El buen humor, sensatez y personalidad arrolladora del compositor austríaco Joseph Haydn

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Joshep Haydn. / socialhizo.com
La vida del músico del clasicismo vienés ha sido la gran contribución al arte de la música, tanto en sus años al servicio de los príncipes Esterházy en el S.XVIII, como en su etapa de músico independiente en Londres y en Viena.
El buen humor, sensatez y personalidad arrolladora del compositor austríaco Joseph Haydn

Franz Joseph Haydn nació el 31 de marzo de 1732 en Rohrau, Austria. Se trata de uno de los compositores más relevantes de la historia, de los primeros compositores del clasicismo. Se le considera el padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerda. Compuso decenas de cuartetos y más de un centenar de sinfonías, pero su catálogo va mucho más allá, con conciertos, oratorios y óperas entre otros géneros. Fue un compositor cosmopolita, se veía forzado a innovar en las formas y realizó importantes viajes por Europa, entre los que destaca su estancia en Londres. También tuvo una buena relación con Mozart, con quien intercambiaba ideas y tuvo bajo su protección.

Originalidad, riqueza de ideas, sentimiento íntimo, una fantasía sabiamente regulada mediante el estudio profundo de su arte, flexibilidad en la conducción de un pensamiento nunca simple, maestría en la combinación de luces y sombras, un fluir leve y libertad de movimiento, son las características que se revelan en las obras de Haydn, tanto en las tempranas como en las de su madurez.

Su vida tranquila y apacible, para nada espectacular, corresponde a la de un músico típico del siglo XVIII, de ninguna manera semejante al modo de vida de los excéntricos y voluntariosos Mozart o Beethoven y hasta se podría decir que fue feliz, si no fuera porque sobrellevó un infortunado matrimonio con una mujer agria y difícil, Maria Anna Keller quien mostrará un carácter avinagrado y celoso. No le dará hijos.

Una característica que apuntan los musicólogos es la mezcla feliz entre seriedad y fino humorismo presente en sus composiciones. Tiene que ver con los requerimientos del ambiente para el que componía, que no deseaba tristezas en su vida de lujo y placer, pero también es un reflejo de su personalidad equilibrada y afable. Esta combinación se manifiesta en su música instrumental y, sobre todo, en sus óperas, quien vea el listado completo advertirá que la mayor parte son denominadas "dramma gioccoso". En las sinfonías se vale del ritmo para provocar efectos, sus allegros y allegros con motto son de gran intensidad rítmica e imparten una sensación especial de energía y en algunas remplaza la parte obligada de minuetto por un scherzo.

Su aporte al desarrollo de la música instrumental, especialmente la forma sonata, la sinfonía y creación del cuarteto de cuerdas, hace resaltar su buen humor, expresado en su música y en la vida cotidiana.

En su Sinfonía número 94, llamada La sorpresa ó La del toque de timbal, estrenada en 1792 la fama se debe al golpe de timbal que rompe un hermoso pianísimo de la orquesta, golpe destinado a despertar a quienes se quedaban dormidos en sus conciertos, en palabras del propio compositor. Otra anécdota espectacular está en la sinfonía número 45, que pasaría a la historia conocida como la Sinfonía de Los Adioses. Esta sinfonía acaba con los músicos de la orquesta abandonando la interpretación uno a uno, tras interpretar un breve solo, levantándose y haciendo una reverencia al príncipe, de modo que el escenario se va quedando vacío. El mensaje no pasó desapercibido para el príncipe que captó la indirecta de que estaba alargando demasiado la temporada de conciertos. Al día siguiente todos los músicos regresaron a la ciudad y pudieron ver a sus familias.

El 31 de mayo de 1809 murió Haydn, apaciblemente, a la medianoche. Debido a la situación del país no pudo hacerse un gran sepelio, pero sí se consiguió realizar un funeral unos días después, en el que se interpretó el Requiem de Mozart. @mundiario



 



 

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