Corrupción, resistencia y límites: Sánchez busca aire en medio del barro político
La comparecencia de Pedro Sánchez este martes en el Congreso fue mucho más que un trámite parlamentario. Fue un acto de supervivencia política en estado puro. Rodeado por los casos que salpican a figuras clave del PSOE –Santos Cerdán y José Luis Ábalos–, presionado por una oposición feroz y vigilado con escepticismo por sus socios de investidura, el presidente optó por responder con una ofensiva política: un plan anticorrupción de 15 medidas que intenta reforzar la integridad institucional y, sobre todo, contener la erosión que sufre su Gobierno.
Sánchez no ocultó el impacto de la crisis. “Me planteé dimitir”, confesó, pero enseguida matizó: “tirar la toalla no es una opción”. Con esa declaración, buscó a la vez mostrar vulnerabilidad y determinación, apelar a la empatía y reafirmarse como líder. Pero sabe –como lo saben todos en el hemiciclo– que su margen se ha estrechado. No está en riesgo inminente su continuidad, pero sí la autoridad moral para seguir dirigiendo una legislatura que cada vez se mueve más por la inercia que por el impulso.
El plan presentado incluye reforzar la Fiscalía Anticorrupción, endurecer penas para los corruptores, proteger a los denunciantes y, como medida estrella, crear una Agencia de Integridad Pública con alcance estatal. El propio Ejecutivo ha querido dejar claro que no se trata de un ejercicio unilateral, sino de una iniciativa consensuada con la OCDE, el Consejo de Europa (GRECO), expertos de la sociedad civil y grupos parlamentarios.
Yolanda Díaz, visiblemente emocionada tras el homenaje que Sánchez dedicó a su padre fallecido, se alineó con el presidente con un mensaje dual: apoyo personal, pero advertencia política. “Sé que usted es honrado, pero la ciudadanía progresista está angustiada”, dijo. Desde Sumar reivindicaron que 10 de las 15 medidas del plan salieron de su propuesta. Es decir, respaldan, pero no se diluyen.
La derecha carga sin alternativa
Alberto Núñez Feijóo aprovechó el pleno para desplegar toda su artillería. Llamó a Sánchez “fraude” y “político destruido”, descartando cualquier posibilidad de regeneración. Reclamó elecciones y apeló directamente a los socios del Gobierno para que rompan. Pero no hubo planteamiento institucional más allá del desgaste discursivo.
Tampoco Vox ofreció una vía de solución: Santiago Abascal, fiel a su estilo, sentenció que “el único plan que vale es su dimisión” y cruzó todos los límites del decoro parlamentario, hasta el punto de obligar a la presidenta Armengol a retirar del diario de sesiones los insultos proferidos contra el presidente.
Los socios no rompen, pero marcan distancia
El Gobierno salió vivo del pleno, pero no ileso. ERC y PNV no piden elecciones ya, pero dejan la puerta abierta si la crisis del PSOE escala. Así, Gabriel Rufián, de ERC, fue muy claro: “Si esto escala, le vamos a obligar a que la gente decida”. No hay ultimátum, pero sí una advertencia seria. Miriam Nogueras (Junts) subrayó que “la prórroga no dura toda la legislatura”, mientras que el PNV reclamó una cuestión de confianza si Sánchez no logra “perimetrar las actividades delictivas a determinadas personas”. Desde EH Bildu advirtieron que serán “exigentes” y Podemos pidió que “Acciona no vuelva a recibir ni un euro de dinero público”.
Todos se mantuvieron dentro de la mayoría, sí. Pero con una clara línea roja: esta vez le dan al Gobierno el beneficio de la duda, pero no muchas más oportunidades. No hay ruptura, pero sí una relación tocada. Sánchez pidió una segunda oportunidad y, por ahora, se la han concedido. Pero en política las prórrogas son frágiles, y la desconfianza, difícil de revertir. Atentos en ese sentido al PNV.
La moción imposible
Feijóo puede gritar “elecciones” desde la tribuna, pero sabe que no tiene los apoyos para una moción de censura. Tampoco los tiene Abascal. La geometría parlamentaria no permite hoy una alternativa viable al Gobierno de coalición, y los socios no están dispuestos a entregar el poder a una derecha que, si gobierna, lo hará previsiblemente en alianza con la extrema derecha.
Yolanda Díaz lo resumió en una frase dirigida a Sánchez: “No haga más regalos a la derecha”. En el fondo, es la clave de este momento político: si el Gobierno cae, no será por la corrupción en sí, sino por su gestión torpe, por su incapacidad para recuperar la iniciativa y, sobre todo, por olvidar que sus apoyos no son incondicionales, sino estratégicos.
El tiempo corre
La comparecencia de Sánchez fue un intento de reiniciar el relato, de recuperar algo de control en medio de la crisis. Pero el verdadero problema no es solo la corrupción pasada, sino la desconfianza presente. El presidente no solo necesita depurar responsabilidades, sino demostrar que puede liderar un nuevo ciclo. No le basta con resistir: tiene que convencer. Y, de momento, solo ha ganado tiempo. El tiempo dirá si fue suficiente. @mundiario