El cambio climático derrite el sur de Estados Unidos
Una sofocante ola de calor se ha abatido sobre gran parte de Estados Unidos desde la semana pasada, y el gobierno emitió una alerta que abarca a más de 100 millones de personas.
El sur del país, desde la costa del Pacífico hasta la del Atlántico, es la región más afectada, con temperaturas que pueden superar los 50 grados centígrados (122 grados Fahrenheit, según la unidad de medida que se usa en Estados Unidos) en los tres estados con más habitantes: California, Texas y Florida.
Los meteorólogos han advertido que el calor extremo puede ser muy peligroso en muchas regiones del país, y junto con la humedad aumentará el riesgo de sufrir males como el agotamiento por calor y el golpe de calor, que puede ser letal.
El 10 de julio, un trabajador agrícola de 30 años de edad murió en Homestead, en el Sur de la Florida, mientras estaba expuesto al sol, aparentemente por un golpe de calor.
La desigualdad, un factor de riesgo
El calor extremo mata anualmente a más personas en Estados Unidos que los huracanes y los tornados juntos. Según el diario The Washington Post, el calor excesivo afecta más a los ancianos y a las personas de bajos recursos. Una vez más, la desigualdad social es un factor de riesgo frente a los fenómenos climáticos.
En Phoenix, la capital de Arizona, llevan 15 días sufriendo temperaturas de 43 grados centígrados o más. En Miami, el índice de calor ha sido de 38 grados centígrados o más durante un mes.
Los negacionistas pueden repetir que en verano siempre hace calor, pero la realidad es que cada vez las temperaturas son más altas. A nivel planetario, el pasado mes de junio ha sido el más caliente en la historia documentada.
El calentamiento de los océanos ha disparado las temperaturas en todas partes. En Canadá, incendios forestales aún sin controlar del todo cubrieron a fines de junio a la ciudad de Nueva York con un manto de aire nocivo y tiñeron los rascacielos con una neblina naranja. El calor extremo también provocó recientemente inundaciones desastrosas en los estados de Nueva York y Vermont.
El cambio climático ya llegó y estamos viendo sus perniciosos efectos. Un estudio reciente de la revista Nature Medicine, por ejemplo, indica que más de 61.000 personas murieron en Europa por el calor en el verano de 2022, el más caliente de la historia del continente. Pero las ambiciosas metas de detener la subida de las temperaturas a nivel mundial aún no se han alcanzado. El Protocolo de Kioto —que no firmaron los países más contaminadores, Estados Unidos y China— fracasó, y no se sabe si se logrará la meta del Acuerdo de París de evitar que la temperatura global no aumente más de 1,5 grados con respecto a los niveles preindustriales.
Una cuestión de vida o muerte
Detener el cambio climático es literalmente una cuestión de vida o muerte. Tenemos que poner fin a las actividades humanas que provocan la crisis del clima, como la quema de petróleo, el consumismo desenfrenado y sin sentido y la destrucción con fines de lucro de entornos naturales vitales, como la Amazonia, por ejemplo.
No podemos dejar un mundo desastroso a nuestros descendientes. Necesitamos voluntad política frente al egoísmo de intereses económicos particulares. Necesitamos líderes y gobiernos realmente democráticos que trabajen por el bienestar colectivo y combatan con eficacia el cambio climático. El futuro todavía tiene salvación, pero debemos tomar medidas decisivas ya. @mundiario
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