La dana maldita es el infierno para todos

Estragos de la dana en Valencia. / RR SS.
En una democracia sana, las responsabilidades deben asumirse con claridad y transparencia, especialmente cuando la gestión de una crisis deja un rastro de víctimas y caos.

“Todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca” (gato de Cheshire, en Alicia)

Todos hemos visto la dana. Muchos han sufrido sus terribles consecuencias. Pensábamos que no era necesaria su interpretación tan unilateral. Aquí una persona absolutamente responsable. Una democracia sana pide la dimisión. Con ella todos volveríamos a nuestro lugar natural y todo habría terminado.

 ¿Qué quedaría entonces? Solo la tarea de reconstrucción, a la que tendríamos que dedicarnos en exclusiva. Eso sería si estuviéramos normales. Ahora bien, es aquí todos estamos locos, políticamente. Y es que nos sabemos aprovechar lo peor y acudimos siempre a los malos ejemplos, como sucede en otras latitudes.

Aquí lo que se está produciendo es el peor ejemplo de inmoralidad y falta de responsabilidad. Lo que a uno le interesa es salvarse a sí mismo, caiga quien caiga. Yo también tengo derecho a mi honorabilidad, aunque sea con una huida hacia adelante. Dado que hay muchos responsables, menos yo, lo que corresponde es que todos vayan a la cárcel. La responsabilidad de la exconsejera es mínima Hay factores externos y estructurales que pueden haber influido en la tragedia.

Lo fácil es buscar una “cabeza de turco”, una forma rápida de que alguien pague sin ser culpable. Ella no ejerció el mando único de la dana. Entonces ¿de quién fue la responsabilidad? La cuestión no es tan simple, sino de una gran complejidad.

Esparcir la responsabilidad por aquí y por allá es una manera de no encontrar al responsable, derivarlo todo hacia los técnicos del Centro de Cooperación Operativa Integrada (CECOPI), la Delegación del Gobierno, que lo ha desmentido que se lea la normativa, y el Gobierno mismo de la nación, la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), por las obras en barranco del Poyo, los protocolos inexistentes, o la atmósfera climática, que cayó tan repentinamente. Esto lo desmiente Universidad, que cerró con los mismos datos que tenían todos.

Todo esto es una burda maniobra que no tiene justificación posible. Al único que no cita la exconsejera es al presidente Mazón. Quizás le parezca tan evidente que no valga la pena notificarlo, o puede que sea anecdótico, como dice otra, las muertes que han ocurrido. Ya no existen ni la vida ni la muerte. Ahora bien, esto puede llevar a la picota a Salomé Pradas y hundirla más por querer salvarla.

¿Qué dice la normativa? Establece claramente su función exacta y exclusiva de Pradas: “determinar, en función del tipo y la gravedad de la emergencia, las medidas de protección a la población que deben adoptarse”. Es decir, que era la que mandaba en ausencia del presidente Mazón, que estuvo desaparecido hasta las 20:28 H. de aquel fatídico día. Acerca del mando único, la exconsejera afirma que “no es verdad”. Es decir, que no se ha leído la normativa.

¿Cuál es la función de los abogados? Tratan de salvar a su clienta. Su actuación es verosímil y bien construida técnicamente, pero no destruye el contenido de la jueza instructora de Catarroja, que argumenta exactamente lo contrario de los defensores.

Las 228 víctimas exigen depuración de responsabilidades penales, no solo administrativas. Los abogados defensores atacan el “apriorismo” de la jueza con una argumentación elegante, pero no convincente. Parece que la jueza no tuviera experiencia en las defunciones y se limitara a opinar. Lo que cuestiona es la relación de causalidad entre la actuación de la exconsejera y las numerosas muertes. Hasta le parece “algo disparatado” por la montaña normativa necesitada”. Desvía bien la atención.

Claro que hay un abismo entre la calidad técnica de los abogados y las declaraciones manifestadas por Pradas. En contra de esta última, no ha mostrado ninguna altura. El partido queda entre Nuria Ruiz Tobarra y los abogados defensores de Pradas, quienes tienen un gran lío entre ellos. Con lo fácil que habría sido reconocer los hechos, pedir perdón, presentar la dimisión correspondiente. Habría sido “simple como Silvain”, según el título de un film actual.

Expongamos la defensa de Pradas con claridad: solo busca desviar la responsabilidad penal de la defendida, centrándolas en futuras responsabilidades estructurales administrativas más amplias. Mientras tanto, critican la falta de coordinación entre las distintas administraciones. ¿Cómo lo hace?

-Diciendo que no existió mando único, sino codirección entre Pradas y Pilar Bernabé, delegada del Gobierno. Por eso no se le puede atribuir toda la responsabilidad.

-Faltaban infraestructuras en el barranco del Poyo para el encauzamiento de los ríos.

-Hubo imprevisibilidad de la catástrofe.

-En otras tragedias no se responsabilizó penalmente a ninguna autoridad.

-No estaba protocolizado el sistema alertas.

En definitiva, la responsabilidad depende de muchos, como no, pero en ningún caso se señala al verdadero protagonista, que además se siente envalentonado por el apoyo de su partido. Es el único que, según él mismo, tiene lo que se necesita tener: presupuestos aprobados, no como otros. Lo que ocurre es que se encuentra todo cubierto por la vergüenza y oscuridad de la indignidad ¿Cuánto tiempo más va a durar todavía? @mundiario