Ay, Carmona de mi vida
Quién nos iba a decir que, trece años después, volveríamos a salir a la calle con la bandera pintada en la frente y gritaríamos el nombre de nuestro país convertido en Campeón del Mundo. Quién nos iba a decir que otra vez un tiro cruzado -esta vez por el otro lado- y de nuevo en el Hemisferio Sur, nos iba a llevar al Olimpo del fútbol mundial.
Ay, Carmona de mi vida, andaluza ella, que se vistió de Iniesta para regalarnos una victoria que abre puertas y hace historia. Ay Carmona de mi vida que, como el albaceteño en aquél verano de 2010, se dejó el alma en un tiro raso y la voz en un grito infinito y nos enseñó su camiseta, dedicada también a la memoria de quién hoy no podía ver el triunfo.
España dio, en esta noche australiana, una lección de fútbol, de garra, de potencia y de estrategia. Lo hizo ante una de las mejores selecciones de la historia y ganándole la partida a Sarina Wiegman, la gran dama de los banquillos mundiales y llamada, posiblemente, a ser la primera mujer en dirigir a un gran equipo o selección de fútbol masculino. Las apuestas estaban prácticamente todas del lado de las inglesas, especialmente por la experiencia en estas citas inéditas para España que nunca había superado los octavos del final en sus participaciones anteriores. Además, en la última Eurocopa, Wiegman le había ganado la partida claramente al cuestionado Vilda que no tuvo su mejor tarde aquél 20 de julio del pasado año. De hecho esta derrota había sido uno de los detonantes de la revuelta del vestuario contra el entrenador, revuelta cuyas consecuencias se han arrastrado hasta hoy.
Sin embargo, en este agosto australiano, la historia iba a coronar al combinado español en lo más alto. El día había empezado bien, con el emocionante triunfo de la marchadora María Pérez, reivindicándose a sí misma, en los munidales de Budapest; así que las gargantas patrias estaban afinadas para cantar el éxito de nuestra selección. Y en esta ocasión, Vilda ganó la partida a la excelsa Wiegman, trenzando una tupida y potente red que impedía a las inglesas el manejo del balón, multiplicaba las recuperaciones de la pelota y permitían hilvanar jugadas de tiralíneas a la sociedad Abelleira-Aitana-Hermoso, el trío más talentoso de este Mundial. Apoyadas en la seguridad de la defensa con una inconmensurable Cata Coll, el esquema de la selección ahogó a las británicas, como ya lo hicieran hace un año, que sólo en un par de ocasiones intimidaron la portería española.
Mientras tanto, Carmona y Paralluelo asustaban por las bandas hasta que en uno de los desbordes llegó el tanto de la sevillana, fruto de una -una más..- recuperación de Abelleira y Aitana, del exquisito temple de Mariona, una de esas futbolistas de las que merece la pena disfrutar, y de un zurdazo que forma parte, ya, de la historia de nuestro deporte. El partido continuó trepidante pero el marcador ya no se movería, ni siquiera cuanod Jenny Hermoso se fue al punto de penalty a ejecutar una pena máxima por una mano que la colegiada tuvo que ver una docena de veces repetida antes de pitarla; Mary Earps, la “guardamenta bailarina” adivinó la intención de la madrileña y paró el disparo. Como al final la Copa se vino para España no insistiremos en que la acción debía haber sido repetida, por el movimiento de la portera antes del lanzamiento; bien está lo que bien acaba.
España es Campeona del Mundo, en otro verano mágico para el deporte español. Un título balsámico para una selección que necesitaba un triunfo para reivindicarse y para calmar las aguas. Imposible no recordar, en un día como hoy, a las pioneras que jugaron al fútbol contra viento y marea y, a menudo, siendo objeto de burla de familiares y “amistades”. Imposible no recordar al Karbo de Lis Franco y Pili Neira. Imposible no recordar a las jugadoras que sufrieron la tiranía de Quereda y que se vieron injustamente tratadas una y otra vez. Imposible no acordarnos de las miles de niñas y jóvenes que hoy llenaron plazas, playas y polideportivos para ver a sus ídolos y que cada tarde se enfundan unas botas para entrenar en campos modestos, llenos de charcos, con kilos de ilusión y pocos medios. Imposible no homenajear a sus familias, a sus entrenadoras, a quienes llaman a mil puertas y se pelean para pedir más apoyo para el deporte femenino. Y, como no, imposible no recordar a las que hace un año se plantaron, porque de aquél envite no sólo salieron debilidades sino también ayudó a poner el foco en las demandas de las amotinadas y en la necesidad de incrementar el apoyo por parte de la federación, robustecer el equipo técnico y redoblar la inversión en la preparación de los combinados nacionales. Hoy, ellas también ganaron.
España tiene una cantera enorme que, sin duda, permite aventurar un futuro exitoso en el fútbol. El ejemplo de la federación inglesa o, incluso, el de la federación española de baloncesto, ilustran el camino a seguir para fortalecer las categorías inferiores, favorecer la práctica y asegurar buenos resultados en las absolutas. No cabe duda que la victoria en el Mundial habla de la calidad de las jugadoras pero también de la solvencia del equipo técnico encabezado por Vilda. Quienes hayan seguido todos los encuentros habrán visto que la selección ha mejorado en todas las prestaciones y en todos los ámbitos, también en el táctico, y que, sin duda, el equipo técnico ha sido importante en este triunfo, pero quizás el propio triunfo ofrece un momento para la reflexión y los cambios, sin vencedoras ni vencidas y sin daños irreparables. Queda pendiente de completar la auténtica profesionalización del fútbol femenino y generar un marco competitivo que no languidezca e incremente el interés de la afición, un reto similar al que se enfrenta el fútbol masculino pendiente de la frustrada “super liga europea”. Pero hoy es un día de celebrar. De celebrar el fútbol, el esfuerzo y los sueños. De celebrar la resiliencia y la emoción. De celebrar, Carmona de mi vida, ese zurdazo que vale la gloria. @mundiario