PENSAR POR PENSAR

Cuando la política se ejerce del gesto a la realidad

Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana. / RR SS.
Los de Mazón habían decidido que el valenciano debía dar las explicaciones de su inoperancia, respecto a la dana, por todo lo alto, en un hotel de lujo con amistades invitadas y medios de comunicación.

Es fácil imaginar al gabinete del PP de Génova y al mismo gabinete del PP de València corriendo contra reloj para cuadrar sus tiempos antes del pasado fin de semana. Mientras el equipo de Mazón organizaba en Madrid un desayuno de “impacto mediático” para el pasado lunes, el de Feijóo buscaba la escapada del líder para no acudir al acto. Actuaron usando el título de una película americana: “Tú a Madrid, yo a Telecinco”. Los de Mazón habían decidido que el valenciano debía dar las explicaciones de su inoperancia, respecto a la dana, por todo lo alto y sin contestación, ni en las Cortes valencianas, ni en la sede de la Generalitat, ni en el juzgado de Catarroja, ni en el Barranco del Poyo… el lugar idóneo y más democrático era un hotel de lujo con amistades invitadas y medios de comunicación. En la otra parte, Feijóo no tenía una actividad importante que llevarse a la boca así que nada mejor que recurrir a un medio amigo y hacerle un hueco en la programación de la mañana a la misma hora del desayuno. Resuelto.

En paralelo en los juzgados de Madrid por fin se iba a producir la declaración por fraude fiscal del novio de Isabel Díaz Ayuso. Por tanto, tampoco era plato de gusto para la presidenta madrileña estar en la capital del reino desayunando con Mazón rodeada por la prensa sin Feijóo. Así que se fue a Almaráz (Cáceres) lejos de los focos a reivindicar el uso de la energía nuclear. Almeida tuvo peor suerte, lo empujaron a presentar al valenciano mientras el escándalo de las compras de mascarillas y otros materiales “extraños” a Medina y Luceño también llegaba a los focos de los juzgados madrileños. Las ausencias se interpretaron como un “abandono” de la cúpula del PP a Mazón.

Así funciona la vieja política de gestos sin más contenidos que la foto muda, lejos de las mil palabras que pretende sustituir. Feijóo la practicó con suerte en Galicia y en Madrid ha venido utilizándola sin tanta fortuna. Por ello hemos visto como en lugar de transformar las políticas del PP solo transmite la metamorfosis propia. Desde el abandono de las gafas, adecuación del peinado y color de pelo, hasta el uso de trajes y corbatas más elegantes que los llevados en el equipaje desde Santiago.

El trabajo de su asesoría de imagen es impecable aunque no le suceda lo mismo con la construcción programática y de discurso. Si valiera la pena el esfuerzo, Feijóo es un ejemplo palmario para estudiar sociológicamente lo que media entre la política gestual y la realidad. Y el presunto estudioso debería guardar los elementales sucesos de esta semana en el arca del buen paño.

¿Ha retirado su apoyo el PP de Génova 13 a Mazón? Leyendo las imágenes se resuelve la duda. Entonces, ¿por qué el líder en lugar de hacerlo patente, como primera cabeza del partido, huye para no afrontarlo? ¿Qué le debe al valenciano? En realidad nada. Sólo lo ha empujado a sonoros tropiezos. Desde el prematuro pacto con Vox a la desaparición del día de la dana, pasando por la necesidad de pedirle a Sánchez la inhabilitación, que él no tiene capacidad para ejecutar. Sin embargo otros desajustes entre la pretendida imagen de poder del líder y las autonomías gobernadas por el PP saltan a cada paso con más ímpetu.

Lo vemos con frecuencia. Como con las pensiones, pronto se volverá a producir con la ley de condonación de los 83.000 millones de deuda a las comunidades autónomas, que Feijóo ha rechazado para propiciar la foto de sus consejeros económicos abandonando el Consejo de Política Fiscal y Financiera. La realidad les pasará factura a las comunidades autónomas donde gobiernan. Al tiempo. @mundiario