Las Médulas, el tesoro dorado de El Bierzo

Las médulas desde el mirador de Orellan. Nómadas ocasionales (4)
Las médulas desde el mirador de Orellan. / Nómadas ocasionales
Empezamos nuestro camino por la Senda de las Valiñas donde indica que es la senda corta y hay sólo 1,3 Km hasta La Cuevona.  
Las Médulas, el tesoro dorado de El Bierzo

Una vez que hemos dejado el coche, atravesamos todo el pueblo de Las Médulas y en pocos minutos empezamos a caminar por una ruta que nos ha hecho disfrutar como nunca.

Empezamos nuestro camino por la Senda de las Valiñas donde indica que es la senda corta y hay sólo 1,3 Km hasta La Cuevona. Vemos como se asoman, entre la vegetación del lugar, los montículos arenosos que caracterizan este rincón de El Bierzo.

Tras apenas quince minutos caminando por senderos en buen estado llegamos a una gran oquedad de enormes proporciones practicada por los romanos para la búsqueda de oro. Nuestros pasos continúan en dirección al Mirador de Orellán que indica que está a 1,8 km.

Para llegar a dicho mirador tenemos que emprender una pequeña subida pero antes hacemos una parada en la Fuente de la Tía Viviana. Desde este punto comenzamos a subir durante una media hora a ritmo tranquilo para llegar al citado mirador donde las vistas son espectaculares. Acto seguido, bajamos a la Galería de Orellán.

Las médulas desde el mirador de Orellan. Nómadas ocasionales
Las médulas desde el mirador de Orellan. / Nómadas ocasionales
Las médulas desde el mirador de Orellan. Nómadas ocasionales (4)
Las médulas desde el mirador de Orellan. / Nómadas ocasionales 
Las médulas desde el mirador de Orellan. Nómadas ocasionales (3)
Las médulas desde el mirador de Orellan. / Nómadas ocasionales 
Las médulas desde el mirador de Orellan. Nómadas ocasionales (5)
Las médulas desde el mirador de Orellan. / Nómadas ocasionales
Las médulas desde el mirador de Orellan. Nómadas ocasionales (6)
Las médulas desde el mirador de Orellan. / Nómadas ocasionales 

Tras visitar las galerías, reanudamos la marcha por la llamada Senda Perimetral y unos pocos metros más adelante, cogemos un cortafuegos hasta alcanzar el Pico Reirigo. Disfrutamos de las vistas y continuamos por la senda del mismo nombre, la Senda Reirigo, entre escobas y encinas para llegar a las Cuevas de Reirigo.

El sol comienza su descenso y debemos apretar el paso. Bajamos unas escaleras de madera para regresar a la Senda Perimetral que nos llevará al Mirador de las Perdices para disfrutar de una panorámica del pueblo bajo estas curiosas formaciones.

Con el sol lamiendo el horizonte y la luz en penumbra, llegamos al pueblo para visitar la Laguna Larga y el Lago Somido. Disfrutamos de la paz del anochecer para llegar completamente a oscuras al lugar donde aparcamos nuestro coche. Ha sido un día increíble. @mundiario 

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