Alcalde Caballero, el Magnífico
Abel Caballero es un destacado alcalde de Vigo desde junio de 2007. Entre 1985 y 1988, fue Ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones de España en el gobierno de Felipe González. En las entrevistas, se muestra como un hombre feliz y muy querido en los eventos navideños de Vigo, su ciudad, donde recibe aplausos de la gente que está contenta con su gestión, lo que le ha permitido obtener mayorías absolutas.
Posee un doctorado en Ciencias Económicas por la Universidad de Santiago de Compostela y un máster en Economía por Essex. Ha sido profesor en varias universidades españolas y europeas y es catedrático de Teoría Económica en excedencia.
Conocido por ser un buen conversador, Caballero se enorgullece de su trabajo en Vigo, especialmente durante las festividades navideñas, donde ha dejado una gran huella con la impresionante iluminación de las calles, reconocida incluso internacionalmente. Con su característico gracejo gallego, ha desafiado a otros alcaldes de España, asegurando que nunca le superarán. A pesar de las discusiones, su sentido del humor y su capacidad para manejar las provocaciones son bien conocidos.
Estoy convencido de que, si Orson Welles estuviera vivo hoy, no se negaría a dirigir otra película parecido a su obra “El magnífico Ambersons”; (The Magnificent Ambersons, de 1942). Como nosotros, lo traducimos todo a nuestra manera, aún se le conoce como “El cuarto mandamiento”, que es un horror. Según confesión propia, se eliminaron 45 minutos al núcleo de la película. Dejamos esto porque es irremediable ya.
Denuncia por exceso de ruido
El 5 de junio de 2024, se redujo el exceso de ruido producido por un espectáculo en vivo. Fue al alcalde, Abel Caballero, porque en 2022 superó los niveles acústicos permitidos por las ordenanzas municipales. Los hechos son concisos y claros. La vecina que denunció vivía en la céntrica calle Arenal. Solicitó una indemnización de 1.640 euros por los daños causados durante los dos meses de fiestas interrumpidas, que es lo costaba arrendar otra vivienda con las mismas características. Vivía con dos hijos de 1 y 3 años de edad. ¿Afectará este asunto a la salud de las personas y a sus derechos inviolables?
El Tribunal Superior de Galicia aceptó el recurso presentado tras la denuncia, con racanería, puesto que solo estableció una indemnización de 600 euros. Sin embargo, este fallo aún no es definitivo, ya que puede ser apelado.
Es interesante considerar las razones y argumentos del ayuntamiento, que añade en su descargo: 1. Qué constituye un atractivo turístico en las fiestas; 2. Que es una tradición profundamente arraigada, que ha expandido el derecho a su celebración; 3. La iluminación y los eventos recreativos benefician no solo a los residentes de Vigo, sino también a nivel autonómico y nacional.
El Tribunal ha ordenado que se tomen las medidas necesarias para evitar la repetición de esta conducta.
Nos preguntamos cuándo veremos si se toma alguna medida al respecto, ya que no queda mucho tiempo para las Navidades del año en curso.
Resulta sorprendente que el Ayuntamiento considere el interés turístico por encima del derecho a la salud de las personas afectadas por ruidos molestos que impiden la calidad de vida de los propios vecinos.
Además, cabe preguntarse en qué se materializa este interés turístico: en las considerables cantidades de dinero que el ayuntamiento recibe de quienes visitan Vigo para disfrutar de las festividades, y todo lo que conlleva en términos de calidad de vida material, aunque se enfatice especialmente festividades navideñas. Esto representa una tradición importante.
¿Quién ejercerá el control al que impone las normas?
Este interés va más allá de la ciudad de Vigo. ¿Y qué hay del ámbito nacional, o quizás más? Esto resulta ser un argumento inaceptable. Sin embargo, es bastante sencillo resolver esta cuestión. Si reducimos un poco los decibelios, beneficiamos la salud auditiva Y si lo hacemos con la luz, mejoramos la salud ocular
Esto no significa que dejemos de disfrutar de la música y la luz. Simplemente, nos estamos acostumbrando a elevar los niveles acústicos y visuales al máximo, lo cual puede ser perjudicial. Algo similar ocurre en nuestra vida cotidiana. ¿Por qué debemos aumentar el nivel de luz electrónica?
Esto solo indica que a menudo hablamos en voz alta, sin importarnos pensar y respetar a los demás. No somos islas; vivimos en sociedad con otros ciudadanos. Molestarlos menos con nuestro ruido, ¿es tan difícil? Reducir un poco el volumen en la televisión y los equipos de música no dañan a nadie, y seguimos escuchando perfectamente. ¿Por qué tengo que saber lo que escucha y ve mi vecino? No me interesa.
¿Quién ejercerá el control al que impone las normas? Es una situación muy grave y completamente vergonzosa. El ayuntamiento es quien las establece y, sin embargo, se permite incumplirlas hasta el punto de tener que aceptar una denuncia contra sí mismo. Esto, señor, es inadmisible. Es un ejemplo nefasto para los vecinos y quienes llenan tiempo aplaudiendo tales espectáculos. @mundiario