Cataluña: No podría haber transcurrido mejor

Normalidad en el Parlament. / RR.SS.
La posición de la Sala 2ª del Supremo, pendiente de un último pronunciamiento del Tribunal Constitucional, no determina los problemas fundamentales de España.

Tras los reiterados anuncios, y las especulaciones de los medios, de que el día de la Investidura de Illa como Molt Honorable President de la Generalitat de Cataluña se iba a convertir en un revoltijo de acontecimientos, con suspensión del pleno de investidura, generación de un nuevo malestar con la detención de Puigdemont, y posibles enfrentamientos de los no más de tres mil seguidores y las Fuerzas de Orden Público -en este caso los Mossos de Esquadra- todo se está produciendo de la manera más tranquila y menos traumática, en contra de lo que hubieran querido quienes se mueven bajo la consigna de que “cuanto peor mejor”.

En efecto: Puigdemont ha aparecido de manera fugaz y sin eficacia política, blindado por dos o tres mil seguidores, que han formado a su alrededor un blindaje que ha impedido que la policía judicial pudiera actuar sin generar un conflicto de orden público. Los Mossos de Esquadra han actuado con una gran prudencia, previendo la posible detención cuando Puigdemont perdiera ese blindaje para entrar en el Parlament. Por eso, Puigdemont -que nunca ha dado muestras de afrontar con firmeza sus responsabilidades- se ha escabullido poco antes de que llegara ese momento.

La primera consecuencia es que Puigdemont ha incumplido su compromiso de intentar -afrontando el riesgo de detención- estar presente en el Parlament durante el acto de investidura. Punto negativo para Puigdemont. La segunda consecuencia es la de que Junts no puede culpar ni a ERC ni a PSC de la detención no producida de Puigdemont. La falta de valor y consecuencia de éste les ha ahorrado esta queja, que en cualquier caso habría sido infundada.

La segunda consecuencia, fruto del propio comportamiento del protagonista, es que Puigdemont acaba de dar un paso hacia la irrelevancia política, para convertirse en un personaje de trucos y aventuras, en cuyo espejo no creo que se sientan muy atraídos a verse reflejados muchos catalanes, incluido un gran número de votantes de Junts. No es lo mismo pasar a la Historia como un estadista que como un malabarista.

La tercera consecuencia es que la anunciada aventura no ha alterado para nada el funcionamiento institucional: el Parlament está reunido debatiendo la investidura de un candidato que -según los pactos alcanzados- reúne los apoyos suficientes como para ser investido, y que ha presentado un programa de gobierno y de trabajo para el que será muy difícil que no encuentre las alianzas necesarias para llevarlo a cabo.

La cuarta consecuencia es que el Cuerpo de los Mossos de Esquadra, actuando como policía judicial, se han comportado con pulcritud y prudencia, no generando actuaciones que pudieran provocar altercados, a causa del empeño voluntarista de ejecutar una detención a todo trance, y esperando el momento más adecuado para efectuarla: aunque tal momento no llegara a causa de la imprevisible fuga de Puigdemont. Y no creo que ni la justicia que ordenó la detención, ni nadie, pueda acusarles con justeza ningún tipo de descuido o incumplimiento deliberado de su deber.

España y Cataluña han funcionado hoy ajustándose a los criterios democráticos y a un desenvolvimiento institucional dentro de la más estricta corrección política.

Otra cosa es que al juez Llarena o a la mayoría de la Sala Segunda del Tribunal Supremo no les haya gustado el resultado de la jornada, ya que han visto frustrada su intención de aplicar una interpretación subjetiva de la Ley de Amnistía, aferrados a una interpretación de la misma que se aleja de la letra y del espíritu de la propia Ley. Pero ese extremo, pendiente de un último pronunciamiento del Tribunal Constitucional, no determina los problemas fundamentales de España.

Y otra cosa es la interpretación forzada e inexacta que quiera hacer la cúpula del Partido Popular, echándole la culpa hasta a los Servicios de Inteligencia de la no detención de Puigdemont, como si en el fondo no quisieran que Cataluña y España estén pasando por este trance de una manera pacífica y tranquila, con un funcionamiento institucional y democrático impecables. No tiene sentido que hablen de los Servicios de Inteligencia, ya que éstos no son estrictamente policía judicial, sino unos servicios vinculados a la defensa nacional y a la seguridad pública, y con dependencia gubernamental. Lo anómalo es que el CNI -una vez proclamada la Ley de Amnistía- hubiera actuado vigilando los movimientos de Puigdemont, que, de acuerdo con dicha Ley es una persona amnistiable y que no entraña peligro alguno para la seguridad nacional. Ahí -como en otras apreciaciones erróneas sobre la situación de España- no ha estado muy atinada la cúpula del Partido Popular.

Así pues, la jornada del 8 de agosto -salvo en algunos incidentes menores de personas que han intentado irrumpir por la fuerza en el Parque de la Ciudadela, que bordea el Parlament de Cataluña- está discurriendo con la más absoluta normalidad, por más que Junts haya tratado de suspender al pleno del Parlament con razones poco convincentes que la Mesa no ha considerado causa suficiente.

Por tanto, y a pesar de las inquietudes previas que había despertado, la jornada puede considerarse de normalidad democrática, independientemente de que, según el criterio de los jueces, a algunas personas, que han estado más implicadas en posibles incumplimientos de la orden de detención emitida por el juez Llarena, tengan que soportar algún tipo de investigación.

Aunque la política siempre da muchas vueltas, por lo general insospechadas, todo apunta a que se acerca el momento de despedir de su escena al expresident Puigdemont. Y a que la derecha catalana que quiera heredar lo que supusieron en Cataluña Convergencia Democrática y Unió Democrática tenga que reinventarse con unos planteamientos más novedosos de aquellos que llevaron a la declaración de independencia, en detrimento del funcionamiento de los servicios públicos de la Comunidad. @mundiario