ZONA FRANCA

Divulgar los mensajes de Sánchez a Ábalos son delito y los de Rajoy a Bárcenas no

Ábalos con Sánchez en el Congreso. /RR SS de F.R.

Se ha puesto en marcha la maquinaria de convertir lo blanco en negro: Lo impúdico eran los mensajes de Rajoy a Bárcenas, pero los de Sánchez a Ábalos son meras conversaciones privadas

Lo mejor de todo es la explicación que sale de las bodegas del PSOE. Da un poco la risa. Se ha puesto en marcha la maquinaria de convertir lo blanco en negro: Dejar de cumplir los principios del partido, ignorar su propio programa y compromiso con los electores (como en asunto del Sahara); hacer lo contrario de lo que se anunció que nunca se haría no es mentir, sino cambiar de opinión; un monigote de Sánchez es un delito; otro le Rey, libertad de expresión. Y más, no tener aprobados los presupuestos obliga a convocar elecciones, si la pasa a otros, pero no a uno y por fin, divulgar los mensajes de otros es una cosa normal, pero que se publiquen los de Sánchez al que fuera su número 2, colocador de mancebas y disfrutador de orgias en espacios públicos es una gravísima vulneración de la intimidad. Lo impúdico eran los mensajes de Rajoy a Bárcenas, pero los de Sánchez a Ábalos son meras conversaciones privadas, sin la menor transcendencia entre dos amigos.

El “Sanchismo” es algo más que un modo de entender la política y el modo de alcanzar el poder prescindiendo de los mismos principios que se invocan. Es una forma de vida, al margen de toda normal moral, del sentido de las palabras y de la confianza en que el país es, como dijera Ortega, esa “masa de bóvidos” que traga todo. Hay una escena que, en sí misma expresa a qué punto ha llegado la deconstrucción del Estado que iniciara Zapatero y Sánchez perfecciona. Un ex etarra, condenado por serlo, y un fugado de la Justicia, o sea Otegi y Puigdemont, flanquean a Sánchez y constituyen los dos pilares, sobresaliendo entre otros, que marcan la coalición de Gobierno de progreso. Con el primero nunca se pactaría y al segundo de lo iba a llevar ante el juez. Pero en el lenguaje transcriptivo de Sánchez quiere decir ir mandando para casa a los terroristas de ETA, como se le exigió (concentrándolos primero en Euiskadi) o conceder la amnistía a quienes cometieron delitos comunes, vigentes en el Código Penal, o ir desmontando la estructura del Estado, cediendo hasta competencias tan específicas como el control de fronteras y la emigración. Claro que antes, el mismo Sánchez dijera que lo de Cataluña fuera un delito de rebelión y que era contrario de que un político indulte a otro, y tras este paso se plegó al siguiente, conceder la amnistía que antes era inconstitucional. El nunca llegaría a la Moncloa con los que finalmente lo llevaron y sostienen allí.

Así que debemos reintepretar el puterio y colocación de barraganas por parte de quien fuera número 2 del PSOE, sujeto próximo a Sánchez como pocos, y quien fuera pieza esencial para su propia carrera, en la etapa de la que salió la moción de censura a Rajoy. Fue una cosa privada, censurable o no. Hay un delicioso vídeo en el que Ábalos anunciaba que el PSOE nunca recorrería el camino de su jefe a la Moncloa. Veamos: La difusión de conversaciones privadas, a priori, es un delito que se condena hasta con cuatro años. ¿Es que se ha aplicado cuando se divulgaban las conversaciones de Rajoy con Bárcenas que, entre otras cosas, sostuvieron la causa de las causas que Sánchez empleó como ariete para sacar de la Moncloa a Sánchez’? Pero estamos en el terreno de la política, sembrada de antecedentes semejantes que se consumaron sin problemas. La cuestión es la pregunta si el conocimiento de estos mensajes de confianza y apoyo afectan al interés general del Estado, lo que en su caso podría mover a la iniciativa del fiscal o, si como parece, son conversaciones privadas como tantas otras que el propio partido del presidente Sánchez han usado y usa, como conviene, como el asunto de las conversaciones del marido de la presidenta de la Comunidad de Madrid con la fiscalía. Pero, sobre todo, los mensajes de Sánchez a Ábalos se asemejan mucho entre sí. Pero en el caso de los de Sánchez a quien fuera su segundo hay un aspecto especialmente inmundo y rastrero, o sea, lo que le manda que haga y el modo en que los califica, el lenguaje empleado y el tono general de sus encomiendas a Ábalos contra otros dirigentes del partido, críticos con el modo que lo conduce y dirige el país. La última hora, es que el PSOE no iniciará acciones legales por la filtración de los mensajes. Así al menos se evitaría el ridículo. Y por cierto, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha señalado que de los mensajes de WhatsApp cruzados entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el entonces secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, se desprende que eran "uña y carne". @mundiario.