La dimitida Noelia Núñez no se apuntará al paro
En la vida pública el ejercicio de mentir debiera de estar penado, no por razones morales sino por falta de integridad y solvencia de quien lo ejerce socialmente. Sin embargo la mentira es la moneda de mayor circulación en el ejercicio del poder tradicional más antiguo del mundo. Desde el uso de la “mentira piadosa”, por parte de los burócratas de las religiones, a la “mentira como solución”, usada por infinidad de políticos, la calidad de buen mentiroso suele tener premio. La mentira es así una virtud a la que no todos los ejercientes llegan con facilidad. He ahí la razón por la que tantos y tantas se hunden en sus propias trampas al construir falsedades.
Acabamos de asistir a uno de esos tropiezos donde una parlamentaria ha caído de bruces contra el suelo de su partido. No contra la superficie ética como se pretende hacer ver. Noelia Núñez, treinta y tres años, una carrera fulgurante, una presencia impecable a la hora de usar la navaja dialéctica contra los contrarios, una polemista a prueba de bomba y bien sujeta al bisturí del argumentario oficial… ha puesto en solfa su futuro político por una “mentirijilla” propia de adolescentes. Con la dimisión de Noelia parecen querer decirnos desde el PP que la chapuza del mentiroso tiene castigo. Cuesta creerlo.
No deseo aplicar la piedad sobre la destrucción de la parlamentaria conservadora por mucho que me parezca una injusticia su situación al compararla con otras similares de su partido. Pongamos por caso el horror de Carlos Mazón sobreviviendo a la gran mentira secreta en que escuda su incompetencia, muertos incluidos. O las enamoradas sesiones de Isabel Díaz Ayuso. O los currículos cambiantes de Juanma Moreno. O el pasado de titulitis de Pablo Casado… La lista llega a donde no alcanzan los números. Entonces la pregunta salta de inmediato, ¿por qué la invitación al suicidio de Noelia? En un momento de estupor por el caso Montoro ¿los de Feijóo pretenden hablar de ejemplaridad con tan endeble historia? ¿Otra gran mentira para tapar las farsas sobre las que se sustenta el nuevo equipo nacido en el 21º Congreso de Madrid? Démoslo por bueno. Noelia mentía bien en las distintas tribunas televisivas por las que pululaba día y noche. Mentía mejor que Cuca Gamarra, que Tellado e incluso que el marinero jefe. ¿Ha despertado las envidias en sus filas? Parece lo más lógico, de lo contrario, con dos avemarías y un padrenuestro además de un tupido velo, habrían cubierto su escaño desplazándola a espacios de nulo protagonismo, llevándola a la sombra para transitar por el desierto a la espera de un regreso templado. Pero no. La han convertido en una mentirosa ejemplar.
No es que tenga simpatías por Noelia pero, repito, su caída es injusta dentro de una formación que por tradición maneja la mentira como los remos de la barca habitual para navegar por la vida pública, desde el invento de la posverdad en tiempos de Rajoy a la “España va bien” tapando las burbujas financieras de Aznar-Rato-Montoro, hasta la incapacidad derogatoria de Feijóo, mentir suele tener premio en Génova 13. De todos modos Noelia Núñez no se apuntará al paro. Ha sido contratada para participar en el programa de Cuatro, “En boca de todos”, uno de los de menor audiencia de las mañanas televisivas en abierto. A los directivos de Mediaset no les importa la fama de mentirosa con que la tertuliana llega a su universo mediático. Un síntoma más de la valoración positiva que la mentira tiene en la vida la publica en particular y en nuestra sociedad en general. Pretender que llegue el día en que la falsedad sea penada es una imposible utopía. @mundiario