Las connivencias de la Justicia con el Partido Popular ponen en entredicho su independencia

Audiencia Nacional. / RR SS
Audiencia Nacional. / RR SS

La RAE define “connivencia” con una claridad que viene perfectamente al caso: “Disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven”.

Las connivencias de la Justicia con el Partido Popular ponen en entredicho su independencia

Espantan los mensajes cruzados entre el ex-secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, y el presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, conocidos estos días. Su familiaridad, la confianza para preguntar sobre momentos procesales de la Kitchen, la respuesta “me enteraré y te digo”, recuerdan peligrosamente al famoso “amiguito del alma”, y al “te quiero un huevo”, recordados recientemente en otro juicio de otra pareja aciaga para la Democracia en nuestro país.

De hecho -y sin entrar a valorar si hay o no delito, que entonces nos llevaría a hablar de otras medidas- objetivamente el presidente de la Audiencia Nacional tendría que haber dejado por dignidad su puesto. Como hizo el juez Marchena renunciando a su anuencia a presidir el CGPJ cuando el famoso mensaje de Cosidó amenazó con manchar su reputación.

Si es verdad todo lo que dice la Constitución sobre los jueces y la Justicia, los primeros que tienen que creérselo son los jueces, y deben cuidarlo con el máximo esmero, renunciando a su puesto si es preciso.

Un grupo de amigos hemos estado tentados de enviarle al teléfono móvil de José Ramón Navarro mensajes en nombre de procesados reales, de mucho menor fuste, preguntándole “¿qué hay de lo mío?” y, aunque no lo hicimos, por respeto a la Justicia, no habría habido ningún tipo de respuesta del estilo "me enteraré y te digo". Porque no había complicidad, ni cenas, ni Vega Sicilia, ni compadreo de por medio.

Y aunque el juez Navarro haya después intentado en diferentes medios excusarse de que “le estaba dando largas”, la Justicia es algo tan serio que no admite largas, sino dejar muy claro lo impropio de esas familiaridades. Sobre todo, después de ser bien conocidos los contenidos de las grabaciones del embaucador Villarejo, que dejan muy claro que estaba habiendo un cúmulo de conspiraciones en las que el Gobierno del PP y el propio Partido Popular estaban enfangados hasta el cuello.

¿Quién nos asegura, juez Navarro, que, en esas cenas, al calor del Vega Sicilia, no le dijo nada de lo que se había enterado? ¿Y no le parece a usted una imprudencia grave exponerse al peligro de caer en la tentación de pasar información, al calor de la amistad, de la camaradería de una cena, e incluso de la ingestión de alcohol? ¿Es prudente que el presidente de la Audiencia Nacional juegue con fuego, poniendo en peligro la independencia de la institución que preside?

Ya que hemos hablado de las grabaciones del tal Villarejo, podemos repasar la otra cara de la moneda, que viene a ser más de lo mismo, aunque no haya Vega Sicilia de por medio, aunque sí parece que hubiera otras cosas. Después de conocer las cintas en las que habla claramente Cospedal, formando parte de la conspiración de la Kitchen, cuando la fiscalía anticorrupción pide la imputación de Cospedal, parece que el juez García Castellón responde que lo considerará después de haber interrogado a Francisco Martínez. Y afirma Pedro Águeda el 4 de marzo en Eldiario.es que, sorprendentemente, García-Castellón, en 78 minutos de interrogatorio a Martínez no le hace ni una sola pregunta sobre ese asunto, tomando posteriormente la decisión de no inculpar a Cospedal.

Por su parte, la fiscalía ha sufrido diversos y chocantes (cuando no sospechosos) vaivenes al respecto. Tras haber pedido la implicación, no es capaz de recurrir, en septiembre de 2022, la negativa del juez García-Castellón a reabrir el caso para investigar a Cospedal, para terminar, en febrero de 2023, sumándose al recurso de las acusaciones particulares del PSOE y Podemos.

Un extraño recorrido el de la fiscalía. Pero un, más que extraño sospechoso, empeño casi permanente del juez García-Castellón a tomar en cuenta esa nítida e inconfundible voz que aparece en las grabaciones diciendo cosas, y dando instrucciones, más parecidas a las órdenes de la jefa de una banda que a la secretaria general de un partido. E instrucciones a un sicario que está además prostituyendo la labor de la Policía.

No sé ustedes, pero yo estoy convencido de que tenemos un porcentaje muy alto de supuestos delincuentes de poca monta abarrotando nuestras cárceles, tal vez con pruebas menos evidentes que las de su propia voz grabada panificando o alentando un delito.

Y es esa inquietud la que quiero llevar hoy a la conciencia de ustedes: ¿por qué tanta exquisitez de unos representantes de la Justicia con unos claros presuntos delincuentes contrasta con la rotundidad de muchas instrucciones y condenas a presuntos delincuentes (que ni tienen jueces amigos ni que les deban nombramientos) cuyos casos no han tardado ni trece años ni trece meses en sustanciarse, y que tal vez en más de una ocasión nos dejan la sospecha de que no han hecho más que “tragarse un marrón”? @mundiario

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