Las dificultades de un Gobierno de coalición

Sala del Consejo de Miniisros en el palacio de la Moncloa. / Mundiario
Sala del Consejo de Miniisros en el palacio de la Moncloa. / Mundiario
En los últimos días, el Gobierno de coalición del PSOE y Sumar está pasando por su peor momento de desacuerdos y discrepancias legislativas que puede tener consecuencias muy previsibles.
Las dificultades de un Gobierno de coalición

La falta de acuerdos en el seno del Consejo de Ministros sobre propuestas legislativas y decisiones gubernamentales de política internacional, pone de manifiesto una coalición muy débil. Existen claros indicios de casi ruptura entre los dos equipos que se reúnen en la mesa del Gobierno.

Cada vez con más frecuencia, los ministros se ven obligados a diferenciar entre lo que piensa, o decide, la parte socialista del Gobierno y lo que piensa la parte de Sumar en el Gabinete. Unos no están de acuerdo con lo que manifiestan los otros. El equipo de Yolanda Díaz calla en la mesa del Consejo de Ministros o apoya iniciativas de los socialistas, pero en el Parlamento votan en sentido contrario. Por menos razones rompieron otros Gabinetes europeos.

Esto ha sucedido con el proyecto de Ley sobre la prostitución, lo iban a hacer con la Ley de Vivienda, sino la hubiera retirado la parte socialista. Esto ha sucedido con la decisión sobre política exterior, Marruecos, Israel o Argentina. No ha podido sacar los Presupuestos Generales del Estado para 2024 por desacuerdos dentro y fuera de la coalición.

Además, aunque existiera un buen ambiente de conexión entre los ministros coaligados, al Gobierno también le resulta imprescindible el apoyo de los grupos del bloque de la investidura de Pedro Sánchez. Sin ellos no puede sacar ninguna iniciativa adelante. Pues estos grupos ahora están el clara discrepancia con el investido y con su equipo. Y por si esto fuera poco, acaban apoyando propuestas del Grupo Popular.

El equilibrio parlamentario en el que debe moverse Pedro Sánchez, y el equipo que capitanea Félix Bolaños, es cada día más inestable, menos sólido, menos compacto. No resulta nada cómodo ni efectivo que un Gobierno tenga que negociar cada iniciativa con un número elevado de grupos dispares e imprescindibles. Cualquier deserción o abandono puede arruinar la iniciativa, el proyecto o la decisión que deba ser aprobada en el Congreso.

Y en esta situación, ya surgen voces de los portavoces gubernamentales reclamándole al Partido Popular más responsabilidad para sacar al sector socialista del Gobierno del atolladero en que le dejan sus socios. Es un quiebro mental, parlamentario y político un poco absurdo. No existe ni una razón para que los populares resuelvan los problemas que tiene Pedro Sánchez con el conglomerado de grupos que le invistieron sin haber ganado las elecciones.

Debe recordar que el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, le advirtió con toda claridad que no contara con ellos cuando le fallaran los socios nacionalistas. Lo hizo en dos ocasiones, públicamente, en la tribuna del Congreso. No hay, por tanto, sorpresa. Es un problema de los confederados para la investidura y ellos deben solucionarlo, si pueden. @mundiario

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