son los fármacos en forma de píldoras que tragamos diariamente desde las redes  y desde ciertos medios de comunicación, (la palabra escrita se parece mucho a la verdad),  y,  si además asistimos a opiniones en  tertulias y declaraciones de  responsables políticos con los que muchos  comulgan, no por convicción, ni por criterio propio, sino por que refuerzan con su narración lo identitario, lo de nuestra tribu, lo de nuestro equipo frente a los contrarios, se llega a una conclusión trágica, los hechos que convienen políticamente, se crean o inventan, y  las afirmaciones no hay que probarlas.

Tenemos la enorme capacidad de construir mentiras y la inclinación de creérnoslas en una especie de autoengaño colectivo.

Son, la interpretación de estos hechos emocionales los que marcan las agendas.

Muchos creen a muy pocos, y esos pocos son los que nos regalan los oídos confundiendo libertad e igualdad, los que señalan a culpables sin pruebas en los tribunales para eliminar a sus contrarios, los que venden falsos futuros y los que convierten las patrañas en verdades a fuer de repetirlas.

Nuestro sistema educativo está diseñado desde siempre para memorizar mucho, pero para pensar poco.

Desmontar los bulos que corren exige mucha energía, medios, y cierta capacidad intelectual individual.

Esos bulos provocan miedo e incertidumbre, y muchos prefieren permanecer en aquello que creen sin esfuerzo porque les da la seguridad del rebaño y la manada.

Nuestra actual democracia tiene miedo de recordar y nuestro lenguaje, en decir, afirmaba Galeano, y en esta situación quien se resiente es ella misma, las instituciones y nosotros.

 El principal peligro de nuestra democracia es la simplificación y los eslóganes fáciles de recordar que aceptamos sin más en forma de comprimidos mediáticos.

Somos proclives a la cólera y al enfrentamiento, y estamos más dispuestos a sospechar rápidamente, que a informarnos con tranquilidad.

La polarización populista agudizó aún más todo ello y a ello contribuye una justicia muy lenta y a veces partidista con resultado de impunidad y daños colaterales.   

Cuando no se acepta por el PP renovar el Consejo del Poder Judicial, cuando se miente públicamente una y otra vez sin consecuencias, cuando se denuncia diariamente una inseguridad inexistente, (materia prima de las industrias de seguridad), cuando se insiste en la quiebra de las pensiones o de la sanidad, en resucitar un terrorismo inexistente, cuando se llenan los discursos  de falsas alarmas  independentistas, de xenofobia, entramos en modo  de irracionalidad y miedo, que solo ve peligro ante cualquier cambio, por mucho que este nos favorezca.

Estamos en bucle permanente, unos intentando en vano explicar los resultados y los hechos, y otros  fabricando y administrando grandes dosis de veneno. @mundiario

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