La derecha catalana puede lograr mayoría absoluta en una sociedad progresista

Sílvia Orriols (AC) e Ignacio Garriga (Vox)
A pesar de la existencia de una cultura política progresista y de un establishment mediático favorable a la izquierda, PP, Junts, AC y Vox pueden lograr mayoría absoluta en Cataluña.

En nuestra retina política Cataluña se presenta como una sociedad abierta, tolerante, progresista y con sentido de redistribución de la riqueza. En este sentido y según PR Agency, el 55% de los catalanes son de izquierdas. Y solamente el 22,2% se circunscribe a la derecha. Además, y a diferencia del conjunto de España, el establishment mediático principal (TV3, La Vanguardia y El Periódico de Catalunya) pivota en torno al centroizquierda. Debemos considerar, también, el hecho de que el apaciguamiento postprocés se debe mayoritariamente a fuerzas progresistas (PSC, Comuns Sumar y ERC). Y no podemos olvidar de quién lidera el Govern: Salvador Illa, un socialdemócrata de corte sanchista con un perfil centrado, conciliador y dialogante.

Sin embargo, en septiembre de 2025 la empresa Ipsos publicó una encuesta según la cual PP, JxC, Vox y Aliança Catalana obtuvieron 69/135 diputados autonómicos. Por si fuera poca la sorpresa, la derecha alternativa (Vox y AC) sumó un 24% de los sufragios; tan solo un 1,1% menos que la primera formación, que sigue siendo el PSC. Recordemos que esta última organización está fuertemente ligada al PSOE, pero es jurídicamente un partido distinto -como UPN y PP en Navarra- de los de la calle Ferraz.

¿Cuáles son las causas de esta paradoja demoscópica?

1. Inmigración: Según el Institut d’Estadística de Catalunya, en 2023 llegaron 126.804 inmigrantes a esta Comunidad Autónoma. La posición del catalán promedio fue de escepticismo, según establece el CEO, quien ha indicado (noviembre de 2024) que el 60% de los catalanes creen que hay demasiada población extranjera.

2. Pobreza: De acuerdo con el Institut d’Estadística de Catalunya (febrero de 2025), un 24,4% de los catalanes está en riesgo de pobreza. Mientras tanto, las administraciones central y autonómica se ven incapaces de solucionar este problema, así como de reducir los niveles de desigualdad: la OCDE estableció (2024) que el incremento de la desigualdad en Cataluña fue de un 4,9% en el período 2010-2022. Además y por regla general, la lucha contra la pobreza fomenta la existencia de mejores niveles de seguridad, el cual será el punto siguiente.

3. Seguridad: Según el Ministerio del Interior, la delincuencia convencional bajó un 3,4% en el segundo trimestre de 2024. Sin embargo, Cataluña es la CC.AA. con mayor número de delitos relacionados con el narcotráfico. Además, esta institución pública recogió en septiembre de este año que hay una media aproximada de cinco agresiones sexuales diarias. Y en relación a las okupaciones, el CGPJ (julio de 2025) establece que esta Autonomía lidera el ránking de esta tipología delictiva. Barcelona la encabeza a nivel provincial.

Mientras todo esto sucede, la izquierda minimiza la delincuencia y no establece medidas contundentes de endurecimiento penal (Código Penal y Ley Orgánica 4/2000 de Extranjería) ni tampoco de aumento de efectivos de seguridad: Así, organizaciones como SUP o la AUGC sostenían en 2019 que eran necesarios 10.000 efectivos más entre policías y guardias civiles para incrementar nuestros niveles de seguridad nacional. Además, la legislación estatal prohíbe la actuación de militares con funciones policiales.

4. Vivienda: En el conjunto de España el sanchismo no ha sido capaz de fomentar el alquiler de viviendas vacías (mejora de la oferta), de acabar con los pisos turísticos, con los fondos buitre o de regular eficientemente los precios de los alquileres.

En lo que se refiere al caso concreto catalán, aparte del mencionado problema de la okupación, existe un déficit acumulado de 124.582 viviendas, de acuerdo con un estudio de CaixaBank Research (2025). En relación a los precios de inmuebles, el alquiler medio es de 1.463 euros (Índice de Precios de Fotocasa, 2025), mientras que el del metro cuadrado en propiedad lo es de 2.647 euros/m2 (Idealista, 2025).

Ante toda esta situación inmobiliaria, es comprensible el malestar social.

Por otro lado, conviene recordar que, de todos estos indicadores, Illa es menos responsable que Pedro Sánchez, ya que el madrileño llegó a la Moncloa en junio de 2018, mientras que el de La Roca del Vallès reside en Plaça de Sant Jaume desde agosto de 2024.

En conclusión, la izquierda catalana está desaprovechando una favorable estructura político-cultural y de poder social que no existe en ninguna otra Autonomía. Pues en Cataluña los progresistas detentan el poder político-administrativo autonómico, ejercen un gran dominio a nivel local, la mayor parte del ecosistema mediático le es afín y un sector relevante de las élites económicas del noreste ve en Illa un gestor moderado y pragmático. A ello se suma el tradicional apoyo de otros lobbies tradicionalmente izquierdistas (sindicatos, ONG…) a los diferentes partidos de corte socialista. Además, el Gobierno de la Nación es ideológicamente afín al de la Generalitat y es también sensible a las demandas catalanistas. Sin embargo, la dificultad para solucionar algunas cuestiones complejas (por ejemplo, la vivienda, la lucha contra la pobreza y la desigualdad o el impopular aumento de inmigrantes) o el ejercicio de buenismo progresista en otras (seguridad) están haciendo que la derecha pueda llegar a ser mayoría en el Parlament.

En relación a este último capítulo temático, recordemos que la seguridad es un derecho de todo el mundo y que quienes son más vulnerables ante esta son las clases más humildes. Minimizar la inseguridad estereotipa a los líderes de izquierdas como buenistas alejados de las clases populares y abre las puertas de estas a Vox y a AC, partidos que no son ni patriotas (en el sentido social) ni obreristas, pero cuyo discurso populista conecta con buena parte de la ciudadanía. Políticos como Ada Colau ejemplificaron con su discurso y acción municipal el buenismo progresista, el cual ha sido enormemente dañino para la izquierda catalana (y también para la española) desde el punto de vista socioelectoral. De esta manera, si PSOE, PSC y Comuns Sumar no se toman realmente en serio el problema de la delincuencia, no deberían quejarse luego de que muchos obreros acaben votando a la derecha radical.

Si finalmente PP, JxC, Vox y AC alcanzan o superan entre todos ellos los 68/135 escaños, tendrán la oportunidad de formar gobierno, aunque la gestación del mismo sería muy compleja si finalmente ocurriere. Ello demostraría la incapacidad de la izquierda de buscar soluciones efectivas a los problemas de las clases populares y, por tanto, de conectar con ellas más allá del “miedo a la ultraderecha”. Esta situación sería inconcebible a la inversa: por ejemplo, en territorios sociológicamente derechistas como Murcia, ya que -entre otros factores de éxito socioelectoral- la derecha (especialmente, la derecha alternativa) suele manejar la comunicación política de manera más sólida que la izquierda. @mundiario