Competitividad sin valores: cuando el modelo social se convierte en un combate absurdo

Ilustración del planeta con las banderas de EE UU, China y la UE. / Mundiario
Una reflexión ética sobre un mundo globalizado que confunde desarrollo con rivalidad y progreso con exclusión.

No hay mejor desafío que trabajar por la concordia en un mundo cruel y competitivo, que todo lo confunde y lo tensiona, infundiéndolo de abecedarios agresivos que nos llevan a un estado salvaje, impidiéndonos vivir bien y que los tiempos sean buenos. En efecto, todo parte de nosotros, ya que el orbe es lo que somos cada cual consigo mismo y con los demás. Por ello, aunque vivimos momentos complicados, jamás cedamos a la injusticia; tratemos de coordinar acciones, haciéndolo corazón a corazón. Es cierto que, en el contexto bajo el que nos movemos, los precios elevados continúan siendo un desafío global, también cuando se alarga la desinflación, lo que debe hacernos escuchar la voz de los débiles que, aún hoy, carecen de sintonía en este mundo de supremos egoísmos terrícolas.

Sin duda, hay que pasar página para reconstruir la confianza entre análogos, fortalecer la previsibilidad y renovar el compromiso global con un sistema multilateral de comercio abierto, cimentado en normas que frenen la avaricia. Estamos aquí para servirnos con honestidad unos a otros, no para apoderarnos de nadie, ampliando las desigualdades estructurales existentes. Tanto es así que las perspectivas por regiones indican discordancia dentro de la expansión esperada, lo que debe hacernos repensar otro tipo de actuaciones, en coherencia con nuestra dignidad humana. Únicamente un desarrollo equilibrado, encaminado hacia el bien común, será auténtico y contribuirá, incluso a largo plazo, a la estabilidad.

El tiempo es un horizonte de ceremonias que siempre nos advierte y nos da lecciones, poniéndonos en el lugar que nos merecemos. Avanzamos, pero también retrocedemos; nuestro error es endiosarnos y no escucharnos mutuamente. La verdad no la ha conseguido nadie todavía. Tampoco una voz fuerte puede competir con una voz clara. Al final, lo trascendente no es el nivel competitivo en ninguna actividad, sino el espíritu de gratuidad en el sentido noble de este término, que es lo que nos acrecienta al compartir, avivando la cultura del encuentro y la fraternidad. Personalmente, reconozco que me animo a mí mismo a practicar este estilo de manera consciente, oponiéndome a toda forma de violencia y opresión.

Una sociedad como la actual, que no suele estar fondeada en sólidos valores éticos, es un consorcio sin futuro; puesto que carece de dirección estética y de cauce generoso, por mucho que se hable de desarrollo social

Resulta sorprendente que la humanidad esté globalizada pero no hermanada, que todavía no sepa vivir en concordia, o que vocablos tan necios como competitividad, a pesar de que suelen generar conflictividad, sean los que nos tutelen, en lugar de otros como aprender a reprenderse para poder convivir. Indudablemente, la convivencia es un término que reduciría nuestro coste existencial, ya que comprimiría las múltiples crisis mundiales que nos asolan, conduciéndonos a un largo periodo de bajo crecimiento económico. Ciertamente, la inflación baja, pero la inversión es moderada y la incertidumbre persiste, lo que debe ayudarnos a que surja un creciente consenso sobre la necesidad de armonizar las políticas económicas con las políticas benéficas.

Un consorcio sin futuro

Una sociedad como la actual, que no suele estar fondeada en sólidos valores éticos, es un consorcio sin futuro; puesto que carece de dirección estética y de cauce generoso, por mucho que se hable de desarrollo social. No hay elemento más tétrico que dejarse inundar por el calvario de la deshumanización y de la inhumanidad manifiesta, lapidándonos el alma con corrupción e impunidad.

El esfuerzo en pos de un verdadero avance comunitario requiere fortalecer los valores democráticos, el respeto universal de los derechos humanos —inherentes a todo ciudadano por el mero hecho de ser persona— y un correcto funcionamiento del Estado de derecho. Combinar el esfuerzo, a través de una corporación más equitativa y atenta a las necesidades de los más débiles, es lo que nos compenetra y reaviva. @mundiario