El día que dejé de ser del PSOE: memoria personal de una ruptura política
De la militancia universitaria socialista en la Transición al desencanto con el rumbo del partido bajo el liderazgo de Pedro Sánchez.
[A mi amigo Eulogio Carlos]
El día que dejé de leer El País, de Jorge Riechmann (Hiperión), es un libro de poesía en cuya primera página está mi letra que recuerda que lo compré un 23 de abril de 1999. Un poco ya desengañado y decepcionado con el periódico que leía desde su primer número de 1976, me topé con este libro de poemas en uno de los tenderetes callejeros habilitados en Madrid para la ocasión. Lo compré por el título y me gustó el contenido: una crítica a los medios de comunicación de masas y al liberalismo salvaje. Lo releo estos días y su crítica sigue vigente, aunque hayan pasado unos años.
“Es un lugar común decir que vivimos en la era de la información; en realidad vivimos en la era del ruido. La poesía habla siempre en voz baja, y con este nivel de ruido es casi imposible que se la oiga. Se halla condenada a la marginalidad: no porque tenga ninguna vocación especial para ella —le encantaría ocupar una posición central—, sino porque con este volumen de ruido no hay forma de entenderse”.
Pues bien, un ruido semejante se produjo en el PSOE con la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general, en sus dos diferentes entregas, pero con el mismo denominador común de una personalidad sin relevancia alguna pero alimentada de un desproporcionado ego personal. No soy capaz de situar el momento preciso en que dejé de ser socialista, pero sí que se debe sin duda a la irrupción de este personaje en la vida política.
En 1977, en primero de carrera de Derecho en Santiago, me afilié a la ASU (Agrupación Socialista Universitaria), que era así la rama universitaria del PSOE. Éramos cuatro gatos en la Universidad compostelana, dominada por los del SEU y los nacionalistas. He sido afiliado por tanto al PSOE hasta 1990, ya que al ingresar en la carrera judicial tuve que darme de baja por mandato constitucional. Pero mi distanciamiento efectivo del socialismo se trató de un proceso continuado por las peripecias de Pedro Sánchez en el partido y después en el Gobierno de la Nación.
La llegada de Sánchez a la secretaría general intensifica la dinámica de un partido progresivamente concentrado alrededor de la figura y la autoridad de su líder
Con la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE se agudiza, en efecto, la tendencia centrípeta de una organización cada vez más volcada sobre la personalidad central de un líder, decisor a la manera de un autócrata, de cuanto puede suceder en cualquier ámbito orgánico y territorial del partido socialista.
A propósito, releo ahora un documento que, con el título Socialismo es libertad, publicó Felipe González en 1978. Por lo que a mí más me afecta, el ex secretario general del PSOE escribía: “La justicia, hacer justicia, promover la justicia es cosa nuestra: oficio de socialistas”. Pero, además, este documento fundamental constituyó el programa básico y de principios que los españoles apoyaron masivamente en las elecciones de 1982 que llevaron al PSOE al Gobierno de la nación. Allí podemos encontrar un balance de la Transición junto a las acciones a poner en marcha en materia de educación, políticas sociales, autonomías, economía o convivencia. El socialismo comenzó a enraizar entre los españoles por la fuerza y la efectividad de la política llevada a cabo desde los municipios a partir de 1979, en una España que no renunciaba a progresar hacia una democracia avanzada.
Sin embargo, hoy Pedro Sánchez no representa aquel socialismo, ya inexistente. El PSOE ha sufrido una derrota espectacular en Extremadura y Aragón. Posiblemente ocurra algo parecido este domingo en Castilla y León, y después en Andalucía. En ninguna de las encuestas aparece la posibilidad de que el PSOE vuelva a gobernar en coalición, mientras que la suma de PP y Vox lo haría holgadamente. El partido está agonizando internamente, vacío de contenido socialdemócrata desde hace tiempo y sin que se vislumbre solución alguna más allá de la alargada sombra de un secretario general que seguirá allí pase lo que pase en 2027. @mundiario