Plato del día

¡Si no hay Casera, perdón, democracia, nos vamos…!

Álvaro García Ortiz, fiscal general. / RR SS.
A este paso, con estos escándalos, con las colas de presuntos aspirantes a sentarse en banquillos de los acusados, con un Estado perteneciente a 48 millones de ciudadanos que, unos cuantos, por su cuenta y con sus cuentos, creen que es suyo, se cierne sobre España el Síndrome de La Casera…

Esto que le puede ocurrir a Álvaro García Ortiz, nada mas y nada menos que fiscal general del Estado, lo mismo acabe siendo declarado inocente que culpable, nos lo habríamos podido evitar como Estado, como nación, como pueblo, si el largo brazo del Poder Ejecutivo se hubiese cortado un poco, entendiese el lugar que ocupa en el orden establecido institucional y no aspirase a ser el redactor en el BOE, el instigador en El Congreso, las manos que manipulan marionetas en la Fiscalía, en el Tribunal Constitucional, en el CIS, en TVE y sus Revueltas, sus tertulias, sus conmovedoras voces de sus amos pagados por gente corriente, tan necesitada de opiniones y reflexiones que mantengan el equilibrio entre argumentos de cal y argumentos de arena.

No me pregunten ustedes porqué, cada vez que contemplo el ingenioso anuncio de La Casera por televisión: si no hay Casera nos vamos, vuela mi imaginación hacia los medios de comunicación públicos, Radio Nacional, Televisión Española, y espero, en mi ingenuidad, el día en el que, a los que pagamos sus gastos, o sea, las españolitas y los españolitos de izquierdas, de derechas, de centro, de nada, ¿qué más da?, se nos inflen de una vez nuestras partes íntimas, que está feo llamar por su nombre, y nos plantemos todas y todos a una exclamando: si no hay neutralidad, equilibrio ideológico, mesura verbal, argumentos de fondo, réplicas y contrarréplicas que no insulten a la inteligencia de los espectadores, nos vamos.

Es tal el papelón que están haciendo los Conde Punpido, los García Ortiz, las ministras y ministros que han convertido sus diferentes carteras, de tan diversos e imprescindibles asuntos vitales para el pueblo, en un único ministerio de propaganda con reminiscencias goebelianas, dicho sea con todos los respetos a las pocas y encomiables excepciones, que ya nada es verdad o es mentira y todo es según el color con el que cada uno quiera contemplar la vida. Es tal la penuria de los medios de comunicación privados, que, en general, no les queda más remedio que aceptar la sumisión ideológica e ideologizante para tratar de llegar a fin de mes, unos con el maná de las llamadas izquierdas y otros con el maná de las llamadas derechas, que leer periódicos, escuchar programas de radio, sentarse ante un televisor, es ya leer por leer, escuchar por escuchar y estar por estar ante pantallas que maquillan la vida en rojo o azul.

Y así, ladyes and gentlemen, como comprenderán ustedes, es prácticamente imposible hacerse una idea de quiénes somos, a dónde vamos y cuáles son las reglas de juego con las que convivimos o intentamos convivir. @mundiario