Alemania, la esperanza de Europa para consolidarse como potencia global
Europa se encuentra en una encrucijada en un mundo donde los embates del populismo y la erosión de las instituciones democráticas amenazan con socavar el orden internacional. Estados Unidos, tradicionalmente un aliado fundamental, atraviesa de la mano de Donald Trump un proceso de radicalización política y fragmentación interna. La influencia de figuras como Elon Musk avanza en una cruzada destructiva contra las normas e instituciones que han sostenido el equilibrio global. Mientras tanto, Rusia sigue en su espiral bélica y China refuerza su autoritarismo. Ante este panorama, la Unión Europea debe asumir un papel decisivo si aspira a consolidarse como una potencia global. Y dentro de este proyecto, Alemania emerge como la esperanza de resistencia y reconstrucción.
Alemania ha demostrado recientemente que sigue siendo el faro de la democracia y la estabilidad en Europa. En un acto de valentía política, un grupo de diputados democristianos y liberales se opuso al intento de su propio líder, Friedrich Merz, de acercarse a la ultraderecha de AfD en cuestiones migratorias. Este gesto no solo preservó la integridad democrática del país, sino que también marcó un punto de inflexión en la lucha contra el avance de los extremismos en Europa. No basta con resistir a las amenazas externas; también es crucial desafiar los errores dentro de las propias filas.
La ciudadanía alemana también ha dejado claro su rechazo a las ideologías divisivas. Cientos de miles de personas han salido a las calles en diversas ciudades del país para exigir que se mantenga el cordón sanitario contra la ultraderecha. Estas manifestaciones muestran que la sociedad alemana entiende la gravedad del momento y está dispuesta a movilizarse en defensa de los valores democráticos.
Incluso en el ámbito económico, Alemania ha enviado señales contundentes. La caída del 59% en las ventas de Tesla en enero sugiere que los consumidores podrían estar castigando a Musk, cuya postura complaciente con la extrema derecha ha generado controversia. Si bien es difícil atribuir la caída exclusivamente a un boicot, la magnitud del desplome sugiere que hay un componente político en juego. Los líderes empresariales alemanes también han tomado posición. Los presidentes de Siemens, Mercedes y Deutsche Bank han advertido contra el voto de protesta a partidos que fomentan la xenofobia y dividen al país.
También reaccionan Italia y España
No es solo en Alemania donde surgen signos alentadores. En Italia, el presidente Sergio Mattarella ha lanzado una clara llamada a la acción, denunciando la aparición de “señores neofeudales” que amenazan con arrastrar al mundo a una nueva era de desigualdad y dominación. Su postura contrasta con la de la primera ministra Giorgia Meloni, cuyo discurso nacionalista carece de compromiso con la fortaleza institucional de Europa.
Otra buena noticia es que el discurso democrático de Pedro Sánchez se abre paso desde España, mientras los líderes de la ultraderecha trumpista europea cargan en Madrid contra las instituciones de la UE –Abascal reúne al húngaro Orbán, la francesa Le Pen, el italiano Salvini y el holandés Wilders, entre otros–, la verdad con poca empatía al sur de los Pirineos. Sánchez concentra su discurso político en la lucha contra lo que llama la “internacional reaccionaria” y, sobre todo, en el combate contra la “tecnocasta” que lidera Elon Musk, el hombre fuerte del trumpismo más radical.
La responsabilidad de actuar con determinación
Con la alemana Ursula von der Leyen al frente, la Unión Europea tiene ahora la responsabilidad de actuar con determinación. La cohesión del bloque es fundamental para resistir las embestidas del trumpismo, el autoritarismo ruso y la expansión china. Europa debe consolidarse como un actor geopolítico autónomo, capaz de defender sus valores y proyectar su influencia en el escenario global. Alemania, con su estabilidad económica, su compromiso con la democracia y su liderazgo en la industria y la tecnología, está llamada a ser el motor de esta transformación.
No hay espacio para la resignación. Es hora de tejer coaliciones de resistencia entre países que rechazan el oscurantismo y apuestan por una sociedad basada en la cooperación y el respeto a los derechos fundamentales. Es necesario construir nuevos marcos regulatorios y reforzar los proyectos de cohesión social y educativa. Pero, sobre todo, es imprescindible que cada ciudadano europeo se aferre a la voluntad de defender los principios democráticos, incluso cuando sus propios líderes se desvíen del camino. De entrada, según Financial Times, la Comisión Europea tiene sobre la mesa un instrumento para aplicarlo en el caso de que EE UU tome represalias comerciales en respuesta a la normativa digital y, más en concreto, golpear a las grandes tecnológicas, que se revuelven contra esas reglas. En juego estarían miles de millones de euros por las multas a las que se enfrentan.
Si la inteligencia conduce al pesimismo, la voluntad debe aferrarse al optimismo. Alemania ha dado una muestra de coraje. Ahora le toca a Europa seguir su ejemplo y consolidarse como la potencia global que el mundo necesita. @mundiario