BBVA-Sabadell: ¿una opa sin fusión?

El edificio La Vela, sede del BBVA en Madrid. / Mundiario
La guerra por el Banco Sabadell fuerza al BBVA a replantear su estrategia, ahora reforzada por un beneficio récord de más de 10.000 millones, recompra de acciones y un alza del dividendo.

El BBVA está viviendo uno de los momentos más trascendentales de su historia reciente. En medio de una oferta pública de adquisición (opa) por el Banco Sabadell, la entidad vasca ha logrado resultados históricos, con un beneficio neto de más de 10.000 millones de euros en 2024, lo que representa un incremento del 25% respecto al ejercicio anterior. Sin embargo, la creciente tensión con el Gobierno y la resistencia del Sabadell están llevando al BBVA a contemplar una estrategia alternativa: mantener ambos bancos separados en lugar de proceder a una fusión total.

El BBVA ha aprovechado su robusta posición financiera para reforzar su atractivo ante inversores y accionistas. Con una rentabilidad del 19,7% y un pago de dividendos complementarios de 41 céntimos por acción, el banco se ha asegurado la confianza del mercado. Además, ha aprobado una recompra de acciones por 993 millones de euros, lo que eleva a 5.000 millones el total distribuido a sus accionistas, una cifra que representa la mitad de sus ganancias anuales.

El mercado, atento a la respuesta del Sabadell, aguarda la presentación de sus resultados, con expectativas de un dividendo extraordinario de 500 millones de euros. Esta estrategia de resistencia busca fortalecer la posición de la entidad catalana y hacer más costosa la adquisición por parte del BBVA.

La posibilidad de mantener ambos bancos como entidades separadas emerge como una solución para sortear los obstáculos regulatorios y la oposición gubernamental. El Ejecutivo de Pedro Sánchez ha mostrado su preocupación por el impacto que una absorción total podría tener en la "catalanidad" del Sabadell, una institución con raíces profundas en la economía de la comunidad. 

¿Decisiones financieras o políticas?

Desde una perspectiva pragmática, mantener la marca y operativa del Sabadell podría minimizar el rechazo social y político, a la vez que permitiría al BBVA aprovechar la sinergia operativa entre ambas entidades sin asumir el costo de una integración compleja. Además, esto podría evitar posibles trabas regulatorias de la CNMV y la CNMC, que aún deben pronunciarse sobre la operación.

A pesar de sus cifras récord, el BBVA enfrenta un contexto desafiante. El margen de intereses ha crecido un 13% en el año, pero su ritmo se desaceleró en el último trimestre debido a la caída de los tipos de interés del Banco Central Europeo. Asimismo, las comisiones han aumentado un 31% interanual, aunque muestran signos de desaceleración en el corto plazo.

Un dibujo que evoca las guerras en el sector financiero. / Mundiario

El reto ahora es determinar hasta qué punto una opa sin fusión podría garantizar los beneficios esperados sin afectar su rentabilidad y eficiencia. La mejora en la ratio de eficiencia hasta el 40% es un punto a favor, pero la estructura de costos podría verse impactada si ambas entidades siguen operando de manera independiente.

La guerra financiera entre el BBVA y el Sabadell ha pasado, pues, a una nueva fase, donde la política y la estrategia empresarial juegan un papel clave. La posibilidad de mantener ambos bancos separados pero bajo el control del BBVA se presenta como una solución viable tanto desde el punto de vista regulador como del mercado. 

No obstante, la decisión final dependerá de cómo evolucionen las negociaciones y del dictamen de las autoridades regulatorias. Mientras tanto, el BBVA sigue demostrando su capacidad de generar valor para sus accionistas, consolidándose como una de las entidades más rentables del panorama financiero europeo. @mundiario