La desmesura en política, un error que descalifica

Feijóo pidió a Sánchez que le permita gobernar durante dos años.

Rubiales ha brindado al Gobierno una performance de verano que, de momento, solo ha producido frustración. Feijóo pierde crédito cada día con decisiones erráticas.

Los griegos llamaban hybris a la desmesura en el comportamiento, lo contrario del ideal clásico de armonía. No parece que el mundo político actual sea muy leído, salvo que lo hagan como un vicio oculto del que procuran no dejar huella en sus expresiones públicas. Esta misma semana hemos asistido a dos ejemplos sorprendentes de desmesura en los comportamientos de quienes, por sus altas responsabilidades, se supone que son celosos de su imagen y cuidan sus palabras.

En el primer caso, todas las furias del Gobierno, de los medios de comunicación y de infinidad de personas con más o menos relevancia, por no hablar de las redes sociales, han descubierto al enemigo del pueblo y se han lanzado contra él en una operación con muy pocos precedentes. Varios ministros, Presidente y Vicepresidenta, líderes de los partidos y otros personajes han rivalizado en denuestos de quién es ya un condenado en vida antes de que se haya emitido sentencia alguna por quién debe hacerlo.

El personaje es naturalmente el jefe máximo del fútbol español, un villano de libro que en cualquier casting sería seleccionado de inmediato para el papel de antihéroe: machista, arrogante, grosero, hortera, etc. Que hasta ayer se le hayan perdonado otras trapacerías de gran notoriedad no dice mucho de quienes debiendo haber actuado en su momento y transigiendo en todo, ahora corren presurosos a lanzar su piedra en la lapidación mediática.

Era agosto y había prisa por ocupar el vacío mediático con un asunto de más morbo que las mortecinas discusiones sobre la investidura. Nada menos que el Me Too en versión hispana. Los medios respondieron con las televisiones en cabeza repitiendo en bucle las imágenes y los argumentos. En horas, afirmó flemático el responsable de Deportes del Gobierno, se lograría la destitución del culpable. Pasaron las horas y un tribunal administrativo formado por juristas designados, dato relevante, juzgó insuficiente la documentación enviada por el Gobierno y pidió más pruebas. Como el Gobierno se retrasó, el tribunal también se lo tomó en calma de modo que emitió su resolución diez días después de los hechos y, con gran sorpresa, no hizo lo que le pedían u ordenaban desde el Ejecutivo y la opinión pública, sino que adoptó una calificación de los hechos que obliga a un expediente donde será oído el interesado, antes de la resolución definitiva.

Por el camino se cruzó un organismo que acumula escándalos en su historia, la FIFA decidía la suspensión provisional del Presidente, lo que no era capaz de lograr todo el griterío político y mediático de España. Y ahí estamos. Mientras que las denuncias por el escándalo de jugar la Supercopa en Arabia Saudí, uno de los países del mundo más represores de las mujeres, no ha motivado actuación alguna del Ejecutivo, ni siquiera cuando se ha descubierto que la operación generaba jugosas comisiones para el dirigente futbolístico y para su socio. Y así con otros escándalos suficientemente conocidos. Una cultura de la impunidad que rige en el fútbol, teñido de discriminación de género que ahora, como una epifanía, llama la atención de la Ministra de Igualdad o de la Vicepresidenta de Sumar.

Tras cinco años en el Gobierno descubren que las estructuras del fútbol discriminan y que, peor todavía, nada se ha hecho para cambiarlas. Y quién dice el fútbol, dice del Comité Olímpico Español, donde solamente el 10% de sus miembros son mujeres, o donde solamente hay dos mujeres entre los sesenta Presidentes de Federaciones. Sí, queda mucho por hacer, sin desmesura y con rigor.

La desmesura de Feijóo

Al candidato popular se le hizo larga la campaña electoral y se le está haciendo eterna la investidura. Pidió un mes de plazo que le concedieron al momento para verlo ahogarse en sus contradicciones. Mendigó un Gobierno de dos años con el PSOE a cambio de unos etéreos compromisos de regeneración, se humilló con el PNV recurriendo al teléfono cuando le negaron una entrevista, para que al día siguiente su interlocutor Urkullu, pidiese nada menos que una revisión constitucional por la vía de los hechos, minando un poco más la igualdad en favor de los privilegios. Ha recibido el desprecio de Sumar, quiere reunirse con Junts, ¿con Puigdemont tal vez? Mientras censura que Sánchez haga lo propio y como colofón se enreda con Vox cada día un poco más. De la inicial postura gallarda en Extremadura y en Murcia a la claudicación sin condiciones.

Desgraciadamente, comienza a parecerse a Pablo Casado en sus decisiones erráticas en las que es difícil encontrar una estrategia que no sea la improvisación. De nuevo la desmesura de quien creyéndose ganador no ha comprendido que está derrotado. Díaz Ayuso (44 años) le acaba de afear a Feijóo (62 años) su bisoñez. El reloj comienza a correr y no es el de la investidura. @mundiario