Caolín, la playa de porcelana

Caolín, la playa de porcelana.
Caolín, la playa de porcelana. / Antonio Lage-Seara
Naturaleza, arqueología y patrimonio industrial que va camino de convertirse en una Playa de las Catedrales o u Fuciño do Porco.
Caolín, la playa de porcelana

Hay una playa que está siendo objeto de miradas tanto a través del ojo, como la cámara o las pantallas. Es la Playa de O Castro, en O Vicedo. Aunque solamente los mayores del lugar la mencionan como tal, quedando bautizada popular y oficialmente, con el nombre del mineral depositado en ella, Caolín. La palabra proviene de una montaña china Kao-Ling shan, ubicada en el pueblo de Jingdezhen en la provincia de Jiangxi, capital de la  porcelana, producto hecho con este silicato. Y es que el caolín antaño era cargado y lavado aquí o en la playa de Arealonga, para la famosa la Cartuja de Sevilla entre otras. En las canteras de la zona abunda el material, se decía que de los mejores de Europa junto a otro sitio de Alemania. Tiene usos múltiple como pasta de papel, pintura, cosmética, cerámica...

Esta cala es tan alhaja, que está escondida como los buenos tesoros piratas. Para llegar a ella, transitamos por senderos salvajes, caminos peatonales cubiertos de vegetación que nos conducen a esta esquina blanquecina de 120 metros de largo. Una estampa tropical de agua cristalina y turquesa, arena alba, nívea, que nos deslumbra; al horizonte un abrigo verde, inunda, invade y cobija el arenal.

El conjunto bien podría ser un circuito o un parque protegido, pues se da en menos de un radio de kilómetro: patrimonio industrial (3 fábricas antiguas), histórico (castro costero), marítimo (faro) o natural (playa y bosque autóctono). Un ecosistema penetrante e interesante.

Fábricas de Salazón

La industria de transformación de productos del mar se refleja aquí en dos etapas. La primera del salazón del XIX, con la fábrica de piedra a pie de playa y la segunda de la conserva del XX, ubicada en la entrada.

La de Salazón concreto estuvo activa desde el XIX hasta principios del XX. Proceso legado desde tiempos romanos, no muy lejos al otro lado del mar en Bares tenemos un caso. Estas fábricas volvieron a resurgir en Galicia entrono al XVIII. En ella desarrollaron trabajos principalmente mujeres. Poseían una arquitectura muy específica, sus partes eran la chanca, el claro y el muerto. Esta edificación es de unos 900m2, en forma de “u”, estilo villae, formando un patio, en el que vemos las cubas o pías de piedra de salar. En el entorno existen depósitos o pozos de agua, una fuente con una cruz grabada o un lavadero en la misma playa. La información más reciente nos indica que perteneció al banquero Domingo Franco, después a su hijo, el abogado y alcalde de Viveiro, Don Jesús Franco Fdez, de ellos lo heredaron unas familiares y posteriormente pasó a manos a un empresario turístico. Tras la decadencia de este ingenio, se convirtió en las ruinas que hoy vemos, con aspecto de fortaleza marítima. Nuevas técnicas abrieron paso a otra forma de conservar el pescado, lata inventada por Peter Durand con la patente 3372 en 1810, se hizo muy popular y próspera en el período de entreguerras.

Caolín, la playa de porcelana. / Antonio Lage-Seara
Caolín, la playa de porcelana. / Antonio Lage-Seara

Conservas el Cisne

Arriba en la carretera justo por donde se accede a la playa, tenemos a Conservas el Cisne, hoy es un patito feo. Una nave totalmente deshecha, que en su interior almacena envases oxidados, palets y etiquetas, todos revueltos fruto del abandono. Ocupa un terreno de 3611m2 y con 2894m2 construidos. El Cisne fue fundado por Francisco Javier Piñeiro Seoane, quien aprovechó un sector conocido, ligado a la riqueza de la zona y el en que los vecinos tenían experiencia laboral. La re-conversión naval de Ferrol llevó a este empresario a coger una subvención y ampliar, montando otra fábrica en San Sadurniño en 1986, lo que será su ruina. El proyecto se ve truncado por una sentencia de delito medioambiental, donde los condenan a pagar 2,5 millones de euros por la muerte de 58.000 truchas del Río Xubia. Con semejantes deudas quiebran en 1991. Pasa a manos de un acreedor de Cádiz, José Manuel Pascual Ortega que fallecerá en 1993, dejando también un cacao hereditario, pasando la llave a la fábrica en 1995. Muchos de sus empleados continuarán trabajando en el Grupo Cerdeimar de Camariñas. O Vicedo, quedaba nuevamente huérfano o desolado en la transformación de productos del mar.

Cedonosa

Un camino de tierra nos conduce a Cedonosa, se esconce entre medio de un bosque, comida por la maleza, cual Machu Pichu o Ankor Wat, donde el crecimiento de la selva oculta la pegada humana. Nadie se imagina que en un pinar de una hectárea y media, broten naves abandonadas al son de los acantilados. Casi 3000 m² de edificaciones salpicadas en varias fases, hornos, oficinas, salas de acopio. Puedes ir dando un paseo por ellas y apreciar su encanto, como si se tratara de una pintura romántica, emerge un sitio asilvestrado y olvidado, tomado por lo vegetal, donde se aprecia también arte grafitero. Es una ensalada agridulce brutal, combina, lo urbano e industrial con lo rústico y la naturaleza.

Caolín, la playa de porcelana. / Antonio Lage-Seara
Caolín, la playa de porcelana. / Antonio Lage-Seara

 

La fábrica fue construida entorno a los años 60 por “Cerámicas Domínguez del Noroeste S.A”. Su promotor es un personaje interesante, Eloy Domínguez Veiga nació en 1881 en A Guarda, en una familia de tradición empresarial. Como otros paisanos gallegos decide emigrar a Santo Domingo y un par de años después regresa, asentándose en 1912 en Valencia. Hacia los años 30, tiene un imperio del azulejo, tejas y ladrillos, cuenta con 6 fábricas en la ciudad del Turia. Pero durante la guerra la zona está tomada por el ejército republicano y él se encuentra en Galicia, lo que congela la producción. Terminada la contienda se asocia con Ramón Diéguez Carlés, de “Cerámica Celta” y montan CEDONOSA en Catoria, fabricando productos de porcelana. Morirá poco antes de montar esta fábrica de O Vicedo. Es con toda probabilidad su hijo Manuel Domínguez quien lleve a cabo la construcción de este complejo, complejo mencionado por Brennecke en 1970. Aquí existían previamente, depósitos o canteras ya explotadas en O Cadaval, o en Monte Ventouso, Vilasuso. En estas instalaciones se realizarán, tuberías, mosaicos, refractarios, gres en general… Gozará de un éxito considerable por el crecimiento económico de España para definitivamente clausurar en los 90, a quien seguirá Catoira en 2009.

Castro y Faro

Donde aparcan vehículos, vemos una pequeña casa blanca, tiene detrás de ella un muro de piedra gigante, con un grosor de metros, es la defensa de un castro. Se aprecia perfectamente el foso circundante de mismo. Este poblado ocupa sobre 15.000 metros bajo tierra, probablemente cerrados por un muro frontal y lateral de unos 200 metros de longitud, dejando el resto del poblado protegido por un litoral escarpado. Este castro costero tiene un homólogo enfrente del siglo IV A.C., también encima de una playa, la de Vilela. Lo que indica su vinculación con el mundo del mar. Ambos yacimientos simulan auténticos fortines, como si custodiaran la entrada de la Ría del Sor, a modo de San Felipe y La Palma en Ferrol. Da nombre a la punta y a la playa, estando catalogado con la referencia de patrimonio GA27064002. Sus propietarios anteriores fueron los Carreja Sampedro, una familia dispersa por América. Hoy pertenece a un empresario de la madera.

El emplazamiento, podría ser adquirido a un precio sensato, debido a sus muchas afecciones, permitiendo estudiarlo mediante catas o reconstruirlo, estilo Baroña, Neixó, Fazouro o Espasante. La puesta en valor de un sitio de tanta belleza, ensalzaría el enclave como uno de los mejores de Galicia. La zona se conoce como Vicedo Vello, recordándolo como el primigenio lugar ocupado.

En cuanto al faro consta de una caseta de piedra a cuatro aguas, en un alto, como si fuera una antigua atalaya de la Armada. Se le suma una torre circular, independiente, de 9 metros de altura, que se edificó en el segundo tercio del siglo XX. Esta es de marca troncocónica blanca, del Grupo de 2 destellos blancos cada 7 segundos, con la numeración Nacional l 03070 y la Internacional D-1685. Fue reparado en el período 1994/96. Al otro extremo de la ría tiene una lámpara gemela, pero sin caseta de vigía, conocido como Faro Punta do Santo.

Bosque de Loureiros, Costa y Cuevas

El área está considerada Red Natura 2000, protegida por su importancia natural.

Coronada, como los emperadores y dioses romanos, por un bosque de laureles en su parte alta. Crecen por la falda del Monte de Atalaia, que a su ascenso cuenta con unas bolas gigantes de piedra, desconocidas y perdidas en la frondosidad, al estilo de las de Costa Rica o las de la playa Koekohe de Nueva Zelanda.

Gusta rutear alrededor de su costa verdiazul, donde hay numerosos caminos abiertos por senderistas, pescadores, ciclistas o animales. Debajo de esos acantilados de caliza, el mar construye cuevas ocultas, con algas de colores vivos, ostras, lapas, mejillones, o bancos de peces que observamos tras lo translúcido de su agua.

Es un paraje endémico, donde emerge un edén. La fuerza natural recupera su sitio después de ser tomado por la mano humana. Lugar para meditar, sentado en una roca sin perturbar, solitario y silencioso, mientras se toma el sol y el fresco, escuchando el sonido del mar o de un ave. Acompañado de un baño para limpiar cuerpo y mente. ¡Caolín, deja cao, un rincón atractivo y adictivo para salvaguardar! @mundiario

Caolín, la playa de porcelana
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