Alejandro VI versus Francisco: no hay color, oiga, no hay color
Puesto que acaba de morir Francisco (muerte que he sentido más de lo que yo mismo pensaba) y todo el mundo se vuelca a hablar de él – y de absolutamente todos los muertos - alabando lo bueno que era y todas esas cosas...
Como todo quisqui está hablando ahora – y es normal – del Papa Francisco, me apunto a ello.
Uno, puestos a escoger dentro de su hedonismo innato, en la historia de todos los Papas , me quedo con el Borgia. Qué quieren que les diga!
Puesto que acaba de morir Francisco (muerte que he sentido más de lo que yo mismo pensaba) y todo el mundo se vuelca a hablar de él – y de absolutamente todos los muertos - alabando lo bueno que era y todas esas cosas que no se les dice en vida, pero que acogotan cuando ha muerto, me atrevo a hacer las comparaciones – que no siempre son odiosas – entre los Papas más envidiables por su forma de “Living the live”, y Alejandro VI no tiene parangón en ese sentido. Y eso que Francisco tuvo un par de colindrones saliendo a dar su bendición a todo el mundo unas horas antes de palmarla. Claro que, también concedió una audiencia al Vance ese, que cual San Pablo, debió de darle un fogonazo, o algo así , y de repente se hizo devotamente católico apostólico y romano. ¡Así...al buen tun-tun!
Sale un anuncio en la tele , de perfume, como no podía ser de otra manera que viene a decir: “It's good to be bad”. (porque el ingles vende más, supongo) .Pues yo me apunto al slogan, que es mucho más divertido. Y como dicen que esta vida son tres días mal vividos, pues qué menos que divertirnos cuanto podamos.
Y que conste (de verdad de la buena) que , a pesar de esperada, me ha dolido la muerte de Francisco, pero…
Francisco, ese hombre sencillo con sus zapatos gastados y su discurso pacifista... ¡qué aburrimiento! En serio, ¿Quién necesita un Papa que se preocupa por los pobres cuando puedes tener uno que encarna el Renacimiento italiano en todo su esplendor pecaminoso? Estoy hablando, por supuesto, de Rodrigo Borgia, el Papa Alejandro VI. Un hombre que entendió que la vida es demasiado corta para la austeridad.
Francisco, con su humildad y su aparente rechazo al lujo, parece sacado de un anuncio de avena. Alejandro VI, por otro lado, era un festín para todos los sentidos. Imaginen: banquetes opulentos, intrigas palaciegas, amantes secretas - y públicas -… ¡la vida de un Papa que realmente sabía cómo vivir!
Mientras Francisco se preocupa por el cambio climático, Alejandro VI se preocupaba por el cambio de ropa interior, asegurando siempre el mejor lino para sus encuentros nocturnos. Seamos honestos, ¿Quién necesita salvar el planeta cuando puedes salvar tu propia reputación (o al menos intentarlo) con un poco de buena diplomacia y una generosa cantidad de indulgencias excelentemente pagadas, por supuesto?
La diferencia en su enfoque de la administración papal es abismal. Francisco, con sus reformas y sus intentos de modernizar la Iglesia, es como un viejo coche destartalado intentando subirse a la autopista de la información. Alejandro VI, en cambio, era un Ferrari rojo brillante, surcando las carreteras de la política con la destreza de un campeón. Sus maniobras políticas eran legendarias, sus alianzas estratégicas, maestras. Mientras Francisco se preocupa por la unidad de la Iglesia, Alejandro VI se preocupaba por la unidad de su familia (y sus fortunas), lo que, seamos sinceros, es mucho más entretenido.
Piensa en el nepotismo. Francisco desaprueba el nepotismo, un rasgo que, francamente, es tan aburrido como él mismo. Alejandro VI, por el contrario, llevó el nepotismo a nuevas alturas. Su familia, los Borgia, eran una dinastía de poder, una familia tan escandalosa que sus historias son más interesantes que cualquier telenovela de intriga. Mientras Francisco se preocupa por los pobres, Alejandro VI se preocupaba por el ascenso de sus hijos, convirtiéndolos en cardenales y duques. ¡Hablamos de un plan de carrera! Y, si eres moral, ¿Quién no quiere que sus hijos tengan éxito, incluso si eso implica un poco bastante de... “influencia” papal?
Y hablemos de las fiestas. Imagine las fiestas de Alejandro VI: música, danza, vino, mujeres hermosas y facilonas... ¡una celebración de la vida que Francisco ni siquiera podría soñar! Las fiestas de Francisco probablemente consisten en lecturas de poesía y conversaciones sobre la pobreza. ¡Aburridísimo! Alejandro VI sabía cómo divertirse, y eso es algo que se debe admirar. Su estilo de vida era una oda al placer, un recordatorio de que la vida es demasiado corta para la austeridad y la autoflagelación.
Eso sí, mientras Francisco quiere ser enterrado en Santa María la Maggiore, y no al lado de sus colegas (que ya tuvo el hombre bastante con ellos en esta vida como para acompañarlos toda la jodida eternidad), a Alejandro VI no lo querían enterrar en ningún sitio del pestazo que efluía y lo hinchado que se había puesto con sus efluvios mortuorios; tuvieron que meterlo al ataúd a empujones, de lo hinchado que estaba, y sin pedir voluntarios, porque nadie se hubiese apuntado: ¡Qué horror!
Resumiendo que es gerundio, mientras Francisco representa la austeridad y la preocupación por el mundo, Alejandro VI representa el esplendor, el poder, y un estilo de vida que, aunque moralmente algo cuestionable, es infinitamente más entretenido. Es la diferencia entre un documental aburrido sobre la vida de los ‘ topos peloteros’ y una película de acción con explosiones, intrigas y una buena dosis de corrupción. ¿Difícil elección?
No lo creo. ¡Viva Alejandro VI, el Papa que al menos sabía cómo pasarlo de ***a madre!
Por supuesto, todo esto es una broma. Pero, ¿Quién puede negar que la vida de Alejandro VI es mucho más divertida que la de Francisco? Al menos, ofrece una narrativa mucho más rica y emocionante.
Si está buscando un Papa que le entretenga, Alejandro VI es su hombre. Aunque, quizás, quiera mantener sus finanzas en orden antes de pedirle un favor…
P.S.- Echaré muy en falta tu sempiterna sonrisa, mi admirado Santo Padre Francisco. @mundiario