¿Está la democracia en peligro?: informes internacionales alertan de un retroceso global
Dos recientes informes publicados en Estados Unidos llaman la atención sobre la recesión democrática. El primero, editado por el V-Dem Institute, titulado “El desmoronamiento de la era democrática”, subraya la tendencia declinante de nuestra forma de vivir y convivir, apreciando síntomas de una depresión. El segundo, editado por el Freedom House y titulado “La creciente sombra de la autocracia”, anota el declive de la salud democrática de numerosos países, incluida la de los Estados Unidos de América.
Siguiendo la pauta de ambos trabajos, tendríamos varios rasgos a destacar. En primer lugar, la libertad global está disminuyendo por vigésimo año consecutivo. Un total de 54 países experimentaron un deterioro de sus derechos políticos y libertades civiles; y tan solo 36 países mejoraron sus ratios. En segundo término, la población mundial que vive en autocracia aumentó del 50% al 74% del total, en tanto la que habita en democracias liberales que ofrecen la gama completa de derechos se ha desplomado, pasando del 17% al 7% del total mundial. En tercer lugar, siguiendo el trabajo del V-Dem Institute, nunca antes tantos países apostaron por un proceso de camino a la autocracia al mismo tiempo, marcando una senda un tanto peculiar y peligrosa, cifrándose a finales de 2025 un total de 92 autocracias frente a 87 democracias. Finalmente, subrayan los dos estudios citados que la libertad de expresión está disminuyendo con rapidez, hasta el punto que, en 2025, un total de 44 países registraron un retroceso. España se sitúa en el puesto 21 de los 179 países analizados, cuyo ranking encabezan Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza.
A la luz de lo que acontece en la actualidad, resulta fácil reflejar la existencia de dos trayectorias relevantes. La primera es el intento de algunos Gobiernos de derrocar a las democracias liberales desde dentro; esto es, proponiendo limitaciones legislativas al ejecutivo en los niveles más bajos de la historia. Un ejemplo de ello es lo que acontece en Estados Unidos donde, según V-Dem Institute, los derechos civiles y la igualdad ante la ley han caído a los niveles de los años 1960 y la “libertad de expresión” se encuentra en el nivel más bajo desde principios de la década de los cincuenta del pasado siglo. Este ejemplo se podría completar con actuaciones de otros líderes, tanto europeos como latinoamericanos, sobradamente conocidos. La segunda trayectoria que se observa es la impunidad ante la corrupción. Existe un cambio de paradigma: antes, el cargo público actuaba con responsabilidad; en la actualidad, ocupar un cargo público es una oportunidad, argumenta Martin Wolf en el Financial Times. De esta forma, algunos se benefician por poseer información privilegiada, por el otorgamiento de concesiones o firmas de contratos; y no es difícil encontrar supuestos de sobornos e irregularidades continuas en el ámbito de la gestión pública.
Los índices ponen de manifiesto, por ejemplo, que EE UU se encuentra ahora mismo al mismo nivel que Sudáfrica
Las tesis predominantes inciden, en consecuencia, en una disminución de la calidad de la democracia y en un aumento de la velocidad de su deterioro. Los índices ponen de manifiesto, por ejemplo, que EE UU se encuentra ahora mismo al mismo nivel que Sudáfrica; y la velocidad de su deterioro es superior a la de Rusia, India, Turquía o Hungría.
El funcionamiento de ciertos líderes en determinados países ayuda a comprender este fenómeno. Muchos políticos gobernantes aspiran a ser autócratas; y aquellos que no se lo pueden permitir por el momento, a causa de las circunstancias institucionales de sus países, buscan cualquier medio para sortear las legislaciones vigentes. Sus actuaciones se guían, en primer lugar, por “ganar” elecciones cueste lo que cueste para mantenerse en el poder y así continuar en su empeño personal; y, en segundo lugar, se observa cómo se hacen campañas de repudio a los valores básicos de la democracia, desacreditando cualquier avance en los derechos personales y civiles; en los sistemas de control, supervisión y rendición de cuentas; y polarizando al máximo con insultos permanentes a los oponentes. Lo que buscan dichos políticos y dirigentes, ejemplos tenemos, es familiarizarse con el despotismo como fase previa de una autocracia.
La sociedad, ante estas dinámicas, debe aunar voluntades y dar respuesta total en defensa de los valores democráticos. Los Estados no pertenecen a un gobernante, sino a los ciudadanos; y las leyes están para defendernos y protegernos. Las últimas manifestaciones en Estados Unidos así lo definen. De ahí la trascendencia que poseen dichos estudios y la necesidad de ser divulgados. @mundiario