Plato del día

El acoplamiento Apolo-Soyuz en el espacio financiero

Oficinas del Sabadell y BBVA.

No sé ustedes, pero yo no duermo desde que el gobierno me ha planteado la posibilidad de dar mi opinión respecto a la idoneidad de un matrimonio entre el BBVA y el Banco Sabadell ¡Menudo compromiso, oye!

 

Tras un largo período de asuntos intrascendentes, de esos que, a buen juicio de Pedro Sánchez, no tenían la suficiente enjundia para molestar al pueblo, por fin se le ha cruzado en el camino un asunto de Estado que requiere el asesoramiento popular, las opiniones de la gente corriente, el mayor número posible de criterios de la ciudadanía española que, como todo el mundo sabe, es una rara avis curiosamente experta en acoplamientos bancarios en modo Apolo-Soyuz.

Nos ha pillado por sorpresa, claro, porque esta habilidad genuinamente española no se incorpora a las evaluaciones de los Informes Pisa, en los suelen dejarnos a caer de un burro. Pero se va a enterar esa gente, por fin, de lo que sabemos los españoles de OPAS bancarias, fusiones financieras y diabólicas alianzas que pueden dejar temblando a la mismísima City de Londres.

Ahora se comprende porqué Moncloa ha apartado de los ciudadanos y ciudadanas el amargo cáliz de referendos para los indultos, para las amnistías, para los gastos de defensa, para el reparto de dotaciones para migrantes menores no acompañados por la geografía española, para dar su opinión respecto a si España será verde, o no será, o puede ser muy verde, de acuerdo, pero seguir siéndo, oye, con una pizca de energía nuclear como esa que permite seguir siendo a tantos países de Europa, a pesar de no ser absolutamente verdes.

Es que Moncloa, en su sabiduría, ha reservado las neuronas de su ciudadanía para esta trascendente encrucijada en la que se encuentra el porvenir de la nación, en plena pedida de mano del BBVA al Banco Sabadell: ¡Españolas y españoles todos (dicho sea sin ánimo de ofender a los indepes catalanes, claro!) ¿bendecimos o no ese matrimonio? ¡

Hombre, cuanto me alegra que quieran hacerme ustedes esa pregunta, oiga, que, a mis escasas luces, tiene esa fácil respuesta que se utiliza tan a menudo en mi tierra gallega: por una parte yo sé sé y por otra qué quieren ustedes que les diga. Si yo fuera Sánchez, empezaría por hacérsela a Puigdemont, a Junqueras, incluso al propio Illa, ¡angelito mío!, que igual me lo dejan aislado y bien aislado sin la mínima posibilidad de intentar seguir siendo profeta en su tierra.

Yo, es que verás, las preguntas a las que me gustarías poder responder me empieza a dar la impresión que nunca nos las van a formular: ¿quiere usted división de poderes?, ¿exige presupuestos del Estado cada año?, ¿le parece higiénico que los Debates sobre el Estado de la Nación permanezcan en estado coma?, ¿es de recibo que el Parlamento se haya convertido en un elemento decorativo?, ¿podemos seguir llamado democracia a un sistema en el que el gobierno propone y un tal Puigdemont dispone…? O sea, preguntas de esas sin importancia, en comparación con el gran dilema al que quieren someter a mi pueblo y mi gente: ¿crien ustedes que el BBVA y el Sabadell están hechos el uno para el otro? Ja, ja, ja, perdonen ustedes que me dé la risa… @mundiario