Azaña envía un mensaje a Sánchez desde sus memorias sobre Cataluña

La vigente del mensaje de Azaña que Sánchez debería conocer.
Si Sánchez leyera los cuadernos de Azaña sería más prudente en sus cesiones ante las exigencias y patrañas de Puigdemont, las mismas de Companys

Aunque es bastante dudoso que Pedro Sánchez haya leído las memorias de don Manuel Azaña, si lo hiciera hallaría allí, como ya he comentado, algunas reflexiones que le serían de utilidad en sus tratos con Puigdemont desde la propia decepción que le causó en su tiempo Companys, al presidente de la República, luego de que él mismo fuera el más decidido defensor de la autonomía, plasmado en el Congreso de los Diputados, frente al análisis que del mismo asunto hiciera don José Ortega y Gasset, quien vaticinó que el conflicto catalán no tenía solución y que catalanes y el resto de los españoles teníamos que aceptar que no nos quedaba otro remedio que convivir. Por eso, de nuevo, cabe preguntarse si va a triunfar Sánchez donde fracasó Azaña. Y es que Puigdemont repite, incluso con más ímpetu las mismas patrañas de Companys que Azaña desmontó. Y es que se repiten, como eso de la lucha de Cataluña contra un Estado opresor desde aquel 11 de septiembre de 1714, como si aquello fuera guerra entre dos naciones y no una contienda reducida a los partidarios de dos candidatos al trono de España, y lo que es peor, que se siga diciendo que el Decreto de Nueva Planta y las medidas adoptada por Felipe V y reyes posteriores, como Carlos III, fueran el final de la Cataluña libre y no una serie de benéficas medidas que acabaron con derechos medievales y le abrió salida a nuevos mercados, acabando con los privilegios exclusivos de Sevilla y Cádiz.

La plena integración en la Corona benefició a los catalanes, que inicialmente exportaban sus productos a través de representantes comerciales instalados en los puertos de Sevilla y de Cádiz, que tenían el monopolio del comercio americano. En 1756 la Corona autorizó el puerto de Barcelona a enviar barcos a América, pero debían detenerse antes en Cádiz. En 1765 se abrió a nuevos puertos el comercio con las Antillas y en 1778 el rey Carlos III decretó el libre comercio, que rompía de manera definitiva con el monopolio de Cádiz. El trasiego con América de productos manufacturados y el retorno de materias primas para sus industrias es el origen de grandes fortunas de Cataluña. Pero Puigdemont olvida esta historia. En la propia historia de Galicia, a partir de 1750, figura la llegada por oleadas de catalanes de Blanes, atraídos por las perspectivas de negocio que les brindaba la riqueza de las rías. Estaban aquí ocho meses y regresan a Cataluña para que parieran allí sus mujeres, de modo que hasta comienzos del XX no empezaron a casar aquí.

En los Diarios de don Manuel Azaña, si Sánchez los leyera, hallaría razones para ser cauto y precavido y al observar como Puigdemont reproduce el discurso victimista del pasado, podría ser más prudente a la hora de sus cesiones en cadena y dejar de afirmar que ha enderezado el conflicto catalán, que las cosas no son las de 2017 (de las que culpa al PP y a los jueces que aplicaron las leyes en vigor) y, como predican sus tamborileros que, al perdonar a los sediciosos y poner a cero sus responsabilidades, se finaliza el procès y comenzará un nuevo tiempo de las relaciones de Cataluña con el resto del Estado español. Por lo visto, lo que digan el mismo Puigdemont, Aragonès y otros de la amnistía es punto y seguido para las siguientes fases hasta lograr el objetivo final, que es la independencia, no le preocupa. Hará lo que sea por seguir en la Moncloa, olvidando aquellos principios que nos dijera eran el fundamento de su acción política.

Azaña denuncia la deslealtad de Companys

En sus diarios, Azaña reproduce las conversaciones en las que se desahoga con Pi y Suñer, consejero de la Generalitat, y dedica duros reproches a la actitud de Companys  y su deslealtad del presidente de la Generalitat hacia la República. El presidente se refiere en varias ocasiones a Companys en sus Cuadernos de la Pobleta. El relato es muy completo e incluye infinidad de datos como las revelaciones de Prieto sobre la fuga de capitales y joyas de catalanes a otros países. Azaña se refiere al odio de Companys contra Negrín y la decepción de que “los soldados catalanes no sepan por qué combaten”, si no es por la República. También se refiere a aventuras fallidas para construir la Gran Cataluña, como la invasión de Baleares en las que se pierden medios y vida. Otros capítulos se refieren a la dejación de su autoridad ante la CNT-FAI de Companys, al tiempo que se salía de sus competencias e invadía las del Estado y se apropiaba de propios bienes e instalaciones del mismo en Cataluña, el intento de hacer la guerra por su cuenta y otros desafueros que obligan al Gobierno de Madrid a hacerse cargo del orden público, y desmontar el consejo de defensa, dentro del marco general de desafección de Cataluña. En este clima, como se dice en este tiempo, ya entonces se consideró que las fuerzas de la República en Cataluña eran “un ejército de ocupación”. Azaña llega a acusar a Companys que, de tener medios, volvería las armas contra la propia República, mientras se acusa al Gobierno central en términos semejantes a los de nuestro presente, y todo lo que hace evidente su desafección. El descontrol y la libre andadura del anarquismo, llega al extremo de la emisión de moneda falsa, o la amenaza de que Cataluña puede enviar a Madrid a una masa de anarquistas para apoderarse del Banco de España, ante cuyo mensaje se pregunta si ese asalto serán por cuenta de la Generalitat o del CNT-FAI. Azaña señala que el mismo gobierno de Companys lleva a cabo por su cuenta en Barcelona.

Precisamente ahora, que se reivindica el reconocimiento de Cataluña y Euskadi, como naciones plenas, diferentes de España, hay un documento de enorme importancia. El volumen VI de las obras completas de Azaña, promovido por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Editorial Taurus, Madrid, 2008), en una carta de Azaña a Carlos Esplá, fechada en La Prasle, Collenges-sous-Saléve, el 26 de abril de 1939,  don Manuel se niega a colocar su firma de apoyo a la Asociación Republicana de Amigos de Francia (que quiere expresar su agradecimiento por haber acogido a los republicanos exiliados), porque dicha entidad está dividida en tres secciones: española, catalana y vasca y sus respectivos presidentes (Companys y Aguirre, en los dos primeros casos). Azaña no acepta esta fórmula, es como su último acto en defensa de la República y si integridad en una sola nación. Y escribe: “me sorprende un poco (un poco nada más) que los no incluidos en el «hecho diferencial» se presten a este juego. Pero, en fin, allá ellos también. Como no tengo obligación de soportar sandeces, y soy, al cabo de tanto tiempo, dueño de mis actos, y único administrador de mis ideas, me he negado terminantemente a autorizar con mi aquiescencia, ese proyecto”. ¡Qué bien le vendría al doctor Sánchez haberse enterado del mensaje permanente de don Manuel Azaña que sigue vivo en sus obras!@mundiario.