Plato del día

¡Ay, este nuevo Don Álvaro y la fuerza del sino…!

Álvaro García Ortiz, fiscal general del Estado. / RR.SS
Ni perseguido, ni imputado: simplemente investigado como cualquier hijo de vecino. El problema es su rol de Fiscal General de los elegidos en vez de mantenerse como Fiscal General de los electores.

Sin la mínima duda respecto a la presunción de inocencia de Álvaro García Ortiz, a la sazón Fiscal General del Estado, nadie como él está mas indicado para colaborar con la Justicia y predicar con el ejemplo al pueblo, para despejar cualquier sospecha de que se pueda demostrar todo lo contrario, que es, precisamente, lo que elimina la palabra presunción y le proporciona todo su realce a la palabra inocencia. Y, francamente, ladies and gentlemen, este señor nombrado por el Rey, a propuesta del gobierno y oído el Consejo General del Poder Judicial, como consta en el Artículo 124 - Título VI de la Constitución, qué quieren que les diga, por acción u omisión, está haciendo más oposiciones a ser considerado presunto que a permitir que la ciudadanía se acueste por las noches con la tranquilidad de que vaya progresando adecuadamente su inocencia.

El Gobierno, sus ministras y ministros, en estas circunstancias, han incorporado un nuevo vocablo en cuanto al derecho penal se refiere, oye: perseguido; la Justicia, por su parte, con luces y sombras, mantiene la ecuanimidad del adjetivo recién incorporado al lenguaje jurídico: investigado; pero las chicas y chicos de la prensa, los tertulianos, los medios de comunicación, erre que erre, persisten en la palabra imputado, convencidos de que suben los decibelios del morbo popular y, por consiguiente, la audiencia. Todo es manipulación por parte de los cuatro poderes que configuran los cimientos, probablemente con más grietas que las viviendas supervivientes de la trágica dana valenciana: el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y el mediático.

Con estos mimbres, la cesta sociológica en la que transportamos la democracia resulta cada día menos segura que las cestas de la compra en las que transportamos los panes y los peces nuestros de cada día. Ahora, por ejemplo, a esa dama a la que llamamos Justicia, con su largo brazo de la UCO, no le produce insomnio el móvil del presunto crimen del presunto Fiscal General del Estado de todos, sino el móvil personal e intransferible propiamente dicho: el de los guasaps, los iconos, los mensajes cifrados que han desaparecido, por arte de magia, en un mundo virtual en el que nos habían asegurado que, todo, lo de todas y todos, acababa apareciendo en una infinita nube de objetos, objetivos y secretos perdidos.

El problema no es que el Fiscal General de nuestro Estado esté perseguido, o investigado, o imputado, sino que pueda estar manejado por hilos; al servicio de los elegidos en vez de al servicio de los electores; como arma arrojadiza de los gobernantes, en vez de pacífico, sereno e incorruptible Robin Hood de los gobernados.

¡Ay, este nuevo Don Álvaro y la fuerza del sino…! @mundiario