Cuando el debate se va al escote y la política al desagüe

Dos tazas de ruido y ninguna idea. / RR SS.
La política española ya no discute ideas: discute gestos, escotes y provocaciones calculadas. El cruce entre Sarah Santaolalla y Elisa Vigil no fue un debate, sino un retrato en directo de hasta qué punto el radicalismo, la ordinariez y la pose han sustituido al pensamiento, dejando la conversación pública reducida a un lodazal televisado.

Hay debates que no nacen para aclarar nada, sino para confirmar lo evidente: que la política española ha bajado tanto el listón que ya no lo pisa nadie, lo arrastra.

El famoso cruce entre Sarah Santaolalla y Elisa Vigil no fue un debate. Fue una pelea de gallinas en un corral ideológico, con plumas volando, cacareos y cero sustancia. Una conversación que empezó donde empiezan siempre estas cosas —en el ruido— y terminó donde acaban —en el bochorno compartido—.

Provocar, embarrar y llamar debate a cualquier cosa

Santaolalla entra al plató como entra siempre: con el colmillo afilado y el victimismo en la recámara, provocando primero para poder indignarse después. Es un estilo perfectamente aprendido: empujar, mirar al otro esperando el golpe y, cuando llega, levantar acta de agresión democrática. Radicalismo político envuelto en retórica moral, como quien lanza gasolina y luego denuncia el incendio.

Elisa Vigil, por su parte, no estuvo a la altura ni del cargo ni del sentido común. Cuando no hay argumentos, aparece el escote. Cuando no hay ideas, surge la ordinariez. La política convertida en patio de instituto, con diputadas hablando como comentaristas de barra de bar a las tres de la mañana.

Dos tazas de política basura

Y entre una y otra, el país mirando. Porque esto no va de feminismo, ni de machismo, ni de Venezuela, ni de Trump. Va de la bajeza del espectáculo, de la política convertida en circo y del circo convertido en norma.

Aquí no hay una víctima y una villana. Hay dos tazas bien llenas del mismo caldo: provocación, testosterona moral, grito fácil y cero pensamiento. Que no dos tetas, como alguno querrá reducirlo, sino dos tazas rebosantes de lo peor de la política actual: ruido, pose y miseria intelectual.

Y mientras tanto, el Parlamento convertido en eco lejano y la televisión en ring.

España, ese país donde el debate ha muerto… pero sigue yendo a plató.

Lo verdaderamente preocupante no es el exabrupto, ni el gesto, ni siquiera el comentario fuera de lugar. Lo inquietante es que nadie parezca escandalizarse ya. Que esto haya pasado a formar parte del decorado, como el logotipo del programa o la música de entrada.

Antes, un político que perdía las formas se retrataba. Hoy, quien no las pierde parece fuera de lugar. La sobriedad se ha convertido en rareza y el silencio en sospecha. Si no gritas, no existes; si no insultas, no posicionas; si no te indignas, no facturas.

Así se fabrica el nuevo consenso nacional: a golpe de plató, de frase viral y de aplauso sectario. La política no se discute, se representa. Y el espectador ya no vota ideas, vota personajes.

El problema no es que haya dos tazas. El problema es que ya nadie pide café. @mundiario