Alphabet, Samsung, Tencent y Meta ya desarrollan la tecnología que precisa el metaverso

Una joven experimenta el metaverso. / Rawpixel en Freepik.
Una joven experimenta el metaverso. / Rawpixel en Freepik.
La complejidad de las plataformas de redes sociales y los mundos virtuales se mueve en espacios privados, regidos por la discrecionalidad y arbitrariedad de sus desarrolladores y con un nivel mínimo de participación de los usuarios. / Análisis del metaverso y la gobernanza
Alphabet, Samsung, Tencent y Meta ya desarrollan la tecnología que precisa el metaverso

El metaverso es un mundo en línea, funcionando de manera persistente y dotado de una economía desarrollada que puede ser experimentado en realidad virtual por un número ilimitado de personas. Pretende ser un elemento disruptivo al pasar de una estructura fundamentada en el teléfono móvil al desarrollo de una ambición todavía poca clara. 

No existe una definición precisa del concepto de metaverso. Pero nos lo imaginamos como un mundo virtual masivo, inmersivo, persistente, abierto y muy desarrollado a nivel económico.

Es masivo en la medida que puede incorporar la participación simultánea de un número ilimitado de usuarios.

Es inmersivo ya que ofrece experimentos tridimensionales y virtuales.

Es persistente porque no se para nunca, ni se re-inicia.

Es abierto porque toda persona puede acceder al material donde puede entrar, salir y desplazarse.

Y es económicamente desarrollado debido a que los intercambios de bienes y servicios son numerosos y las transacciones en efectúan en monedas electrónicas.

La gobernanza del metaverso

Aunque el metaverso todavía no exista, sí parece que ciertas empresas (Alphabet, Samsung, Tencent Meta) están llevando a cabo iniciativas para lograr la tecnología precisa. Nadie duda de la complejidad informática que supone, sobre todo a medida que se incrementan los usuarios. Sin embargo, existen ciertos obstáculos vinculados a los pagos y a las barreras jurídicas relativas a los derechos de propiedad. Es decir, el metaverso exige una inter-operatividad de las diferentes plataformas, nuevos protocolos, racionalización de normas, etcétera. De ahí, la pregunta: ¿cómo será gobernada?.

A día de hoy, la complejidad de las plataformas de redes sociales y los mundos virtuales se mueve en espacios privados. Se rigen por medio de la discrecionalidad y arbitrariedad de sus desarrolladores y con un nivel mínimo de participación de los usuarios.

Realidad virtual. / Geralt en Pixabay
Realidad virtual. / Geralt en Pixabay

Todo eso provoca una amplia inquietud en cuanto a la utilización del poder que puedan causar dichas plataformas y sistemas. Sobre todo, cuando dicho poder es acumulativo y está concentrado en pocas empresas. Por eso, se habla de la necesidad de desarrollar organismos autónomos que funcionen a modo de cooperativas numéricas que permitan dotar a los individuos/usuarios de ciertos derechos y permitir una participación financiera que le garantice la capacidad de proponer y determinar reglas, normas y derechos. Esto es, definir el cómo proceder llevar a cabo las guías de comportamiento en lo que se refiere a la responsabilidad, a los mecanismos de defensa, o a los códigos de transmisibilidad, por poner tres ejemplos.

Una segunda complejidad se centra en cómo afrontar la cuestión de si la tecnología generada por la Inteligencia Artificial puede ser considerada como un segmento jurídico concreto. Esto es, como registrar dicha tecnología como patente. Algunos expertos advierten de que si las empresas no pueden beneficiarse de una patente, optarán por reducir sus inversiones o mantendrían sus invenciones en secreto. El debate está muy abierto y, sin duda alguna, va a generar polémica. Aunque todos, casi sin excepción, recomiendan subirse a la ola tecnológica. @mundiario

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