Cuba ante su momento crítico: continuidad, negociación o conflicto
En el mes de mayo de 2025 escribí, en este mismo periódico, un artículo sobre la situación por la que estaba atravesando la sociedad de Cuba. En la parte final del texto, establecía algunas hipótesis sobre el desarrollo previsible de los acontecimientos en la isla caribeña. Literalmente, señalaba lo siguiente:
"Resulta muy complicado hacer un pronóstico sobre el futuro de Cuba. En todo caso, se pueden señalar tres escenarios teóricamente posibles en el horizonte temporal del próximo lustro: 1) la continuidad de la situación actual (deterioro de las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población y mantenimiento del poder de coerción que posee la élite política gubernamental); 2) una reedición —con nuevos protagonistas— de la vieja relación de dependencia económica con la URSS que, además de posibilitar el funcionamiento de un aparato productivo fuertemente subsidiado, favoreciera la viabilidad de algunas reformas políticas controladas; 3) apertura de un proceso negociador entre el gobierno, la oposición interior (que posee una reducida relevancia organizada) y la Administración norteamericana que permitiera alcanzar un acuerdo para el establecimiento de un sistema político pluripartidista homologable al que rige en la mayoría de los Estados latinoamericanos."
En el tiempo transcurrido desde mayo de 2025 hemos asistido a una fuerte aceleración de acontecimientos relevantes en el ámbito internacional. En el contexto geográfico más directamente relacionado con Cuba ocurrió algo muy trascendente: la intervención directa de tropas norteamericanas en el secuestro de Nicolás Maduro y la posterior sustitución del mismo por Delcy Rodríguez, con el aparente apoyo de la Casa Blanca. Las nuevas reglas impuestas por la Administración Trump en Venezuela supusieron la interrupción total del suministro de petróleo que llegaba a la isla caribeña. Tal circunstancia agravó la crisis energética que ya venía padeciendo el sistema productivo cubano y provocó un mayor empeoramiento en las condiciones de vida por las que atraviesa la mayoría de la población.
El agravamiento de la crisis energética amenaza con intensificar el malestar social en la isla. La negociación con Estados Unidos aparece como alternativa incierta frente a la continuidad del modelo actual
De los tres escenarios posibles que formulaba hace casi un año, resulta verosímil, en las circunstancias actuales, descartar la hipótesis de una mayor relación del gobierno cubano con los homólogos de Rusia o China que le permitiese —a corto plazo— el acceso al suministro petrolífero y el apoyo financiero para acometer reformas estructurales en el sistema económico que neutralicen los graves desequilibrios que padece la isla. Ni Putin ni los dirigentes chinos tienen suficientes incentivos para cuestionar el implícito reparto de zonas de influencia que late en la estrategia de la Administración Trump. A tal efecto, Ucrania y Taiwán figuran en el mismo tablero que Cuba. Y ya no estamos en el mundo bipolar de la vieja "guerra fría" que revalorizó extraordinariamente el papel de un país que, entonces, encabezaba Fidel Castro.
Por tanto, las opciones que quedan sobre la mesa son dos: el mantenimiento de la lógica continuista del gobierno que preside Díaz-Canel o el desarrollo de un proceso de negociación entre los dirigentes de Cuba y los de Estados Unidos. La primera alternativa puede implicar el surgimiento de serios conflictos sociales internos ante la carencia progresiva de recursos materiales para asegurar, incluso, el precario nivel de vida que se venía registrando en los últimos años. El eventual crecimiento de una dinámica de protestas que encuentre una fuerte represión por parte de las autoridades abriría un arriesgado e incierto futuro de muy difícil gestión para todos los actores involucrados en esta crisis.
Incógnitas ante una salida negociada
La posibilidad de una salida negociada con la Administración Trump está llena de incógnitas. Se está hablando de la existencia de conversaciones entre personas vinculadas a Marco Rubio y otras relacionadas con el círculo de Raúl Castro. Sin embargo, no hay constancia informativa pública y suficientemente contrastada sobre el alcance concreto de los asuntos que se están abordando en esos contactos. Podría pensarse que, tal vez, el gobierno norteamericano desea repetir la "fórmula" venezolana: aceptar la continuidad de la mayoría de la élite dirigente del PCC a cambio de concesiones importantes en materia económica. En tal caso, habría dos dificultades específicas para aplicar ese modelo: la menor entidad de los recursos productivos autóctonos que pudiesen ser controlados por los amigos de Trump y la persistencia —en el seno de algunos sectores del "establishment" norteamericano— de una pulsión vengativa por el triunfo de la Revolución de 1959 contra el régimen de Batista. Estas singularidades cubanas podrían incentivar la tentación de una intervención militar —aunque fuese parcial y temporal— en el propio territorio de la isla. Semejante perspectiva no se compadecería con una lógica medianamente racional, pero la presencia de una figura como Trump no asegura su inviabilidad práctica.
¿Y cuál es la estrategia negociadora que están siguiendo los dirigentes cubanos? Una pregunta decisiva con pocas respuestas de certeza contrastada. ¿Están dispuestos a introducir cambios significativos en el sistema político para conseguir —como contrapartida— una mejora en las deterioradas condiciones de vida que está padeciendo la gran mayoría de los habitantes? ¿Pueden aceptar un tránsito gradual hacia fórmulas de representación pluripartidista como las que hoy existen —por citar algunos ejemplos— en México, Brasil, Colombia o Uruguay? ¿Son realmente conscientes de que la indiscutible legitimidad de origen conquistada hace 60 años está quedando seriamente cuestionada por las graves dificultades para conseguir una legitimidad en el ejercicio del poder ante la propia sociedad?
Sería deseable que unos y otros fuesen capaces de llegar a un punto de encuentro que permita vislumbrar un camino de salida de este momento crítico. Está en juego la consecución de un bienestar básico para millones de hombres y mujeres que hoy están sufriendo intensamente en aquella tierra tan vinculada a nuestra propia historia. @mundiario