Algo huele a podrido en Europa

Banderas de Europa y EE UU. / RR SS
La posición frente al genocidio en Gaza pone en evidencia que para la Unión Europea las ganancias de la banca y de la industria armamentística son lo primero.

Cuando nos llegan los ecos de una nueva victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, de las que ya opiné en este medio, quiero exponer mi visión de la situación en la Unión Europa porque son cada día que pasa más abundantes las evidencias de que ésta se aleja a pasos agigantados de los principios que le dieron origen y que tenían entre otros fundamentos garantizar la paz, la libertad, la democracia, y la igualdad en Europa

En relación con el primero de los objetivos, garantizar la paz luego de dos guerras mundiales, resulta evidente que en las últimas décadas el balance no es muy positivo, aunque todavía puede ser peor. Si la división de Yugoslavia, luego de una terrible guerra fratricida, abrió una profunda herida en la credibilidad democrática de Europa, ¿qué decir de la guerra entre Ucrania y Rusia? Ambas guerras son dos muestras paradigmáticas de cómo el objetivo de garantizar la paz en el continente no es la mayor de las prioridades de los gobernantes europeos. Por si estos dos casos no fueran suficientes, la posición frente al genocidio en Gaza pone en evidencia que para la Unión Europea las ganancias de la banca y de la industria armamentística son lo primero. Las pruebas son contundentes y así vemos cómo al tiempo que se habla de paz se incrementa el negocio de la industria armamentista (el presupuesto militar europeo se ha triplicado con cifras récords en 2023: 289.300 millones de euros) y las ganancias de los bancos que financian sus operaciones. Véase al respecto uno de los últimos informes del SIPRI

No exageramos si decimos que la libertad en Europa está hoy en peligro. El gran ascenso de los partidos de extrema derecha en prácticamente toda Europa está abriendo la puerta a grandes coaliciones entre populares, liberales y socialdemócratas que suponen una mayor derechización política y un avance de las estrategias armamentísticas y militaristas donde la retórica de la guerra va imponiéndose a la de la paz y la libertad. Un retroceso que se ve favorecido por el enorme declive de las izquierdas. Marco que posibilita, por ejemplo, un endurecimiento de la política migratoria (Plan Meloni) que se centra en el blindaje de Europa, la deportación y la creación de centros de internamiento para inmigrantes: lo que no deja de ser una estrategia de la extrema derecha. Un ascenso de los totalitarismos que también se plasma en una ampliación de los discursos de odio y de ataque a la libertad de opinión e información en lo que las mal llamadas redes sociales juegan un papel fundamental.

En relación con los importantes déficits democráticos basta con analizar la toma de decisiones relevantes en las más importantes instituciones comunitarias como es el caso de la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Banco Central Europeo, que escapan al control del Parlamento Europeo y pasan por encima de los gobiernos y los parlamentos nacionales (tenemos el sangrante caso de Grecia en el año 2015). No se trata de decisiones sin importancia sino de aquellas que afectan a la vida y al bienestar de los europeos. Decisiones, por ejemplo, en materia de políticas fiscal, monetaria y comercial que condicionan los presupuestos nacionales y, por tanto, las políticas públicas de los estados miembros. Decisiones que, repito, se toman por encima de los gobiernos y los partidos nacionales: lo que supone un enorme déficit democrático. Ahí tenemos los casos de las reglas fiscales que llevaron a la Unión Europa a una recesión, o fase de bajo crecimiento, en la que todavía estamos y/o la subida de los tipos de interés para combatir una inflación que no era de demanda sino de oferta y que como consecuencia frenaron el consumo y la inversión. Una situación que ha favorecido enormemente a las grandes rentas europeas que se han forrado mientras se recortaban gastos públicos que beneficiaban a la mayoría. Se puede afirmar con toda garantía que, hoy por hoy, las grandes decisiones en materia de política económica y social se toman en la Unión Europa mirando a los intereses de la gran banca, los fondos de inversión y las grandes empresas. 

Unas decisiones políticas que van contra la igualdad poque disparan las desigualdades sociales y territoriales en el seno de la Unión Europea. Como viene anunciando el FMI (que parece haber cambiado algo su discurso neoliberal) “el crecimiento a medio plazo será mediocre e insuficiente para erradicar la pobreza mundial, crear los empleos necesarios y generar los ingresos fiscales que los gobiernos requieren. Será un futuro difícil y preocupante” en el que las desigualdades seguirán creciendo, siendo Europa una de las regiones donde más se van a notar. La razón principal está en lo señalado al principio: a diferencia, por ejemplo, de lo que hicieron y están haciendo Estados Unidos y otras regiones del mundo (China, India, Brasil, Rusia) la Unión Europea ha optado por políticas fiscales y monetarias recesivas que llevaron a que, por ejemplo, en el año 2023 la Eurozona haya sido a nivel mundial la región de menor crecimiento entre las grandes regiones.

Un menor crecimiento que afecta fundamentalmente a las rentas medias y bajas, y a unos países europeos más que a otros, como prueba la evidencia de que esta década ha marcado un freno en la lucha contra la pobreza extrema (FMI).  En relación con esto último los informes internos (EUROSTAT) señalan que 94,6 millones de europeos están en riesgo de pobreza o exclusión social. Más de una de cada cinco personas que viven en un hogar con hijos a cargo está en riesgo de pobreza o exclusión social.

En relación con la infancia, UNICEF nos informa de que 1 de cada 4 niños en los países de la UE están en riesgo de pobreza o exclusión social, y más de 11 millones tienen problemas de salud mental. (http://www.unicef.org/eu). A nivel territorial la desigualdad económica es muy elevada. La región (NUTS2) más rica de la UE (Inner London West) multiplica por un factor superior a 5 (5,8) la media de PIB per cápita de la UE-28. En el extremo opuesto, las regiones más pobres registran unos niveles de PIB per cápita muy por debajo de la mitad de la media UE (Severozapaden, Bulgaria, 29 sobre EU28=100). Y no son casos aislados, 78 de las 276 regiones NUTS2 que componen la UE-28 tienen un PIB per cápita por debajo del 75% de la media. Otras 45, por el contrario, superan esta media en más de un 25%.

Teniendo en cuenta todas estas evidencias resulta oportuno preguntarse: ¿qué es, hoy por hoy, la Unión Europea?, ¿en que se parece al proyecto originario de un espacio donde brillarían la paz, la libertad, la democracia, y la igualdad?, ¿es realmente una unión de Estados con objetivos comunes? En absoluto y por estas razones ¿quién se extraña de que piense que “algo huele a podrido en Europa”? @mundiario